Si hubiese una persona estudiosa con “tiempo de sobra”, con alumnos deseosos de escribir algún trabajo académico sobre frases e ideas trascendentales cuyo mensaje pervive a pesar de haberse publicado décadas atrás, creo que voluntarios e interesados no faltarían. A lo largo del tiempo numerosos pensadores han aportado mucha luz e incontables preguntas. Algunos lectores de la vida y de la cotidianeidad acostumbran a copiar ideas, notas, sugerencias y apuntes y desempolvarlos cuando la marcha del mundo y el tiempo la requiera. Comparto una idea de Søren Kierkegaard.

Ilustración: José María Martínez
En el primer volumen de O lo uno o lo otro: un fragmento de vida, el filósofo danés escribe: “Nuestra época recuerda la de la decadencia griega: todo subsiste, pero nadie cree ya en las viejas formas. Han desaparecido los vínculos espirituales que las legitimaban, y toda la época se nos aparece tragicómica: trágica porque sombría, cómica porque aún subsiste”. Kierkegaard (1813-1855) publicó O lo uno o lo otro en 1843 firmando un seudónimo, práctica frecuente en su obra. Han transcurrido casi dos siglos desde la invitación de Kierkegaard. Su tiempo lejano es nuestra realidad viva. Su idea acerca del mundo tragicómico persiste, con una inmensa diferencia: ahora lo trágico y lo cómico han ahondado sus raíces en el devenir del mundo y en sus diversos tejemanejes, cuyos enredos son cada vez más nocivos, más perjudiciales y, para la mitad de la población mundial, con mínimas esperanzas para mejorar su calidad de vida.
Dos palabras resumen la idea del también teólogo: sombría y cómica. Así la vida de hoy: opaca, umbrosa, ridícula, penosa. Ambos calificativos, sombría y cómica, representan un retrato fiel de la condición humana. La decadencia citada por Kierkegaard corresponde al cáncer anaplásico contemporáneo al que denominamos política. Deseable sería que la ralea política estudiase y leyese con inteligencia lo trágico y sombrío de nuestros tiempos. Quizás así las maniobras circenses de los políticos serían un poco menos estúpidas. Aunque lo dudo: no existen vacunas contra la contumacia.
Sin embargo —me contradigo— es importante que no sepultemos la esperanza; sin ella, es imposible cambiar. Sin importar ni el idioma ni el color ni el mal enquistado en la política y en sus marionetas, busquemos los caminos para disminuir sus errores y latrocinios. El problema, vigente y crudo, es enorme: ¿cómo sepultar el Mal?
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Dr, creo ya superamos a los griegos , ellos por lo menos no destruían al mundo como lo estamos haciendo en esta generación .Usted es un lector de la vida y la cotidianeidad , lo postularemos para la enseñanza con alumnos deseosos de saber .
Saludos y gracias por esta columna a algunos nos gusta saber todavía
Claudia:
Gracias por tu comentario, triste y real: si hablamos de destruir, carecemos de límites, y, además, carecemos de preguntas. Mi impresión es que la reunió recién finalizada en Glasgow fue un fracaso; faltaron muchos acuerdos necesarios. Y gracias por tu invitación en relación al mundo del saber.
Saludos y gracias a ti,
Arnoldo
«No es un plan excelente el que no puede modificarse». Publio Sciro. «Abandona lo.que quería ppseer; de nuevo vuelve a lo.que ha dejado; siempre flotante, él mismo se contradice sin cesar». Horacio. «Debemos compadecer a quienes gobiernan porque no saben que hacer». Emerson. «Signo de los tiempos, locos guiando ciegos.» «Lo bueno es malo, lo malo es bueno». Coro de brujas de Macbeth.
Saúl:
En el México actual, el que no condena al innombrable Ortega de Nicaragua, el Coro de brujas, al cual haces alusión, es falso: «Lo malo es muy malo y lo muy malo siempre podrá ser peor».
Saludos,
Arnoldo
No, a Shakespeare no le podemos enmendar la plana. El asunto de la ética es complejo, desconcertante, y por supuesto, lo peor puede ir a mucho peor: en los detalles se esconde el diablo; el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones. Saludos, como siempre.
Me quede pensando en el hecho que cada época el escritor y pensador de turno ve que con negras tintas su tiempo. Montaigne en alguna parte lo dice, por mencionar a alguien. O las reflexiones de un compatriota mío, Nicolás Gómez Dávila, y sus escolios pesimistas. La humanidad cada tanto ve negro su tiempo. Hay razones para ser pesimista: De la cumbre sobre el clima, volutas de humo. Ortega se atornilla, Maduro sigue ahí, Putin cierra la llave del gas y extorsiona a Europa, golpes de estado en África, en fin. Me quedo con DH Lawrence, que en Lady Chatterley lover escribio:
«La nuestra es esencialmente una época trágica, así que nos negamos a tomarla por lo trágico. El cataclismo se ha producido, estamos entre las ruinas, comenzamos a construir hábitats diminutos, a tener nuevas esperanzas insignificantes. Un trabajo no poco agobiante: no hay un camino suave hacia el futuro, pero le buscamos las vueltas o nos abrimos paso entre los obstáculos»
Nuevos habitats, pasar entre obstaculos: La esperanza.
Un afectuoso saludo, mi dr Kraus
Querido Samuel:
Gracias por compartir tus reflexiones, interesantes y ad hoc; enriquecen el blog y amplían la discusión. Habrá que repensar la vieja idea de Kant -nunca vieja- acerca de su postulado: «El Mal está determinado ontogénicamente», a la cual, de ser veraz, habrá que agregar los sucesos cotidianos, locales y mundiales. A propósito de las palabras previas, la idea de D.H Lawrence es genial, muy adecuada; adecuada y necesaria. No sepultemos la esperanza, NO, ¿a pesar de Glasgow?, ¿a pesar de los políticos latinoamericanos?
Sigamos conversando: me nutre.
Saludos afectuosos,
Arnoldo
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En España a los pesimistas les llaman quejicas, en México azotados. Por mi parte: «amo los datos concretos de la vida:el sol, la yerba, no sé a donde me llevará todo esto». «Anoche soñé a una joven que amaba reir y la estreché con fuerza» «se dejó hacer todos los goces que mi cuerpo le pedía» «mas un hado celoso disipó mi sueño».
m
No me parece que Montaigne sea pesimista.
Se pueden intercambiar puntos de vista, reflexiones, sobre cuestiones que no están en la agenda pública, vgr., los huerfanos que dejó el Covid. Tal vez podamos hacer algo. Saludos a todos.