Reto interesante e inmenso, tanto para el enfermo como para el médico, es dilucidar si quien acude al consultorio con un listado de quejas tiene, o no, patologías físicas o anímicas. No me refiero a la persona hipocondriaca que visita a uno o varios doctores a la vez en busca de ayuda, muchas veces desesperada, hasta que algún médico decente y atinado la convence de que no tiene ninguna enfermedad, o bien, hasta que el enfermo muere y como despedida, de amigos y galenos, escribe en su epitafio,  “¿No que no cabrones?”.

enfermedad

La no enfermedad, física o mental, puede ser un problema serio. Sobresalen dos razones. Primera. Si el afectado se topa con médicos poco preparados, ante las dudas, el galeno solicita muchos exámenes. Al abrir la puerta de la tecnología en busca de ayuda diagnóstica, es común, debido a  impreparación, pedir otras pruebas que aclaren las preguntas emanadas de la primera tanda. El cúmulo creciente de pruebas exige opiniones de otros profesionales. A partir de ese momento se multiplican los problemas para el enfermo. Lo esquematizo. Pensemos en una cascada:

Entre más exámenes solicitados, más hallazgos no buscados o inesperados; entre más anomalías no explicables más pruebas; entre más ineptitud para interpretar alteraciones radiológicas o de laboratorio más opiniones solicitadas, y, entre más médicos implicados, más medicamentos, más gastos,  más daños potenciales por los exámenes —iatrogenia— y más diagnósticos, la mayoría, no relacionados con las molestias del enfermo. El paciente se convierte en víctima de impericia.

La segunda razón se da cuando el afectado es atendido por médicos indecentes. El poder autoritario de muchos galenos, que no tienen autoridad, es inmenso. Algunos pacientes, con frecuencia  inermes y temerosos,  “se entregan” al médico. Si el galeno quiere, a toda costa encontrar un diagnóstico y su conducta no se rige por principios éticos, la persona no enferma, enferma con facilidad, y, al igual que en el ejemplo previo, la deshonestidad del galeno lo convierte en víctima.

Los esquemas anteriores reflejan los caminos inadecuados por los cuales pueden transitar los pacienets. En ocasiones es más grave no tener una patología  (enfermedad sin enfermedad), que tenerla. De acuerdo a lo expuesto, existe una relación directamente proporcional entre diagnósticos inadecuados, iatrogenia y  la posibilidad para que la persona otrora sana, enferme.  En la actualidad, la magia de la medicina molecular y de la parafernalia técnica tienen la posibilidad de convertir las no enfermedades en patologías. Además, imposible soslayar errores de laboratorio, lecturas incorrectas,  sobre interpretaciones de exámenes radiológicos o de laboratorio, daños colaterales por los fármacos prescritos y la aparición de “incidentalomas”, es decir, hallazgos radiológicos inesperados –en otro blog escribiré sobre los “incidentalomas”.

La no enfermedad es un problema frecuente no sólo en la práctica médica. Todos somos recipiendarios de dolores o temores acerca de la salud de familiares y amigos, trama que se reproduce ad nauseam debido a la medicalización de la vida. Medicalizar la vida es propósito de las compañías farmacéuticas y de los medios de comunicación. Escuchar o leer noticias sobre medicamentos  y enfermedades, capta y enferma a personas predispuestas o ansiosas de tener enfermedades para atraer la atención de sus seres queridos.

¿Qué se puede hacer para acompañar al enfermo no enfermo? Escuchar y conversar es el mejor ejercicio -ejercicio  ético lo llamaré. Explicarle al paciente que es mejor aceptar y convivir con ciertas mermas en lugar de buscar a toda costa diagnósticos es adecuado ya que muchos exámenes no revelan lo que se busca, amén de ser costosos y en ocasiones incluso dañinos. Por último, compartir con el enfermo las vicisitudes posibles de incontables estudios y de diversas opiniones médicas, haciéndolos coparticipes de las decisiones, es necesario. El médico amigo empodera al enfermo.

La no enfermedad es un problema frecuente. Siempre ha existido. Ahora es más común. Se reproduce por la  lejanía entre los seres humanos, por el peso de la tecnología y debido a conductas inadecuadas, muchas veces por falta de conocimiento y otras por desapego humano y ético del galeno hacia el paciente.

 

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