La agresión sufrida por el médico David Dao a mano de los agentes de seguridad al servicio de la aerolínea United Airlines se ha viralizado. No es para menos: todos, incluyendo a los fervorosos trumpianos, podríamos ser Dao. Las compañías de aviación se han adjudicado el derecho, derecho no ético, de sobrevender boletos para asegurar ganancias. Dao aceptó primero las dádivas de la compañía a cambio de su lugar, pero, al enterarse de que no había vuelos al día siguiente, se desdijo. Lo que sigue se sabe: Dao fue golpeado y arrastrado para sacarlo. Logró zafarse y entró de nuevo al avión. De acuerdo a testimonios de pasajeros, y a su rostro ensangrentado, lo maltrataron y se lo llevaron en una camilla. Como consecuencia de la agresión Dao deberá ser operado: las lesiones incluyen fractura de nariz, lesiones en senos paranasales, pérdida de dos dientes y conmoción cerebral (de acuerdo a Thomas Demetrio, abogado de Dao).

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El affaire Dao vs United no acaba ni en la golpiza ni en la cirugía ni en la posible demanda contra la compañía (espero que gane Dao). Tras las vejaciones y la difusión de varios videos donde se muestra la agresión de los agentes de seguridad, los medios, seguramente bajo la orden de United, han buscado en las redes quién es Dao y han revelado que, “en 2004 fue condenado por prescribir analgésicos ilegalmente, a veces a cambio de sexo”.

Aunque son varios los puntos a discutir, todos concernientes con aspectos éticos —sobreventa de boletos, abuso de autoridad, minimizar el valor de la persona—, me limitaré a comentar uno: el poder de los medios de comunicación sobre las personas. Poder contra principios éticos.

El affaire Dao vs United demuestra cuán frágil somos y las inmensas desventajas de los individuos frente al Poder, en este caso, frente a una compañía de aviación. Los medios, auspiciados o no por United Airlines, hurgaron el historial de Dao y encontraron que “vendía medicamentos ilegalmente a cambio de sexo y que tenía adicción al juego” (son tan ridículos algunos medios que incluso revelaron cuánto dinero ganó en póquer).

Los vínculos entre la violencia de United y la vida de Dao son nulos. No es nulo, en cambio, la violación de la privacidad. Hurgar quiénes somos, dónde andamos, qué hicimos o no hicimos, con quién hablamos, a quién leemos en la red, qué blogs frecuentamos, cuánto dinero tenemos, cuál es nuestro empleo, cómo es nuestra rutina diaria, si peleamos con el jefe o con el esposo, qué leemos, qué películas vemos y un infinito etcétera, no corresponde a la ficción del Gran Hermano de George Orwell, corresponde a la realidad del Gran Hermano de abril 2017.

Dao como uno, Dao como todos. Te violan, te mancillan, y después te hurgan, te desnudan. En el affaire Dao vs United Airlines, el Gran Hermano, atendiendo a la ética estadounidense contemporánea, puede depararnos sorpresas: Dao es responsable de no ceder su lugar ya que en el pasado vendió fármacos ilegalmente y ganó dinero en el póquer. Ante el Poder, y la capacidad de sus instrumentos, en este caso la posibilidad de desnudar a las personas, la ética siempre pierde: no somos nada.


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