La incertidumbre es una cualidad. La ejercen quienes tienen certidumbre y sabiduría. No la desempeñan dos grupos: quienes sienten pena por su incapacidad para decir “no sé”, y quienes ejercen el poder sin coto porque el poder son ellos. Decir “no sé” implica saber: quien ejerce la autocrítica y reconoce sus límites, hurga, pregunta y se informa. La filosofía “no sé” tiene más de una fuente. Menciono dos: humildad e incertidumbre. Sumar ambas cualidades —¡y vaya que son cualidades!—, construye: humildad más incertidumbre deviene conocimiento.

saber

Me atribuyo, durante siete días —la vida de este blog—, dos prerrogativas.

Primera prerrogativa. El mundo se divide en dos, los primeros, arropados por saber dicen, sin cortapisas, “no sé”; los investidos por otro ropaje, el del poder, no exclaman “no sé”. El primer grupo lo conforman, independientemente de sus habilidades, personas acostumbradas a estudiar, a preguntar y a reconocer sus propias limitaciones. Poco importa el oficio: campesinos, médicos, carpinteros, economistas, escritores, pescadores suelen saber cuando no saben.

El segundo grupo lo constituyen, sobre todo, políticos omnipotentes y religiosos absolutos. Omnipotentes, en México, no requiere explicación: basta repasar las lacras de este sexenio, del pasado, del antepasado y de todos los previos. Religiosos absolutos requiere una mínima explicación. La ofrezco: la fe no admite ni dudas ni preguntas. Punto. ¿No es suficiente? Unas palabras más: la fe es absoluta, no permite ni flaquear ni contradecir: si los prelados violan a niños y niñas, e impiden que niñas de quince años violadas y vueltas a violar aborten, es por razones incuestionables, propias de la fe: ¿cuántos religiosos violadores, insaciables, pernoctan en cárceles?

Segunda prerrogativa. Puede no gustar la siguiente idea; la someto a juicio (ya dije que el blog fenece después de siete días). La incertidumbre es una actitud y cualidad emparentada con la ética. Quienes dudan y buscan conocer los motivos de la duda, ejercen la autocrítica, conocen sus limitaciones y poseen “una dosis”, casi siempre grande, de humildad. La persona arropada por principios éticos se nutre cuando a partir de la incertidumbre dice “no sé”. Este grupo lo conforman seres humanos cuyas vidas están regidas por valores éticos (y morales). Saben que debido al estudio o a las opiniones de otras personas, las razones de “no sé”, se disipan amén de transformarse en conocimiento. Y aprecian la ecuación siguiente: después de un “no sé”, habrá muchos “no sé”.

La ética laica es inmensa: nunca es absoluta, no excluye, siempre admite dudas y entiende, que antes de opinar, es menester individualizar —difícil tarea—. Ética laica e incertidumbre conforman un binomio exquisito. Carniceros, matemáticos, marchantes y filósofos cobijados por la sabiduría de la incertidumbre crecen cuándo dicen “no sé”. Los políticos religiosos y los religiosos políticos, México como ejemplo, estudiaron en claustros y universidades donde decir “no sé” significa excomulgación. Debido a esa incapacidad el país se encuentra muy enfermo.

Termino. Pido disculpas por las prerrogativas. Me quedo con dos ideas. Primera. La incertidumbre es una gran cualidad y debe considerarse como parte fundamental de la ética laica. Segunda. Los políticos religiosos y los religiosos políticos han, y siguen hundiendo a México por su incapacidad para decir no sé, amén de su arrogancia: ejercer el don de la incertidumbre no es propio de su investidura.


*Regresaré al tema en la edición de la casa Nexos, en la revista de noviembre.

 

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