No hay quien sea partidario del aborto como método de control de la natalidad; no hay mujer que goce al abortar; no hay médico que lo considere un método anticonceptivo. Cuando la embarazada es menor de edad y ha sido violada en repetidas ocasiones, la única opción es abortar: salvar a la niña es obligación ética y moral. Dios no debe estar tranquilo al ver el sufrimiento de los niños y niñas en situación de la calle.

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Dos grupos se oponen al aborto  en cualquier circunstancia: los religiosos ultra religiosos y los políticos ultra conservadores, ultra interesados en quedar bien los sábados en el templo o los domingos en la iglesia (recuérdese la posición de Pio XII,  “el Papa de Hitler”). Sin que importen las circunstancias, los ultras-ultras siempre dicen no en nombre de Dios y en contra de la vida de quienes no piensan como ellos. Nada, ni la muerte, intimida a los ultra-ultra: malformaciones, enfermedad de la progenitora, violación o embarazo en menores de edad importa. Nada, ni la muerte, intimida a los ultra-ultra: ¿cuántos de ellos son pederastas o  violadores?

La moralidad del aborto (Siglo XXI, 2009) es un espléndido libro de Gustavo Ortiz Millán. “Muchos pensamos”, escribe Ortiz Millán, “que la ley que penaliza el aborto es ineficaz e inmoral porque: 1) los abortos se practican con o sin ley; 2) es una ley que tiene más consecuencias negativas que positivas, pues entre otras cosas orilla a las mujeres a arriesgar su salud y provoca la muerte de muchas de ellas en abortos clandestinos; 3) porque violenta los derechos a la privacidad, autonomía, dignidad e igualdad de las mujeres; y 4) porque no reduce el número de abortos ni tiene ningún efecto disuasorio”. Ortiz Millán tiene razón. Cuando la embarazada es una menor de edad violada por algún familiar, como sucede “con frecuencia” en nuestro continente, la hipocresía del nauseabundo binomio políticos/religiosos alcanza el clímax.

“El caso de una niña de 11 años violada enciende el debate sobre el aborto en Chile”, no es una noticia del medioevo, es una noticia actual. Chile, la república socialista,  comparte ideario con la Nicaragua de la dupla homicida conformada por los guerrilleros Daniel Ortega y Rosario Murillo, así como con El Salvador, Honduras, República Dominicana y, en mayor o menor medida con dieciocho estados de México. La noticia explica, “El 66% de las embarazadas por violación es menor de edad y el 11% tiene menos de 11 años. Es decir, son niñas”, y “…en un 90% de los casos son embarazadas por algún familiar o conocido”. La niña chilena tiene 11 años y 20 semanas de gestación. El violador, su padrastro, tiene 41 años.

Apena aceptarlo: los librepensadores perdemos incontables batallas éticas contra la satrapía conformada por políticos y religiosos inmorales. En Guanajuato hay varias campesinas encarceladas por abortar, quizás, la mayoría de las veces, involuntariamente. En México, tomando en cuenta la magnitud de sus actos desprovistos de ética, casi no hay políticos tras las rejas y no hay ningún clérigo encarcelado.

Apena aceptarlo: los librepensadores perdemos batallas éticas contra la satrapía conformada por políticos y religiosos inmorales. 

Adenda: Se invita a los interesados a las sesiones del Seminario de Bioética, en esta ocasión, en asociación con la UNAM. La entrada es gratuita.

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