Empoderar al enfermo es indispensable. El paternalismo médico debería fenecer (en las instituciones públicas es imposible por la carga de trabajo). El diálogo, téte a téte, entre médico y enfermo, es indispensable.

En 2012, en Estados Unidos, y posteriormente en Canadá e Inglaterra, se generó el movimiento Choosing Wisely (Escogiendo sabiamente), con la finalidad de mejorar la comunicación entre médicos y pacientes. La comunicación es un espacio único: permite discutir con trasparencia lo que se sabe y lo que se ignora. En medicina es imposible encontrar respuestas exactas para todas las enfermedades y para todos los enfermos. “No hay enfermedades, hay enfermos”, es un viejo (y sabio) dictum: cada persona merece una aproximación diferente a sus dolencias. Anatole Broyard, el gran crítico literario, tenía razón. Tras ser operado de cáncer de próstata escribió un gran ensayo, Intoxicated by my Illness, donde anota, “cada uno enferma de acuerdo a su forma de ser”.

La página Choosing Wisely de Inglaterra abre así (abrevio y traduzco libremente): “Escogiendo sabiamente fue creada para confrontar la idea de que más es mejor cuando se trata de intervenciones médicas: sólo por el hecho de que podemos no siempre significa que debemos hacerlo”. Renglones abajo explica (abrevio): “Iniciativa global enfocada para mejorar las conversaciones entre pacientes y sus doctores y enfermeras. La finalidad es evitar tratamientos, procedimientos y exámenes innecesarios”.

Con el fin de estimular la conversación, Choosing Wisely propone cinco preguntas para que los pacientes decidan mejor:

1. ¿Necesito realmente este tratamiento, este examen, este procedimiento?
2. ¿Cuáles son los riesgos o las desventajas?
3. ¿Cuáles son los posibles efectos colaterales?
4. ¿Hay opciones más sencillas, más seguras?
5. ¿Qué sucedería si no me sometiera a ningún tratamiento?

Las preguntas empoderan al enfermo; todas son pertinentes. Abren y retan. Su diseño es sencillo y adecuado. Dos lecturas: las preguntas subrayan la autonomía y el derecho de saber de los pacientes; gracias a ellas, dejan de ser objeto de decisiones médicas. Segunda: las preguntas no son fáciles de responder; médicos avezados —pienso— tendrán dificultad para contestar todas las cuestiones; las réplicas para unas enfermedades son sencillas, para otras no. Tanto las preguntas como las respuestas dependen de muchos factores: sobresalen edad, situación económica, enfermedades previas, estado de ánimo. naturaleza, pronóstico y gravedad de la patología. La dificultad para responder reside en una verdad de Perogrullo: la medicina no es una ciencia exacta y los enfermos nunca son iguales, Broyard dixit.

La pregunta 1 depende de la certidumbre del médico en cuanto al diagnóstico y al tratamiento. Los exámenes y procedimientos sólo tendrían cabida si modificarán la decisión del médico; de no ser así, es inútil y en ocasiones dañino no sólo realizar procedimientos sino solicitar exámenes y no saberlos interpretar. Y agrego: imposible obviar la escasez de recursos.

La pregunta 2 es, en general, fácil de responder. Los clínicos responsables y comprometidos deben estudiar primero los efectos negativos de los fármacos y los riesgos de los procedimientos antes de prescribir o solicitar exámenes/procedimientos.

La pregunta 3 no es compleja: en general se conocen bien los efectos colaterales de los medicamentos y se saben los riesgos de los procedimientos. En algunas ocasiones, como sería alergia a antibióticos, es imposible predecir el efecto dañino.

La pregunta 4, muy adecuada, carece de respuesta. Para saberlo se tendrían que hacer estudios científicos para comparar la medicina alópata con otras terapias. Cada persona debe decidir de acuerdo a su experiencia con enfermedades previas y a las vivencias, positivas o negativas, de sus seres cercanos frente a situaciones patológicas.

La pregunta 5 es muy compleja. Abre un gran abanico. En casos de cáncer terminal la respuesta es sencilla. En casos, inter alia, como dolor bajo de espalda, migrañas o diarreas crónicas, las respuestas son difíciles: muchas enfermedades desaparecen sin hacer nada, otras progresan y causan mayores daños.

La inexactitud de las enfermedades y las diferencias entre personas son universales. El cuestionario previo debe discutirse sin ambages. Aunque no siempre todo lo que el enfermo quiere saber tiene respuesta, el diálogo amistoso con el médico que conoce los límites de la medicina es indispensable y sano.

 

* Hace poco más de un año escribí un texto similar en El Universal. Tras efectuar algunas modificaciones regreso al tema por su trascendencia —me auto plagio—.

 

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