Recién leí dos noticias. Una sensata otra insensata. La sensata, para mí es, además, sorprendente. Un estudio publicado en noviembre de 2015, en Current Biology, por Jean Decety y colaboradores, mostró que existe una relación inversamente proporcional entre religiosidad y altruismo. El estudio, The Negative Association between Reigiousness and Children´s Altruism across the World, basado en las entrevistas a padres de 1,170 niños de diversos países, reveló que los hijos crecidos en casas religiosas practican menos valores como altruismo, empatía y justicia cuando se les compara con la prole proveniente de hogares ateos o no religiosos.
La investigación cumple cabalmente con cánones científicos estrictos. Decety concluye: “Espero que la gente empiece a entender que la religión no es una garantía para la moralidad, y que la religión y la moralidad son dos cosas diferentes”.

Ilustración de Louis Wain (1860–1939).
La noticia insensata, para mí no es sorprendente. Aunque la siguiente información parezca invención no lo es: Un ministro israelí de ultraderecha propuso, en noviembre, deportar a los gatos callejeros para respetar la Biblia. Nada más infame que el encuentro de fanatismos diversos: ¿puede haber algo peor que la suma de religiosidad ad nauseam y ser ultraderechista?
Uri Ariel, titular de Agricultura, busca deportar a los gatos israelíes en lugar de castrarlos. La esterilización, argumenta el ministro de Hogar Judío, es contraria al principio bíblico, “creced y multiplicaos”.
Dos millones de gatos callejeros, como es el caso de Israel, representan un problema grave de salud pública. Desde hace años se cuenta con un presupuesto para castración; 100.000 animales han sido esterilizados. Ese dinero, sugiere Ariel, podría utilizarse para trasladar a los felinos a naciones que deseen aceptarlos. No castrar a los felinos acata las leyes rabínicas que favorecen la proliferación de las especies animales y que condenan la crueldad contra ellos.
El problema no es Dios. El problema somos los seres humanos. Ya lo dijo la atormentada voz de Pascal, “incomprensible que exista Dios e incomprensible que no exista”. El embrollo entre el sí divino del ministro israelí y la realidad científica del estudio de Decety es inmenso, cotidiano, abismal y mundial.
Aunque es imposible ser sensato ante insensateces como las que suman los ultras religiosos y políticos, la sensatez de la ciencia, como lo demuestra el estudio de Decety, experto en empatía, invita a serlo: urge crear o reinventar una ética mundial, donde los felinos no sean deportados y los hijos puedan aprender, alejados de dogmas religiosos, desde el útero, el valor de la empatía, de la justicia, del altruismo y de la ética.
La ética una disciplina, que la religión mira con desdén, prefieren ser por fe, que ser por disciplina moral. La ignorancia en ves del conocimiento.
Luis:
La fe no admite cuestionamientos. En eso radica la fuerza -vana, apócrifa-, de muchos religiosos.
Imposible no cuestionar.
Saludos,
Arnoldo
En un estudio serio y profundo sobre la vida de Jesus de Nazareth, cuya fuente son los evangelios que se encuentran en el Nuevo Testamento, me ha resultado difícil desarrollar un perfil sobre la vida de Jesus, ya que todo lo que se dice de Él en los evangelios está concentrado en su misión de salvador del mundo en su relación al pecado. Sobre su conducta en relación a la gente que lo rodeaba, no se revela nada en cuanto a una empatía, se habla de justicia,pero no la que él haya tenido que ejecutar personalmente con su parentela o amigos, se pretende presentarlo como un hombre generoso, pero la generosidad que aparentemente aparece está relacionada con Dios, que es quien supuestamente lo envió en su nombre a la tierra a cumplir un plan de salvación de la «humanidad», pero que en realidad era solamente para el pueblo judio, no para la humanidad en general.
Eso es un error, porque la fe está basada en razones y si no tiene como respuesta con razones, entonces se vuelve fanatismo y superstición.
Algo en relación a esto, es por ejemplo que nuestro país la mayor parte de la población profesa alguna religión. Peregrinaciones y diversas muestras masivas de los cultos, en los cuales el factor común es la convivencia con justicia, respeto , amor al prójimo y a la naturaleza.
Sin embargo somos una sociedad que en general viola leyes, corrupta, falta de respeto , empatía etc. Es una contradicción, será que muchos al venerar creencias creen que están libres de pecado o culpa.
Julio:
Pienso que buena parte del problema estriba en la falta de ética que profesan muchos religiosos. Imposible servir a Dios y ser corrupto.
Saludos,
Arnoldo
Las posturas beligerantes, radicales, insensatas y vestidas de religiosidad solo engañan a los incautos. Por culpa de la hipocresía mucha gente no quiere saber nada de Dios ni de la Biblia y se pierden la oportunidad de saber lo que realmente enseña. Basta leer la vida y ministerio de Jesús para darnos cuenta de lo que es la verdadera religiosidad. Hay millones de personas en el mundo que se esmeran en seguir el ejemplo de Jesús quien llevó una vida equilibrada, sencilla y de profundo humanismo y ética irreprochable. Ya lo dijo Jesús: por sus frutos los reconocerán.
Concuerdo con usted señor González, el problema no son los mensajes de las religiones ni su esencia; el problema es, y ha sido, la hipocresía -lo sabemos- y las mentiras con las que viven y se encubren la mayoría de los ministros religiosos de la mayoría de las religiones. Contra eso nada se puede hacer, salvo, como usted señala, leer por cuenta propia el mensaje de las religiones.
Saludos,
Arnoldo Kraus
Los valores y la etica se maman en el seno familiar, a favor o en contra, los lineamientos filosoficos del cristrianismo, coadyuban a un exito humano, lo implemente en mis hijos satisfactoriamenre, lo cual es muy dificil en tiempos actuales, 33 y 20. mi hijo de 20 aun acude a misa y lo mantiene fuera de drogas, residente de USA; CREANME, reto mayor.
Querido Arnoldo: Es una alegría diaria coincidir contigo. Un beso y mi admiración encariñada, Angeles Mastretta
Querida Ángeles:
Aprecio mucho -todo- tu amable y afectuoso correo. Es una alegría coincidir con personas a quien leo, aprecio y admiro.
El mejor de mis abrazos,
Arnoldo
Arnoldo:
Hace unos días nuestra amiga y colega oaxaqueña Gabriela Torres planteaba en su muro, y a propósito del Día Mundial de la Discapacidad, una propuesta de lo que podríamos considerar como discapacidades éticas. Resumo lo que escribió Gaby:
«1) Ceguera progresiva: Dejamos de ver lo importante para vivir. 2) aSordera profusa aguda y rápidamente invasiva bilateral: Muy pronto dejamos de oir… Solo oimos lo que queremos y a nuestro ego. 3) Trastornos del habla: Todos los demás se vuelven objeto de nuestros gritos… Hablamos palabrotas altisonantes y sufrimos de madrismo, chingaderismo, cacofonia y palabras de índole sexual para reirnos. 4) Trastornos de la memoria: Se nos olvida ser felices… Se nos olvida la gratitud, la nobleza… solo nos acordamos de lo que nos conviene. 5) Trastornos graves del equilibrio y de la marcha: Nuestro equilibrio emocional vive al limite y depende siempre de la opinión de otros… caminamos hacia atrás… solemos brincar para que nos vean entre la multitud aplastando a los de a lado. 6) Trastornos del sistema límbico o emocional: Hemos perdido la capacidad de unirnos por una causa justa… la compasión no se expresa. 7) Manias excesivas: como tener mucho de todo sin compartir… horas viendo tele… ante actos… que condicionan y estructuran la mente para tolerar la violencia…»
Me pareció muy atinada su reflexión sobre discapacidades éticas que ella propone. También me parece que poder revertir estas discapacidades éticas (verdaderas «discapacidades», a diferencia de las «físicas» que enfrentan otros humanos y que ahora llamamos «capacidades diferentes» por el gran nivel de adaptación que desarrollan -dudo que uno se pueda «adaptar» a las discapacidades éticas), no depende de allegarse a una u otra religión (o a ninguna), si no de revertir una discapacidad mayor y que esbozas en tu blog actual: la arreflexia y la resistencia al conocimiento. Perdemos la capacidad de ser racionales y razonables. Una discapacidad que nos lleva a creer en cosas que no tienen sustento por encima de otras para las cuales tenemos datos (a veces incompletos e incluso incorrectos, pero siempre modificables mientras que lo otro…, lo otro nos lleva a deportar gatos y alabar la insensatez).
Patricio:
Gracias por tu muy enriquecedor comentario -más bien, por tu blog. No sé si fuiste tú, o Gabriela Torres quien «creo» el término discapacidad ética. Me parece espléndido el concepto, bien trazado en los siete puntos que ambos enarbolan. Tomarlos en cuenta y confrontarlos podría servir para mermar la hegemonía de nuestras discapacidades éticas. En el artículo que hoy publiqué en «El Universal», elucubro sobre el concepto Capital ético, término utilizado por la filósofa Adela Cortina. Creo que esa idea se complemneta con la tuya y la de Torres. Habrá que ahondar en el concepto «discapacidad trica».
Mil gracias por tu aportación.
Abrazo,
Kraus