La investigación clínica es un proceso complejo. Se requiere tiempo, dinero, científicos que formulen preguntas adecuadas y voluntarios. Los voluntarios pueden ser sanos o enfermos. La meta es probar y desarrollar medicamentos nuevos. En esencia, la investigación clínica consiste en ensayar tratamientos nuevos para determinar su eficacia y seguridad en seres humanos.

La ciencia médica avanza gracias a la investigación clínica. Como regla general, a los voluntarios sanos se les ofrecen cuidados médicos y se les otorga una compensación económica por viajes, tiempo invertido, etcétera. Las grandes compañías farmacéuticas deben regir sus investigaciones de acuerdo a protocolos éticos estrictos: cuidar al voluntario proporcionándole seguridad, privacidad, apoyo monetario y médico son deberes de las farmacéuticas.

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Aunque son múltiples las referencias, la necesidad de seguir códigos éticos durante la investigación en seres humanos, proviene de la triste experiencia de los experimentos efectuados por el doctor Joseph Mengele y su equipo en los campos de concentración. El Código de Ética Médica de Núremberg es el resultado de los Juicios de Núremberg; en él se detallan los principios que deben regir la investigación en seres humanos. El Código de Núremberg (1947) fue el inicio de una serie de normas que se han ido modificando con los años; la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (1964), revisada en Tokio (1975), Venecia (1983), Hong Kong (1989), es el documento a seguir cuando se desean hacer experimentos humanos.

Los párrafos previos como preámbulo para el quid de estas reflexiones. Intento no ser maniqueo. Por no encontrar respuestas puntuales a mis dudas, comparto las preguntas siguientes:

1. ¿Qué sucede, una vez terminado el estudio, con los enfermos en quienes el medicamento que se investigó fue eficaz?

2. ¿Tiene la compañía farmacéutica la obligación de financiar durante años o de por vida el tratamiento del enfermo/voluntario?

3. ¿Le corresponde al Estado financiar el tratamiento de los enfermos una vez terminado el estudio?

4. ¿Debería existir un comunicado firmado a priori por compañías farmacéuticas, hospitales y Estado antes de iniciarse la investigación?

5. ¿Cuál debe ser la actitud de los médicos investigadores cuando las compañías farmacéuticas no aclaran desde el principio cuál será su compromiso con el enfermo una vez finiquitado el estudio?

6. ¿Deben los médicos/investigadores presionar a las farmacéuticas para que no abandonen a los enfermos en caso de que el ensayo haya sido exitoso?

De acuerdo con Samuel Ponce de León, amigo y colega, no hay reglas con respecto a los compromisos entre industria farmacéutica y enfermos que finalizaron un proyecto de investigación. Tras buscar en diversas fuentes, incluso en el excelente libro, Pautas bioéticas. La industria farmacéutica entre la ciencia y el mercado de Ricardo Páez (FCE y UNAM, 2015), al cual dedicaré un blog o un artículo periodístico, coincido con Ponce de León: las farmacéuticas no estipulan cuál es su compromiso con los enfermos.

Me parece obligatorio que las compañías asuman su responsabilidad —la llamaré responsabilidad ética— y le ofrezcan al enfermo el medicamento objeto del estudio mientras sea necesario.

 


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