En mi encuentro con el ciber espacio previo preguntaba, ¿es prudente replantear algunos mitos? Sorprende un tanto que mi admirado Albert Camus, en plena Segunda Guerra Mundial, haya afirmado, “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicido”. Sorprende porque justo cuando publicó El mito de Sísifo (1942),  en Francia imperaba el colaboracionismo, en Europa las matazones y en la Iglesia Católica y en Estados Unidos el silencio y la inacción. El suicidio es decisión individual. La guerra es una acción colectiva. Ambos deben ser mirados desde la ética.

mitos

A Camus le interesaba el suicidio por ser librepensador y defensor de la autonomía del ser humano. La autonomía, principio fundamental de la bioética y de la ética médica laica, permite al individuo ejercer su libre albedrío sin dañar a terceros. El suicida, la mayor parte de las ocasiones hiere a los seres cercanos. De los conflictos provenientes del suicidio, nace, la multicitada idea del Nobel francés: el suicidio como el gran problema de la filosofía. ¿Tiene el ser humano derecho de suicidarse? Dejo la pregunta en el ciber espacio, no respondo (por ahora).

Hoy, el suicidio sigue, y continuará siendo un problema filosófico-ético. Deben agregarse otros avatares: el mal uso y abuso de la tecnología, el aborto, la clonación, el hambre, los límites de la medicina predictiva, la compra de órganos, la contaminación ambiental y un largo etcétera.

El mito griego sobre Sísifo –condenado a cargar una piedra hasta la cima de una montaña y nunca lograrlo- plantea, para algunos, el sinsentido de la existencia humana. Sísifo debía repetir el mismo trabajo cada día (leo en un libro, “hasta la eternidad”), repetirlo sin conseguir nada, bregar sin llegar; trabajar ad nauseam, carece de sentido. Otras elucubraciones, incluyendo a Camus, refutan la idea del sinsentido.

 Sísifo no sabía cuándo finalizaría su castigo. Él trabajaba sin cesar. Al hacerlo, especulo, consideraba que algún día se vería recompensado. Sus faenas servirían y darían frutos. Trabajar es fuente de motivación y la motivación simiente de creación, de esperanza y deseo. Sísifo, me arriesgo, no pensaba en que sus arduas faenas carecieran de sentido. Para él, laborar satisfacía uno de sus deseos: Seguir, seguir hasta llegar.

Las ideas previas nacen del último párrafo de El mito de Sísifo: “¡Dejo a Sísifo al pie de la montaña! Uno siempre recupera su fardo. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. También él juzga que todo está bien. Este universo, en adelante sin dueño no le parece ni estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esa piedra, cada fragmento mineral de esa montaña llena de noche, forma por sí solo un mundo. La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.

 

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