La ética médica plantea todos los días desafíos. Desafíos que chocan contra religiones, políticos, y con la sociedad. Por eso la ética médica es interesante: las colisiones siembran preguntas, exigen respuestas. El binomio parejas gay y su deseo de ser padres por medio de gestación subrogada es complejo e interesante por dos razones. Primera.  Las parejas gay siguen produciendo insomnio a ministros religiosos y a buena parte de la sociedad; en México la mayor parte de la sociedad las rechaza: ocupamos, tristemente, el segundo lugar en el mundo por crímenes de homofobia. Segunda. La gestación subrogada no es siempre bienvenida.

embarazo

En diciembre de 2015 falleció Robert Spitzer, el psiquiatra que desmintió que la homosexualidad fuera una enfermedad. Spitzer eliminó a la homosexualidad en 1973 del Manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales, al considerar que ésta no era un trastorno mental. Lamentablemente, en muchos países, sobre todo en naciones árabes, se sigue persiguiendo a los homosexuales “por enfermos” y en algunos casos son víctimas de incontables atropellos, incluyendo la muerte, como en México.

Los datos previos sirven de antesala para reflexionar en los casos, ignoro el número exacto de parejas gay que viajan, sobre todo a Estados Unidos o Canadá, para cumplir su deseo de paternidad. Satisfacer ese deseo les cuesta a las parejas gay españolas (en España la gestación subrogada está prohibida), aproximadamente 130,000 euros, amén de un inmenso desgaste emocional. Recientemente, en Tabasco, por jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el gobierno tabasqueño se ha dado a la tarea de reformar de nuevo el Código Civil para permitir que parejas del mismo sexo puedan tener hijos mediante maternidad asistida o subrogada. Imposible no acudir a la red; múltiples agencias, en diversos países, ofrecen servicios de maternidad subrogada para parejas gay.

La gestación subrogada o gestación por sustitución, mal llamada vientre de alquiler, es una técnica de reproducción asistida en donde los, o las contratantes, acuerdan con una mujer, la transferencia a su útero de un embrión previamente engendrado mediante fecundación in vitro con el fin de que ésta última quede embarazada de dicho embrión, para gestarlo, parirlo y entregarlo después a la pareja contratante. En el caso de las parejas gay masculinas, el semen proviene de uno de ellos y el óvulo de la mujer. Para los fines de este blog, basta decir que las asociaciones feministas no están de acuerdo con la gestación subrogada por considerar que además de ser puro mercantilismo, cosifica a la mujer.

En muchos aspectos la sociedad avanza. Hasta hace poco era impensable que parejas gay contratasen a una mujer para procrear. En otros aspectos la sociedad no avanza. La estigmatización, la falta de aceptación de hijos provenientes de parejas gay así como algunos vacíos legales que impiden registrar a los hijos “como hijos” de la pareja gay, son una muestra de los conflictos que afrontan estas parejas gay tras optar, por ser la única posibilidad para ser padres, por la gestación subrogada.

Algunos títulos en la red ilustran la magnitud del brete: “Los vientres de alquiler: la cara más brutal del ‘gaypitalismo’”; “Una pareja gay se queda sin su bebé de gestación subrogada porque el padre es la pareja de la mujer”; “Como pareja gay, la única opción para ser padres era Estados Unidos”; “Una pareja gay, detenida por alquilar un vientre para ser padres (Andalucía)”; “Alquiler de vientre. Precio en Ucrania”; “Quiero rentar mi vientre”… y un largo etcétera. Los encabezados previos representan una nueva maraña ética.

Ética, ciencia y legalidad deben sumar esfuerzos para dirimir los conflictos resultantes cuando parejas gay buscan ser padres por medio de gestación subrogada.  Como siempre, cuando se habla de ética médica, no hay una respuesta única. El reto es individualizar.


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