nexos  hoy

Bettelheim. Unas palabras

Bruno Bettelheim fue un ser humano inmenso. Faltan brunos: su vida y su final siembran, invitan. En un mundo rápido —líquido, complicado, amoral, barato, rendido ante el poder, dirigido por políticos ineptos, cuyo lenguaje se acopla bien a los caracteres permitidos por el universo Tuit— figuras como Bettelheim alimentan. Aquí, entonces, van unas breves palabras para evocar a un personaje admirable. Cuando me encuentro con él, en sus legados o en los de otros, mi aprecio crece.

Ilustración: Víctor Solís

Bettelheim (1903-1990) representa —amén de su interés por el autismo y otros temas afines, en ocasiones sujeto de controversias, como se escribió tras su muerte— un superviviente en toda la extensión de la palabra, sobre todo porque pasó once meses en campos de concentración. A Bettelheim le gustaba compartir un chiste que de chiste no tiene nada. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, dos judíos se topan en Berlín. Ambos desean saber sobre un conocido común. Uno dice: “Cuando la Gestapo llegó a su casa se tiró por la ventana”. A lo que su interlocutor agrega: “Bien, bien, tuvo suerte: mejoró su situación”.

Bettelheim le contaba la broma a otros, pero también a sí mismo: morir “con dignidad” fue una de sus grandes obsesiones. Bettelheim se suicidó a los 86 años de edad. Al momento de su muerte gozaba de prestigio en diversos campos, sobre todo en psiquiatría infantil. Tras su deceso, sin embargo, fue denunciado por plagio; sus defensores comentaron, con razón, que las denuncias deberían haberse realizado mientras aún vivía. Dichas discrepancias no son motivo de este pequeño texto.

Bettelheim se quitó la vida por medio de barbitúricos; al unísono, para no fallar, se cubrió la cabeza con una bolsa de plástico. Procedió de esa forma debido a que el doctor con quien había pactado para que le ayudara a morir falleció unos meses antes. Había comentado en diversas ocasiones que no aceptaría la degradación física ni psíquica propia de la edad. Para él, dignidad, libertad y autoestima eran pilares de la vida. Con frecuencia, al igual que el chiste que recordé más arriba, repetía la historia veraz de una mujer joven a quien un miembro de las SS le exigió bailar desnuda antes de hacerla entrar a la cámara de gas. La joven le arrebató el fusil y lo mató. A los pocos minutos fue fusilada.

La “Ecuación Bettelheim”es la siguiente: ser libre es indispensable. Para serlo es necesario ser valiente. Ambos atributos son imprescindibles para afrontar y precipitar la propia muerte.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos  la columna Bioéticas.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Mirar los días

7 comentarios en “Bettelheim. Unas palabras

  1. Hay una historia negra respecto al personaje, desde luego tiene seguidores, incontrvertible es su teoría disparatada sobre el autismo, también se le acusa de falsificar sus credenciales.

    1. Gracias Saul, como escribí en el texto, a Bettleheim se le acusó después de morir; muchos lo defendieron. Aclaré que ese no era el tema. La esencia del texto es otro, seguro lo leyó.
      Saludos,
      Kraus

  2. ser libre y ser valiente , debería ser un derecho de todos doctor un pilar de la vida como bien lo escribe.
    gracias por compartir esta historia .
    saludos

    1. Claudia,
      Mil gracias por tu interés. La valentía sumada a la dignidad hicieron que Bettelheim procediese como lo hizo. Y, como dices, gran ejemplo, digno de admiración.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo Kraus

  3. Los trazos sobre el personaje son demasiado gruesos; por mi parte le diré que me interesa la siquiatría y su cura aplicada para el autismo por su barbarie lo hermana con sus verdugos; por otra parte, fue acusado de antisemita, y respecto del suicidio, si de muertes ejemplares se tratara, el suicidio de los Koestler es más llamativo. Saludos.

  4. La nobleza de B. Bettelheim se puede leer en su texto “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” donde, me parece, a partir de sus reflexiones en los campos de concentración de Dachau y Buchenwald, propuso que gracias a la narrativa, el ser humano, en este caso el niño, puede encontrar un canal liberador.
    Gracias, Dr. Kraus, por recordar a este ser humano tan digno

    1. Mil gracias a ti Alejandro por tu tiempo y por recordarnos el valor del libro que citas. En efecto, vivió y transmitió.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

Comentarios cerrados