Hace unas semanas utilicé este espacio para hablar sobre Hans Kung y su visión, en pocas palabras, sobre el binomio conformado por ética y justicia. El tema es inagotable: En el siglo XXI priva la injusticia, no la justicia. Año tras año la injusticia se incrementa; cada año, los problemas asociados a la falta de equidad —violación de los derechos humanos, desigualdad, pobreza—, crecen sin coto.

justicia

Pregunta central para la ética contemporánea y para nuestro siglo es, ¿por qué en vez de prevalecer la justicia, prevalece la injusticia? Esa cuestión me remite al prólogo del libro de Emmanuel Lévinas, Ética e infinito (Editorial Visor, Madrid, 1991), escrito por Jesús María Ayuso Díez: “…la pregunta primera que el hombre ha de formularse no es la leibniziana que Heidegger gustaba recordar: ¿Por qué hay algo y no más bien nada?, sino estas otras: ¿Por qué existe el mal?, ¿cómo hacer para que lo que es estalle en Bien?”, a lo que, con respeto, agrego: ¿qué hacer para que la justicia predomine sobre la injusticia?

En diciembre de 2015, investigadores de Estados Unidos, Canadá y Senegal publicaron un estudio en la prestigiada revista Nature sobre el sentido de la justicia en el ser humano. La investigación, The ontogeny of fairness in seven societies (La ontogenia de la justicia en siete sociedades), se efectuó en 1732 niños en siete países con poblaciones diversas pertenecientes a distintos cultos religiosos. El hecho de que el estudio sea multicultural sustenta las conclusiones del trabajo. De acuerdo a los científicos, el sentido de justicia se desarrolla espontáneamente en todas las sociedades analizadas en los niños de cuatro años. En esa población, mediante una serie de experimentos, se demostró que los niños pequeños no están dispuestos a tolerar ningún tipo de abusos. Los investigadores consideraron que esta característica la determina la propia naturaleza humana. En los niños mayores de ocho años, el sentido de justicia, o de injusticia, está definido, principalmente, por cuestiones culturales.

La siguiente cuestión es fundamental: ¿cómo  aprovechar y hacer florecer cualidades innatas a nuestra especie como empatía o justicia en vez de indiferencia o injusticia? Justicia es uno de los seis principios básicos de la ética médica, disciplina fundamental en el ámbito de la bioética. Sin justicia la ética es materia incompleta. El mundo enfermo, nuestro México resquebrajado, refleja lo que sucede cuando domina la injusticia. Desde Platón, la justicia, al lado de prudencia, fortaleza y moderación (o templanza) es considerada una de las cuatro virtudes cardinales. Se estima que es la más importante de las virtudes sociales.

“Justicia”, explica André Comte-Sponville, “es una de las cuatro virtudes cardinales: la que respeta la igualdad y la legalidad, los derechos (de los individuos) y el derecho (de la Ciudad). Eso supone que la ley sea la misma para todos, que el Derecho respete los derechos y, finalmente, que la justicia (en su sentido jurídico) sea justa (en sentido moral)”. La falta de justicia es directamente proporcional a males como corrupción, impunidad, ilegalidad, y ausencia de derechos humanos.

¿Qué hacer? No hay libro dedicado a la filosofía, a la ética o a la bioética que no dedique unas páginas a la justicia. En Principles of Biomedical Ethics (Oxford University Press, Sixth Edition, 2009), Beauchamp y Childress, al hablar de justicia, sugieren que los términos fairness (imparcialidad, equidad, justicia), desert (merecimiento –de castigo o premio-, mérito, valor) y entitlement (tener derecho) son algunas de las ideas utilizadas por diversos filósofos en un intento para explicar los significados de justicia. La suma y la interacción del valor de los términos enunciados es lo que requiere, con urgencia, el mundo. Sólo desde la ética pueden fortalecerse y contagiarse esos valores. El reto es explotar en los pequeños, su naturaleza y así permitir que florezca la justicia.

 

 

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