Los términos, ética y moral suelen usarse indistintamente. Como lo explico, su etimología, sus orígenes, referencias y cuestiones académicas o las vinculadas con la fe difieren. Llamo también la atención a los frecuentes embrollos que confrontan los diccionarios al definir términos. De hecho, muchas entradas del Diccionario de la Lengua Española son inadecuadas. Aunque soy devoto de la máxima inglesa, Less is more, menos es más, acomodar en pocas palabras ideas amplias es complejo. Algunas definiciones no explican lo que deberían explicar. Ética es una de ellas.

Ética: “1. Recto, conforme a lo moral. 2. Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. 3. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana”. Las definiciones de ética incluyen siempre la palabra moral. Entenderla exige leer los conceptos sobre moral: “1. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia. 2. Que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia. 3. Que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno o al respeto humano”. La definición de ética se sustenta en el concepto de moral, pero, ésta última, no menciona el concepto de ética. En el caso de ética y moral, al cruzar información, el resultado es insatisfactorio.

Propongo precisar, intento aclarar: moral se refiere a costumbres, individuales o sociales; su meta consiste en influir y regular actitudes de la persona y de la comunidad. La moral, al igual que las personas, cambia de acuerdo al tiempo, aunque nunca lo suficiente. La homosexualidad es un ejemplo: mientras que en la Grecia antigua no se tachaba de amoral, en la actualidad, en algunos países se acepta el matrimonio gay, mientras que en otros, los homosexuales son perseguidos e incluso condenados a muerte.

Segunda precisión. La etimología ofrece datos indispensables. Moral proviene del latín, moralis, y, ésta de mos, moris, que significa, “manera de vivir, referente a las costumbres”. En síntesis, moral es el conjunto de principios y valores que rigen los actos de una sociedad. Ética proviene del griego ethos, “manera de hacer las cosas, costumbre, hábitat”.  Considerando que los romanos admiraban a los griegos, es posible que hayan buscado la palabra mor (latín) para encontrar un símil al ethos (griego). De ahí la imbricación en el lenguaje entre ética y moral y las posibles confusiones.

Tercera precisión. A diferencia de la moral, la ética basa sus afirmaciones en cuestiones académicas y en tratados ad hoc. La ética es la rama de la filosofía que estudia y cuestiona los preceptos morales; para lograrlo se basa en tratados académicos. En cambio, la moral se transmite de “boca a boca”, de padres a hijos y de credos religiosos a feligreses. Los estudiosos de la ética deliberan, preguntan, dudan, proponen nuevos paradigmas; confrontar es parte de su esencia. La moral cuestiona poco. Las personas morales (supuestamente) cumplen y siguen costumbres familiares, sociales, religiosas. La ética implica movimiento, la moral asume dictados. La ética cuestiona ciertos conceptos morales.

Las disquisiciones previas resaltan algunas dificultades del lenguaje.  He intentado explicar algunas diferencias entre ética y moral como pretexto para subrayar la necesidad de la ética. Estudiar algunos acontecimientos propios de nuestro tiempo —aborto, eutanasia, enfermedades de la pobreza—, de la sociedad —epidemias, refugiados, racismo—, del mundo —guerras, fanatismo—, y del planeta —contaminación, cambio climático, desertificación— es meta y razón de la ética. Tras mis intentos por precisar regreso al título, Ética: hacia una redefinición. Comparto algunas ideas.

La ética es la ciencia que se ocupa del mal menor. Ciertas actividades, al beneficiar a algunos, perjudican a otros: si dos pacientes al mismo tiempo requieren un trasplante de riñón sólo uno puede recibirlo. Determinadas conductas mejoran a unos y dañan a otros; desviar el cauce de un río es buen ejemplo: quienes reciben agua lo hacen a costa de otros. Ciertas decisiones como apoyar a un hijo y mandarlo a la escuela en detrimento del hermano al cual se le exige trabajar, favorecen al primero.

Algunos silencios protegen a un individuo y perjudican a otro: no encarcelar por temor a las acciones de violadores protege al culpable y al dador de justicia y afectan a la víctima. Sobran ejemplos.

La ética, disciplina inexacta  —uno más uno no suele ser dos—, agota pronto el papel. Su inexactitud la aleja de dogmas. Individualizar cada problema y a cada persona es complejo. Ética suma conocimiento y arte, exige saber quién es quién, por qué es porqué, cuándo es hoy y cuándo se debe aguardar. Redefino: La ética es la ciencia que se ocupa del mal menor y del bien mayor.

 

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