Holanda legalizó la eutanasia en 2002. Bélgica, Luxemburgo y Canadá también han procedido en el mismo sentido. Colombia, se dice, sólo se ha publicitado un caso, también la legalizó en 2016. Entre 2002 y 2016 median 14 años. Muchos años, pocos países, reflejan la complejidad de la situación. En varias naciones se habla del tema; en los próximos años, no lo dudo, seremos testigos del derecho a la muerte digna en países europeos. Seguir el ejemplo colombiano en Latinoamérica tomará tiempo.

eutanasia

En octubre 2016, miembros de los ministerios de Sanidad y Justicia en Holanda someterán al Parlamento una propuesta para regular la ayuda a morir a personas mayores cansadas de vivir, sin enfermedades terminales ni sufrimientos insoportables, ambos, requisitos indispensables contemplados en la Ley de Eutanasia (2002). Esta iniciativa abre el abanico de la eutanasia. Dilucidar las razones a favor o en contra de la iniciativa en el Parlamento, y, en la opinión pública, reforzará, o no, el telar del abanico sobre la eutanasia.

Razón fundamental de la propuesta es evitar que las personas se quiten la vida por su cuenta; resalto el valor de la idea: el dolor implícito del acto, el temor, la soledad y la alta tasa de fracasos cuando el acto no finaliza en la muerte, serían sorteados en caso de que se aprobase el proyecto. Es mejor y coherente ayudar a morir con fármacos que recoger cadáveres en el metro o en las aceras.

“No hay salida para los que ya no desean vivir porque estiman completo su ciclo. Han perdido a sus seres queridos y a sus amigos, y caen en la apatía y el cansancio vitales. El Gobierno piensa que su búsqueda de ayuda para acabar con todo es legítima”, señala la propuesta. Agrego: la tasa de suicidios en viejos, sobre todo en países europeos, es “alta”.

Los holandeses emulan, con seriedad, el estudio de la iniciativa tal y como lo hicieron con la eutanasia: piensan crear una especialidad que combine destrezas médicas, psicológicas y de enfermería, y, a la vez, aseguran que antes de aprobar la petición, el encargado de proveer el fármaco deberá sostener varias conversaciones con el solicitante, amén de buscar una segunda opinión. Las pláticas en el Parlamento serán arduas: la eutanasia sigue considerándose último recurso, no un derecho de la población.

En los próximos meses atestiguaremos debates complejos y ríspidos. No se trata de “estar a favor o en contra” de la eutanasia. El meollo del asunto es discutir las fronteras de la vida, los límites de la autonomía y los significados de la dignidad. El brete es interesante e inmenso: ¿qué hacer con personas mayores sin enfermedades que han perdido el interés en la vida?; ¿acompañarlos y apoyarlos?; ¿denegar su petición?, ¿orillarlos a suicidarse?

Cada ser es único. Individualizar es un arte complejo. Responder a las preguntas previas exige entrar en la persona, saber quién es quién. Si se parte de la premisa que cada ser es único, la respuesta afirmativa o negativa a la nueva propuesta holandesa exigirá conocer la geografía íntima de la persona. Faena inmensa, necesaria, compleja.

 

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