Utopía: imagen indispensable en la juventud. Utopía: imagen imprescindible en un mundo dominado por distopías, es decir, por anti utopías. Sin utopías, con Trump, Erdogan, Netanyahu, nuestros Duartes y Putin, inter alia, la literatura requerirá demasiada realidad para existir, y la realidad, dosis inéditas de ficción para pervivir.

La frase, “Dios ha muerto”, se atribuye a Friedrich Nietzsche, aunque antes Hegel y Dostoievski habían meditado al respecto. En La gaya ciencia, el filósofo alemán escribe, “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado…”. Si las utopías han desaparecido y Dios(es) ha fallecido, mientras que los sátrapas se reproducen sin cesar, ¿qué sucederá con la condición humana?

utopia

Margaret Atwood, escritora canadiense, a sus 77 años continúa provocando. En una entrevista reciente (El País, 11 de septiembre de 2016), con motivo de la traducción de su libro Por último, el corazón, el reportero preguntó, “¿Son estos tiempos más de distopías que de utopías?”, a lo que Atwood respondió, “El siglo XX acabó con las utopías. Perdimos la fe en ellas. Hitler, Mao, Stalin, Pol Pot, Mussolini… Todos llegaron anunciando que iban a hacer las cosas mucho mejor, pero primero tenían que… Siempre hay un ‘primero tenemos que’, y suele implicar matar a mucha gente. Nunca llegas a la parte buena…”. Y si, nunca se llega: pensemos en Trump y en los miles de personas que fenecen ahogados.

El año pasado se cumplió el quinto siglo de la publicación de Utopía, de Tomás Moro, abogado filósofo, estadista y escritor. Literalmente utópico significa “lo que no está en ningún lugar”. Si bien sabemos que la idea de Tomás Moro, una sociedad que se supone perfecta en todos los sentidos, es imposible, también sabemos, o al menos deberíamos conjeturar al respecto, que en la actualidad es indispensable apostarle a lo complicado y bregar por un mundo donde se cumplan las metas fundamentales de la ética, justicia y libertad.

Una dosis de utopía, aunque sea pequeña, es necesaria para sembrar esperanza y paliar un poco las enfermedades que recorren y asfixian el mundo. Menguar los sinsabores de nuestros tiempos es indispensable: ¿quién, en México, o en el extranjero suma las cualidades de Moro: abogado, filósofo, estadista, escritor? ¿Quién: …?

Si acaso Dios nació, Nietzsche diagnosticó su muerte. Lo mismo sucede con las utopías: a pesar de Moro, de Platón en la República, de Francis Bacon en la Nueva Atlántida y de  H. G. Wells en Una Utopía Moderna, el Poder contemporáneoha decretado su muerte. Si consideramos que las utopías son revolucionarias y que algunas revoluciones se preocupan por el bienestar del ser humano, las utopías valen en tanto provocan y estimulan y consigan influir en el devenir de la sociedad.

Nietzsche dice al hablar de Dios, “…Y nosotros lo hemos matado”. Algunos estarán de acuerdo, otros no. En cambio, de lo que no hay duda, es que el ser humano ha enterrado a las utopías.

 

El tercer jueves de cada mes sesiona el Seminario Permanente de Bioética. La cita es a las 16:00 horas en el auditorio principal de la Facultad de Medicina de la UNAM. La entrada es gratuita.

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