Mirar mueve e invita. Mirar y pensar hacia atrás y hacia delante invita y mueve. Repito palabras, regreso: el pasado siempre aguarda, no calla. Los días por venir tienen historia. Sin el cobijo o la tristeza del tiempo viejo, sin sus ratos grandes y pequeños, sin sus vivencias anodinas y trascendentales, y sin sus ganancias y pérdidas la construcción del futuro es incompleta y mal entendida. No hay hoy sin ayer, no hay mañana sin hoy.

Ilustración: José María Martínez

La vida, sus días, provocan. El esqueleto cambia. Afecto, desasosiego, miedo, ilusión, esperanza, deseo, pasión y un sinfín de vivencias conforman el andamiaje de los días. Repasarlos o no es decisión   personal. Hay quienes los viven de lejos, otros requieren entrar en ellos y algunos no logran sobreponerse a los malos recuerdos. Recorrer los días sin olvidar el presente es necesario. En un mundo enfermo, vivirlos, interpretarlos y leer entre líneas es imprescindible.

Las experiencias, alegres, tristes,  estimulan el diálogo y siembran certidumbre o provocan encono;  abren unas puertas, cierran  otras. Mirar y ser testigo de los sucesos exige.  De ahí la libido de las palabras que miran los días. De ahí la necesidad de este recuento. No pretendo explicar. Deseo compartir. Leer siembra, pregunta e invita.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

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