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A quien corresponda

A quien corresponda:

Busqué sin éxito el origen de la sentencia “A quien corresponda”.

La mayoría de los seres vivos, entrados en el mundo de las responsabilidades y de las irresponsabilidades, hemos utilizado el término. Debe, al menos eso creo, existir una relación directamente proporcional entre años acumulados, mayor número de oficios y compromisos con el uso de “A quien corresponda”; a mayor edad más exposición y nuevas necesidades de dirimir situaciones. De ahí la validez de la expresión.

En mi imaginario utilizo dicha sentencia con frecuencia. Nunca he conocido a la señora o al señor “A quien corresponda”. Los recipiendarios tampoco me conocen: saben mi nombre, pero como no uso Facebook, mi fotografía no está en las redes. “Ellos” responden de la misma forma: “A quien corresponda”, aunque, en contadas ocasiones utilizan mi nombre (vide infra).

Ilustración: David Peón
Ilustración: David Peón

La impersonalidad de las misivas tiene ventajas: aminora y son menos ríspidas las peleas; quien escribe busca aclarar alguna situación y requiere de su otro o de sus otros. Quien responde tiene la quasi obligación de cumplir su función y, con suerte, sobre todo en tiempos convulsos como los actuales, de ser amable con quien lo busca. Otros, sobre todo los amantes de la era WhatsApp, acostumbrados a dialogar y a amar por medio de caracteres, evitan hablar y mirar a los destinatarios de sus mensajes, lo cual no siempre es nocivo habida cuenta de la complejidad intrínseca de los seres humanos. Hay quienes aprecian esa suerte de anonimato para remediar situaciones burocráticas y solventar obligaciones obviando al otro.

Ignoro, ya lo dije, cuándo se creó la expresión; me queda claro que su uso se generalizó después de la invención del papel. Antes del papel era necesario mirar, escuchar, discutir, saber “algo” acerca de la persona. Lo viejo no es necesariamente mejor. Era otra forma de estar en la vida. No más.

 

Diciembre 32, 2030

A quien corresponda:

Me llamo Arnoldo Kraus. He intentando hablar con “A quien corresponda”. Después de muchas misivas es urgente compartir una serie de ideas por medio de la Voz. Usted y yo hemos intercambiado incontables cartas y algunos correos electrónicos, todas dirigidas a usted señor o señora “A quien corresponda” y no hemos logrado aclarar los problemas expresados en los mensajes.

Le comparto. Mi alter ego me ha alertado. Me dice, debes ir al psiquiatra, me da la impresión que tu “A quien corresponda”y tú son entre tocayos y una creación moderna semejante a los heterónimos de Fernando Pessoa.

 Me despido con la esperanza de encontrarnos.

Atentamente, quedo de Usted,

A quien corresponda.

Rúbrica.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

10 comentarios en “A quien corresponda

  1. Arnoldo : Será que no nos interesa ni saber el nombre de la persona a quien le escribe uno en esas cartas ?
    Alguna vez leí que lo más bonito para una “”” persona “” ( y lo entrecomillo muchas veces ) es oír su nombre o leerlo tal vez .
    La despersonalización cada día es peor .
    Muy reflexivo escrito
    Gracias como siempre
    Saludos

    1. Gracias de nuevo Claudia por tu interés. Pues sí, imposible soslayar la realidad: La despersonalización es una suerte de pandemia que a todos nos afecta. A quien corresponda es una persona sin rostro.
      Saludos, gracias,
      Arnoldo

  2. Le comento algo mi Dr: Alguna vez en una clase de Normas me señalaron que era una traducción de la expresión «To whom it may concern», cuya traducción literal es A quien le pueda concernir, o A quien le concierne. Eso suena demasiado pomposo, y la aproximaron A quien pueda interesar, y luego A quien interese, o A quien corresponda. Pero creo que español debieron existir frases aproximadas en significado. Aunque la impersonalidad sin duda lima asperezas (nadie en teoría se siente aludido) me preocupa que sustituya la cortesía necesaria en las comunicaciones humanas, tanto que como bien señala, terminamos como Pessoa con sus heterónimos, y termina por sustituir el dialogo, como bien señala. Un afectuoso saludo, mi Dr.

    1. Querido Samuel:
      Es interesante la aproximación que nos ofrece a partir del idioma inglés. La parafernalia moderna, desde los fake news hasts los tuits y sucedáneos son una suerte de A quién corresponda: el receptor carece de todo, de rostro, de vida.
      Pessoa se sentiría triste al saber que hay una suerte heterónimos que él no contemplo.
      Gracias Samuel, muy agradable su comentario,
      Arnoldo

    2. Querido Samuel:
      Son interesantes las observaciones que hace apoyándose en el idioma inglés. Abren ventanas. El hecho es que en el mundo actual, poblado e tuits, noticias falsas y receptores desconocidos, el «A quién corresponda» permite ocultar el rostro y ocultarse. Así la sociedad actual. Así la despersonalización. No creo que Pessoa hubiese soñado con tantos heteróinimos cobijados bajo el rubro «A quien corresponda».
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  3. A quien corresponda: «por este medio solicito de usted atentamente, de no tener incoveniente, la publicación de mi comentario de diversa fecha…» etc. Es la fórmula que se utiliza en las burocracias cuando se desconoce el nombre de la autoridad competente o de la persona física encargada de la respuesta. Las burocracias por su complejidad son opacas, laberinticas. Temas que no son ajenos a la ética. Saludos como siempre.

    1. Gracias Saúl,
      Sí, Sí: la burocracia, en cualquier idioma, vive feliz envuelta en A quien corresponde, cuya realidad, por lo impersonal, hace que no le corresponda a nadie.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  4. Un claro ejemplo es lo ocurrido en Francia con las transfusiones sanguineas contaminadas por VIH. No se encontró a los responsables. Saludos.

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