Lo acepto, me es difícil entender si la idea siguiente merece discutirse: en la vida, ¿pesa más la casualidad o la causalidad?* El intríngulis, en palabras llanas, es la vida misma, i. e., la existencia total, la vida en todas sus facetas.
¿Uno es o se hace?, o bien,
¿Uno nace o se transforma?, o,
¿Uno “llega y es o no es”? debido a factores personales, sociales y familiares: trabajo, herencia, economía, país de origen.
La causalidad explica: se nace y se intenta construir a partir de circunstancias favorables o desfavorables, tanto hereditarias como económicas. La casualidad explica: no se nace con la “vida resuelta”, la persona se beneficia de las oportunidades y a partir de ellas construye o no.

Ilustración: David Peón
Mis amigos filósofos, algunos con posdoctorados, han debatido al respecto durante años. Escritos diversos, cursos en el país y en el extranjero, tesis doctorales de sus alumnos y etcétera —en etcétera incluyo a Dios—, no han logrado aclarar la ancestral pregunta, ¿por qué yo no y él sí? De ahí mi inquietud por el universo causalidad/casualidad.
De nuevo lo acepto, libro “mi lid” con mis dudas; no logro resolver mi diatriba: en la(s) vida(s) de un ser humano, ¿predomina la causalidad o la casualidad? Después de tantos años de bregar y preguntar sigo sin concluir. Recuerdo una vieja idea, sin duda modificada por lecturas y discusiones, ¿es el ser humano el arquitecto de su propio destino? Cuestión añeja, sin respuestas precisas, siempre vigente. Concluyo sin concluir —no me apena—: somos la suma de los encuentros y desencuentros entre causalidad y casualidad. Idea, lo sé, ociosa para algunos, interesante para otros. En las definiciones anotadas al final, quienes apuestan por la casualidad como destino no son responsable por lo que sucede en su vida. Quienes se decantan por la causalidad deben obviar la definición de la Real Academia: es entre mediocre y pésima. Propongo otra aproximación: los sucesos en la vida, su éxito o fracaso, dependen en buena medida, cuando no es demasiada la pobreza ni asfixiante el oprobio político o religioso, de las actividades de la persona.
De nuevo concluyo sin concluir. Somos, hipotetizo, la mezcla de ambos espacios. Sería deseable encontrar una palabra para describir ese interludio.
* Para los amantes del lenguaje, y con el fin de alimentar la discusión, copio las definiciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:
Casualidad: Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.
Causalidad: Causa, origen, principio. 2. Filosofía. Ley en virtud de la cual se producen efectos.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Me perdona que me extienda Dr. Kraus ante su texto. “Yo soy yo y mi circunstancia” decía Ortega y Gassett. Mi coterráneo García Márquez decía de un mago, que era “el mejor mago del mundo, lástima que nació en Riofrio”, un pueblo cerca de aquí, famoso por el cultivo del banano y la pobreza. Susan Sontag expreso muy bellamente esa idea: «La historia, u horror que un gran escritor está obligado a soportar no hace de él o ella un gran escritor. Pero la geografía es destino». La geografía es destino…. llevo rato dando vueltas a esa idea. No es lo mismo para un aprendiz de físico nuclear, nacer en Colombia que en Estados Unidos. La geografía puede verse, por ejemplo, como causa, o casualidad, en la manera que esta persona puede o decide superarlo. Así que en principio coincido con su hipótesis, la mezcla de los dos. Quiero añadir un episodio que esta contado en la película El festín de Babette, donde la protagonista, que trabaja con dos hermanas solteras, organiza una fiesta para sus amigos. Uno de los invitados es un antiguo enamorado de una de las hermanas, general que cuando fue joven estuvo en el pueblo y pidió la mano de una de las hermanas. El padre estuvo dispuesto a darle la mano si se quedaba en el pueblo para atender a sus feligreses (el padre era pastor, y tenia una comunidad religiosa). El joven rechazo eso, y prefirió seguir su carrera militar, que lo llevo a la Corte de Dinamarca. El militar recordaba lo duro, la casualidad de estar en ese pueblo, y la decisión tomada. En su monologo, reconocía eso, pero se daba cuenta que el evento, como tal había perdido importancia. No había rencor ni dolor, y entendía que había tomado la mejor decisión en esa circunstancia. Quería ser, ante todo, militar (Causalidad). Al final lo que le señalo es que si, la casualidad existe, pero tal vez -solo tal vez- la causalidad es más fuerte. O al menos, dura más en el tiempo.
Samuel:
Siempre agradezco su interés y sapiencia. Sus comentarios son poderosos: valdría la pena que usted los recupere y haga una suerte de blog (sugerencia desechable).
1. Geografía es destino. Cruda realidad, innegable realidad, cada vez mas patente e infranqueable obstáculo. Geografía «buena» atrae. Geografía «mala» sepulta.
2. En «El festín de Babette» las dos ancianas protagonistas tenían un fuerte sentido del deber así como una suerte de compromiso con Dios. Dinamarca y la geografía colombiana y la mexicana son dos mundos aparte. Ellos habitan una Tierra, nosotros otra Tierra.
Me gusta cavilar cuando no cuento con respuestas precisas. Causalidad y casualidad son buen tema. Me decanto por la causalidad.
Saludos y gracias,
Arnoldo
Otra vez Borges:
IN MEMORIAN A.R.
El VAGO AZAR o las precisas leyes
Que rigen este sueño, el universo,
Me permitieron compartir un terso
Trecho del curso con Alfonso Reyes.
ODA COMPUESTA EN 1960
EL CLARO AZAR o las secretas leyes
Que rigen este sueño, mi destino,
«Un golpe de dados jamás abolirá el azar». Dijo otro poeta.
En El Mercader de Venecia también hay algo.
El tema lo encuentro seductor. Saludos.
Gracias Saul:
Me gusta más hablar de serendipia que de azar, a pesar de tus citas adecuadas y de los grandes textos al respecto. Leer sobre el otrora Ceilán alimenta. Los dados, los aviente quien los aviente, no tiene compromiso. El compromiso nace de la mano, de la persona.
Gracias por tu interés.
Saludos,
Arnoldo