Leo con estupor la siguiente noticia: “El Tribunal de Justicia de la Unión Europea avala la posibilidad de que un país prohíba la donación de sangre a los homosexuales por el hecho de serlo” (El País, 1 de mayo de 2015). Parecería que la nota se difundió o en la Edad Media, o poco después de 1981, fecha del primer informe científico sobre el sida. En 1981 se suponía que la mayoría de los casos de la infección provenían del contagio sexual entre homosexuales. Esa suposición es vetusta.

Los miembros del Tribunal avalan su histórico traspié debido a la posibilidad de que los hombres que hayan tenido relaciones sexuales con otros hombres, tienen un “alto riesgo” de contraer enfermedades infecciosas. Para no asumir toda la responsabilidad, el Tribunal deja en manos de la sanidad pública de los países miembros de la Unión la decisión final.

Si bien es cierto, de acuerdo al informe de ONUSIDA de 2013 que la incidencia de la infección por el VIH está disminuyendo en el mundo, también lo es que la incidencia de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y contraen el virus o desarrollan sida ha aumentando en algunos países. De hecho, en Asia, esa modalidad de transmisión es la causa principal de la epidemia de VIH. Lo anterior no justifica estigmatizar al colectivo gay como lo hace el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

La ciencia milita contra el Medioevo. Si bien existe el llamado “periodo de ventana”, tiempo que tarda en hacerse positiva una prueba de laboratorio después de la infección, el cual, en el caso del sida dura entre 14 y 21 días, son el médico y el donante los encargados de dialogar sobre conductas de riesgo previa donación. Las conductas de riesgo en los heterosexuales –usar drogas intravenosas, sexo con varias parejas, no usar condón- ni los denomina colectivo “de riesgo” ni los discrimina. Prohibir al colectivo homosexual donar sangre, discrimina, estigmatiza y carece de justificación ética y científica.

Ignoro quienes asesoran al Tribunal. La sentencia es anacrónica y vejatoria. El quid no es la condición sexual de la persona. El brete son las conductas de riesgo y la condición humana. Sobre las conductas de riesgo supongo que la brecha entre homosexuales y heterosexuales no debe ser muy grande. Sobre las conductas de la condición humana no tengo dudas: La violencia de género contra las mujeres, las mujeres en áreas de conflicto, las niñas violadas y las transexuales son víctimas de todo tipo de conductas anómalas. Un ejemplo científico. La violencia de género puede incrementar en mujeres las probabilidades de contraer la infección por el VIH en un 50%.

 

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