Una de las apuestas, sotto voce, y no sotto voce, de quienes ostentan el Poder, radica en modificar al ser humano. No en lo físico —no pueden—, sí en su servilismo y en su forma de relacionarse -siempre lo han hecho. Suplir al Homo sapiens, “hombre que sabe”,y bregar cada vez más por el Homo faber, “hombre que hace o fabrica”, es la meta. La técnica como credo ordena; ordena y desprecia los valores humanos ancestrales. Abrevar de la técnica y socavar “lo humano de lo humano” es el objetivo. El individualismo como finalidad en lugar de la colectividad como marco de vida, de contacto, de relación entre un ser humano y su par es lo que pretenden, y siempre han pretendido, los dueños del Poder.

homo

Las personas somos sujetos de cambio. Y somos falibles. Y somos maleables. Y somos víctimas. Pero también podemos, al menos quienes tenemos el don de la Voz y la supervivencia cotidiana resuelta, no ser ni falibles, ni maleables, ni víctimas. Los primeros, o no quieren, o carecen de recursos para escapar de las redes del Poder; son presas de reglas externas y asumen, sin cuestionar y/o con gusto, los dictados de las técnicas y de la aparatología. Son Homo faber. Los segundos cuentan con elementos para responder y decir no cuando sea menester hacerlo, y asentir cuando la situación lo amerite; son contestatarios y se nutren de valores humanos, éticos, literarios, musicales. Son Homo sacer.

Como crítico de su modernidad, de sus tiempos, Nietzsche arremete contra la falta de serenidad y la pérdida de reflexión de sus congéneres. El autor de La genealogía de la moral, incomodo por el devenir humano, cuestiona el automatismo de las personas y la explotación. Desde la muerte de Nietzsche, en 1900, el automatismo ha adquirido otras caras, todas negativas, además de ser parcialmente responsable del individualismo moderno. El ser humano ha perdido. La técnica ha triunfado.

La técnica beneficia y somete. Vivir más de ochenta años, como suele suceder en Occidente, es sólo una muestra de la inmensidad de la técnica. Vivir sometido a los dictados y a las necesidades de la aparatología es una muestra del sometimiento a las órdenes de la técnica. Quienes fabrican y venden tecnología, desde las resonancias magnéticas hasta los teléfonos celulares y sus mil aplicaciones, conocen el know how para granjearse seguidores. Seguidores transformados en compradores que usan y no cuestionan si todo lo que se produce sirve y si todo lo que sirve debe utilizarse. Ese grupo es blanco óptimo de las tecnologías. Los amos de la técnica conocen los medios para conquistar a las personas y usufructuar su maleabilidad.

Televisión, Facebook, celulares recién comprados que envejecen tras cruzar la puerta de la tienda, y estar “a la moda” en todas las ofertas técnicas, necesarias e innecesarias, son algunos de los medios encargados de dilapidar una de las grandes riquezas del ser humano, esto es, su individualidad. Evgeny Morozov, autor de El desegaño de Internet, nos alerta. Dos ideas: “Si no estás en Facebook, la NSA probablemente sospeche de ti —NSA: Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos”; y, “Facebook no es gratis. Lo pagas con tu identidad”.

Al imponer sus reglas la tecnología sepulta principios humanos. La forma de pensar el mundo, de acercarse y mirar al otro, de valorar la Tierra como casa cambia cuando priva la técnica. Y cuando la técnica es quien dicta, el Homo sapiens se achica y el Homo faber, tras someterse a las ordenes de la tecnocracia, es, aunque ni siquiera se entere de cómo y cuándo ha dejado de ser, quien habla, quien ordena, quien dicta. El ser humano ha perdido su individualidad. La técnica ha triunfado.

 

Compartir