Aunque abundan diosas, sobre todo en la mitología y en las religiones politeístas, en el lenguaje del día a día, el que se usa  en Occidente, donde predominan las religiones monoteístas, la inmensa mayoría de los seres humanos hablan de Dios, no de Diosa. Afortunado contrapeso, de nuevo en Occidente, es la Naturaleza. El género significa: Dios: él, Naturaleza: ella. Algunos ateos y agnósticos “creen” en la Naturaleza. De ahí la sentencia previa, “afortunado contrapeso”.

Ilustración: Gonzalo Tassier

Entre más información y años acumulo, mayores son mis dudas acerca de los tan mentados atributos de Dios. Se le considera omnipresente, omnipotente y omnisciente. Demasiada responsabilidad me digo. El fracaso es evidente.

Con frecuencia escribo, “ver al mundo para creer”. Me auto plagio y agrego, “ver al mundo para creer y juzgar”. ¿Y?, me pregunto, ¿y qué con eso?

No hay una buena respuesta. Abro  una posibilidad. ¿Y si en vez del Dios de las religiones monoteístas fuese Diosa la encargada de mejorar la condición de la humanidad y de la Tierra? Respeto y apoyo las ideas feministas. Ahora más que años atrás. De ahí la siguiente hipótesis; aunque soy ateo, pienso que si los creyentes se entregasen y deificasen a Diosa, en vez de a Dios, el mundo estaría menos enfermo.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

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