El título completo de este texto debería ser, “Salud: conceptos médicos versus conceptos personales”. El embrollo es interesante. Los médicos y los sistemas de salud tienen enumeradas incontables enfermedades de acuerdo a sus conocimientos y a sus reglas. El listado crece conforme avanza la ciencia. Un ejemplo. Hace no muchos años las cifras normales de glucosa eran 140 mg/dl, años después disminuyeron a 120, tiempo después a 110, y en la actualidad el valor normal debe ser menor a 100 mg/dl. Lo mismo sucede con el colesterol y otras variantes. Hace años, millones de personas, ahora diagnosticadas como diabéticos, no hubiesen recibido ese diagnosticado, y millones de personas que en la actualidad ingieren medicamentos para disminuir el colesterol, antes no tenían que hacerlo porque los parámetros de laboratorio no exigían recetar.

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Pensemos bien de la ciencia médica: conforme avanza, ofrece datos epidemiológicos a favor de la humanidad. Cuestionemos a la ciencia: ¿son fiables los nuevos hallazgos científicos?, ¿devienen mayor supervivencia?, ¿tanto ha cambiado la humanidad? Critiquemos al aparato médico: poco cuestionan los dictados de la ciencia y de las compañías farmacológicas; los nuevos valores implican más visitas al médico y al laboratorio, así como mayor consumo de medicamentos e incremento en los gastos.

Las percepciones de las personas en cuanto a ser sano o enfermo difieren mucho. El concepto de salud en ricos y pobres es distinto, lo es en profesionistas y trabajadores en el sector informal, en habitantes de las ciudades y en los del campo, en niños y en adultos, y en adultos y en viejos. Y difiere con frecuencia con la visión médica.

El embrollo no es gratuito. Empieza en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española. Copio del diccionario dos definiciones de Salud: 1. Estado en el que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones. 2. Condiciones físicas en que se encuentra un organismo en un momento determinado. Definir salud, tal y como lo hace el Diccionario, es complejo. Apuesto: a pocas personas les satisfacen las definiciones previas.

El divorcio entre las diversas percepciones de salud es interesante. Cuando se interroga o explora a personas de escasos recursos, en su comunidad o en centros hospitalarios de la ciudad, su percepción de salud y enfermedad difiere cuando se ejecutan las mismas maniobras en personas adineradas. Lo que para unos es normal para otros no; lo que para unos son molestias con las cuales se puede convivir, para otros no; lo que para uno exige acudir al médico e ingerir fármacos, para otros no.

Finalizo sin concluir. Quizás los lectores lo consigan. El reto es enorme: la percepción de salud individual y comunitaria difiere en sociedades con altas disparidades educativas, culturales y económicas y con comunidades indígenas. Entender las diferencias es fundamental. No medicar cuando debe hacerse es inadecuado. Medicar cuando no debe hacerse es inadecuado.


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