Son cada vez más las personas, muchas de ellas jóvenes, que buscan llamar la atención auto lesionándose; algunos, pienso, lo hacen como un acto de supervivencia. Ignoro si hoy son más los implicados y más las formas para efectuarlo, o si, como se dice ahora de (casi) todo, somos más conscientes del fenómeno debido a su difusión en libros y en los medios de comunicación. No ignoro, en cambio, la necesidad y la trascendencia del evento. Algunos se lesionan poco, otros mucho. Aunque la magnitud del daño importa, importa más el suceso.

Auto dañarse es una forma de pedir ayuda y protección. Los actores desean vivir; buscan seguir, quieren continuar, requieren refugio. Auto lesionarse, aparca, al menos por algún tiempo, el suicidio.

Ilustración: Patricio Betteo

Los tiempos actuales son insanos. Las personas que se auto lesionan reflejan esa realidad. La geografía contemporánea explica esa conducta. La nueva realidad tiende a cosificar y a excluir. Crecer sin  marcos adecuados, familiares, políticos y sociales, margina primero, estigmatiza después.

Escuchar siempre ha sido un espacio bienhechor: hoy ese espacio poco se cultiva. Jóvenes y viejos requieren interlocutores. En Latinoamérica el albergue familiar se desmorona poco a poco mientras que en las naciones ricas la ruptura es acelerada. Las oportunidades laborales y profesionales para las clases marginadas son cada vez más escasas; la violencia, en todas sus formas, tiende a multiplicarse; los jóvenes  imitan acciones, en ocasiones convencidos, otras veces para evitar el bullying: quedar atrapado en las redes del bullying destruye.

Sin solución en el horizonte, la solución es uno mismo: autolesionarse no cura ni mejora ni abre puertas, pero, dolorosa realidad, le permite a la persona “adueñarse de si misma y tenerse por algún tiempo”. El corolario es crudo, quizás muchos no concuerden: el cuerpo, aunque duela y lacere le pertenece por un tiempo a quien se auto daña.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

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