El progreso, mientras no se distribuya, y no sea incluyente, no es progreso. No en balde la sencilla definición del Diccionario de la Lengua Española: “Acción de ir hacia adelante”. Progresan quienes tienen la oportunidad de ir hacia delante, no lo hacen quienes carecen de los instrumentos necesarios: educación, casa, salud. Progresan quienes nacen en casas cuya economía permite pensar en el futuro. No van hacia delante quienes provienen de úteros con progenitores endeudados.

Regreso a una de mis obsesiones: desde la ética y la justicia, si los frutos del conocimiento, en este caso los del progreso, no se comparten, una tanto más equitativamente, merecen cuestionarse. Ya lo dijeron Paul Klee y Walter Benjamin, uno con tinta china y tiza, otro con palabras. Y lo dijeron hace mucho. Vuelvo A Klee, después de releer Tesis sobre la filosofía de la historia —Tesis IX—; Benjamin escribe, reta:

Hay un cuadro de Klee (1920) que se titula Ángelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que lo tiene paralizado. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El Ángel de la Historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Ese huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Es el huracán que nosotros llamamos progreso.

angelus-novus

Benjamin (1892-1940) invita. Aunque no todos los estudiosos concuerdan con la mirada pesimista de Benjamin, entresaco, con respeto —no soy ni crítico literario ni historiador del arte—, algunas ideas:

1. El ángel observa los sucesos del pasado. El horror del pasado pervive. Nadie, ni los muertos, le ayuda a sanear el presente.

2. El Paraíso es una figura obscura, dañina. De ese sitio proviene el huracán.

3. El huracán arrastra al ángel. Le impide ejercer su oficio. Sus alas ceden ante la fuerza del viento. “El huracán que nosotros llamamos progreso”, concluye Benjamin.

4. La impotencia del ángel, figura siempre benefactora, es vigente: el progreso es una ilusión.

5. Para el ángel de Benjamin y Klee el presente no es más que la suma de escombros del pasado.

Cuando Benjamin escribió su ensayo no avizoraba su futuro. Ignoraba que su inmensa producción intelectual no contribuía al progreso. Intentó vender la acuarela para huir a Estados Unidos de la barbarie nacionalsocialista. No encontró quién la comprase. En 1940, antes de partir a los Pirineos con el fin de escapar del nazismo, se la dejó a George Bataille quien a su vez la resguardó en la Biblioteca Nacional de París. La acuarela se encuentra en el Museo de Israel en Jerusalén.

Benjamin buscó huir. Emprendió una caminata hacia la libertad. Agotado, sin fuerza, se suicidó a los 48 años en Port Bou mientras escapa de los nazis y de la sordera mundial.

Si las ideas, como el inmenso legado del filósofo judeo-alemán, no contribuyen al progreso, ¿para qué sirven? El ser humano, explica la ética, tiene obligaciones hacia sus congéneres, con la Tierra, con los animales. Los frutos del progreso deben ser lo más incluyentes posible. Progreso conlleva obligaciones. En la era de los Trump, de los Maduro, de los Putin, de los Netanyahu, es necesario cavilar en progreso ético. Benjamin, al igual que Stefan Zweig, se suicidó cuando El mundo de ayer (título de la obra póstuma de Zweig), y su inmenso progreso, había sido liquidado. Trump ha empezado a liquidar el progreso, el progreso ético. 

 

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