La interdependencia entre ética y dignidad es absoluta. Si la dignidad se atropella se violan principios éticos. Si se vive en sociedades donde la ética poco importa se atenta contra la dignidad. Ética es valor universal. Dignidad también debería serlo. Ambas tienen que ver con el Poder, sea político, económico, eclesiástico. Si se abusa del Poder se atenta contra la ética y la dignidad. Vivir en sociedades donde la ineptitud política aunada a corrupción e impunidad, donde las diferencias económicas son groseras e intolerables y donde la jerarquía religiosa vela por sus bienes y se amista con los dueños de los poderes económicos y políticos significa vivir en una nación carente de ética en la cual la dignidad de sus habitantes poco importa. No hablo de México, es México.

dignidad

Dignidad es un concepto difícil. Los filósofos lo explican de muchas maneras. Cuando se habla de dignidad y al lado se anota la palabra ética, vale la pena cavilar en la bidireccionalidad del concepto. La dignidad es una idea que atañe a la persona y es un valor que la sociedad le debe otorgar a sus miembros. Los seres humanos buscan dignificar sus vidas por medio del trabajo, del estudio, de la participación social, de las relaciones familiares y sociales, y, entre otros valores, por el compromiso hacia el otro. Por su parte, la sociedad y sus instancias –empleadores, políticos, religiosos, escuelas— deben proveer a sus miembros de los medios necesarios —casa, educación, salud, transporte— para vivir con dignidad.

En el párrafo previo escribí que la dignidad es para mí un concepto complejo. Debido a mi nula formación en la filosofía, suelo solucionar el brete citando la segunda formulación del imperativo categórico de Kant, considerado por los estudiosos del tema como una definición adecuada de dignidad humana: “Obra de tal manera que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solo como un medio”. Pensar en la humanidad (mejor que usar) a partir de uno mismo y de cualquier otro, y considerar que ese otro vale tanto como uno mismo y sus seres queridos, significa actuar cobijado por principios éticos. Si no se dignifica al otro se pisotean valores morales.

Nuevamente me repito: ética y dignidad son valores interdependientes. Si uno de ellos se atropella, el otro se atasca. Hay binomios imprescindibles. Ética y dignidad es uno de ellos. México pervive con dificultad. Nuestro país es víctima de un cáncer muy agresivo. En el lenguaje del Poder, sobre todo del político, ética y dignidad son valores ajenos a su diccionario. Mientras la clase política no mejore y no comprenda la necesidad de enaltecer el binomio conformado por ética y dignidad, el cáncer seguirá destruyendo.


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