Dos escenarios:

Primero: No todos los enfermos quieren saber los pormenores de sus enfermedades.

Segundo: Los seguros médicos son indispensables.

Ambos postulados invitan. Reflexionar en los dilemas éticos implícitos en ellos es interesante.

mentiras

Primer escenario. Es cierto, no todas las personas toleran tanta realidad; menos aún, los enfermos. T S Eliot me ayuda: Bueno, bueno dice el pájaro:/ la especie humana/ no puede soportar/ demasiada realidad.

El pájaro de Eliot tiene razón (por eso lo he sacado de su jaula en otras ocasiones). Nuevamente dos escenarios. Primero. Muchos enfermos, sobre todo los terminales –aquellos que fenecerán en menos de seis meses a pesar de tratamiento médico óptimo-  no quieren saber ni  los pormenores ni cómo ni cuándo sobrevendrá el final. ¿Qué hacer? Dosificar la verdad de acuerdo a los requerimientos del afectado y respetar sus deseos (su autonomía)  es correcto. Segundo. Muchos familiares  de enfermos le solicitan al médico “mentir” y no ofrecerle al afectado toda la información. ¿Qué hacer? El médico tiene la obligación de conocer la voluntad del paciente  antes de aceptar las sugerencias de sus seres cercanos. Si el interesado quiere saber los pormenores de su mal, la obligación médica es ofrecer todos los detalles; al hacerlo se respeta la voluntad del paciente y se elimina el paternalismo médico, práctica no ética en donde el galeno decide qu-e hacer, sin consultar al afectado.

Segundo escenario. Además de la enfermedad, los enfermos tienen otros enemigos. Destacan médicos, laboratorios, centros hospitalarios, abogados y compañías de seguros médicos. Limito las líneas siguientes a los seguros médicos.

Los seguros médicos, para quienes carecen de atención estatal, son un mal necesario. La medicina privada, sobre todo la hospitalaria, es impagable. La verdad es simple: los seguros médicos son enemigos de enfermos y de galenos. Cuando el paciente solicita de su doctor que le llene una forma de seguro, ¿es ético mentir a favor del solicitante?

Dos ideas. Primera: “la realidad”. Los seguros buscan a toda costa, digamos que ése es su leitmotiv, no pagar o pagar cuanto menos, mejor. Mentir a favor del enfermo, en relación al tiempo de la enfermedad, a la necesidad de los exámenes solicitados y a la exactitud del diagnóstico es una posibilidad; al hacerlo, el afectado se favorecerá ya que la compañía de seguros pagará, al menos una parte, de los gastos generados. Si el médico no busca “proteger” a su paciente, la erogación por la atención hospitalaria puede ser impagable. Segunda: “la teoría”. Sissela Bok (1934, Suecia), filósofa y escritora, profesora en la Universidad de Harvard. Bok ha escrito sobre el “Principio de la veracidad”, el cual enfatiza que no es correcto desde el punto de vista moral mentir ya que nadie desea ser engañado. La apuesta de Bok es correcta. A nadie le gusta que le mientan y nadie debería hacerlo, pero, ¿qué sucede cuando las compañías aseguradoras escriben con letras pequeñas, inentendibles, una serie de exclusiones y supuestos que afectan al contratante?: ¿es ético o no mentir a favor del enfermo?

La ética médica permite no concluir; de ahí la fascinación que suscita. La ética médica tiene la obligación de exponer diversos escenarios, de ahí su compromiso con la sociedad, y con los médicos, amén de  su necesidad. Como he escrito en varias ocasiones, la bioética, y la ética médica, uno de sus brazos, es y será la filosofía del siglo XXI.

Concluyo sin concluir. El dilema, a partir de los datos expuestos es el siguiente: Ser leal al enfermo y mentir a su favor es ético. No ser leal al paciente y ceñirse a la verdad es ético.  

 

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