¿Requiere ética la realidad? ¿Requieren nuestros tiempos un reordenamiento? Mirar el mundo a través de  la pobreza deviene múltiples preguntas. Juzgar el avance de la humanidad en las últimas décadas, gracias a las bonanzas aportadas por el conocimiento, plantea muchas cuestiones.

Justicia, distribución de bienes, esperanza de vida, mortandad infantil, desnutrición, acceso a medicamentos, agua potable disponible y habitación son temas humanos. El conocimiento se ha ocupado de todos ellos. Su acceso y distribución es pésimo. Debido a esos descalabros, la polarización de la humanidad aumenta sin cesar. Vanagloriar los avances científicos y técnicos sin reparar en los otros es erróneo. Rendirse ante el conocimiento sin detenerse a pensar en que beneficia a unos mientras empobrece a otros significa alejarse de la realidad.

Los modelos políticos, religiosos y económicos, juzgados desde el prisma de  la pobreza han fracasado. La realidad requiere ética, ética laica. Si se contagia la ética, los frutos del conocimiento quizás consigan distribuirse mejor.

Zurcir la realidad es indispensable. La ética puede emendar algunos descalabros de la realidad.

 

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