La pandemia modifica el tiempo: no su cantidad, no su espesura, no su lentitud, no su rapidez, no sus preguntas, no la falta de respuestas cuando el tema universal son las vidas de uno, de los seres queridos y de los otros lejanos, no su endemoniada carga, no su condición inasible.
Mirar los días
Ser testigo
Quienes sobrevivan a la pandemia, sobre todo familiares y conocidos de los muertos, médicos, enfermeras, personal de limpieza y camilleros dedicados a tratar y cuidar enfermos, así como políticos dedicados a ordenar, en ocasiones con razón, casi siempre sin razón, se convertirán en testigos.
Morir durante la pandemia
Covid-19, además de matar sin miramientos, ha impedido, en muchos casos, seguir los ritos y costumbres occidentales. Debido a la rápida y elevada letalidad, la muerte alcanza a los enfermos y acaba con ellos en condiciones infrahumanas, en ocasiones sin atención médica, otras veces en las camas de los asilos, en casa sin apoyo o en las afueras de los hospitales. Expirar sin el cobijo médico y sin los brazos de los seres cercanos es otra cara de la muerte por coronavirus.
Covid-19: ¿Cambiará la humanidad?
Animales humanos, agua, animales no humanos, insectos, aire, tierra y flora han sido víctimas de los embates sin freno de nuestra especie. Soslayar las advertencias de ecologistas y científicos sobre los cambios mortíferos producidos por nuestra especie en la Tierra ha sido un error. No frenar la carrera sin freno en pos del dinero ha sido otro golpe: humanidad versus humanidad. Globalizar la conquista de la Tierra y universalizar la miseria cobra. Nadie debería cuestionar el término Antropoceno.
Distopías
La suma de distopía y alienación es una suerte de tumor cancerígeno indiferenciado, es decir, muy agresivo y con pocas esperanzas de curación. Esa fea suma retrata a la sociedad del siglo XXI. En muchos tumores se conoce el origen: cáncer de vejiga y de pulmón asociados a tabaco, cáncer de piel secundario a rayos solares, cáncer uterino debido al virus del papiloma, etcétera. Cáncer distópico/alienación es consecuencia de nuestro modus vivendi y de la hegemonía y omnipresencia de modelos opresores.
Pandemias
La altísima popularidad del mandatario y la fe incondicional de sus seguidores los convierten, a él y a su equipo, en responsables, no de la fatalidad de la viremia, pero sí de la posibilidad de disminuirla. Independientemente de las horas acumuladas en las mañaneras, nunca en México un presidente había sido tan escuchado con tanta atención y con tanta esperanza. Esos atributos multiplican la obligación del mandatario y sus asociados. Las palabras pesan.
Relaciones rotas
Empezar es más fácil que terminar. Idea casi siempre veraz. Relaciones amistosas o amorosas, estudios universitarios, artículos periodísticos, novelas, maratones, edificios y un sinfín de quehaceres dan cuenta de esa idea. El caso del amor y su contraparte es sui géneris. No hay estudios dedicados a evaluar si quienes se enamoran y desenamoran más en comparación con sus congéneres viven mejor o peor y más o menos tiempo.
¿Cómo será la vida sin políticos?
La política, comparto una hipótesis, es una suerte de mal menor. Sin ella, ¿cómo serían las naciones?, ¿cómo funcionaría el mundo? Un mal menor pero al fin y al cabo, una especie de cáncer. Coexistir con la inmensa mayoría de los miembros de esa subespecie es complejo. Esa idea me remite a Descartes. El gran pensador escribió sobre las pasiones.
Enamorarse y ADN: ¿qué hacer?
A partir de los avances de la tecnología una nueva cuestión debe considerarse. Quien tenga medios económicos deberá escoger a su pareja a partir de estudios genéticos y no sólo por la atracción corporal o por el impulso hormonal.
Basado en hechos reales
La realidad debería ser escuela: reflexionar sobre sucesos crudos invita a cavilar y a reflexionar sobre las acciones propias y de los semejantes. Los baños de realidad son benéficos. Hacerlo, quizás, podría modificar acciones negativas. Ambas ideas son adecuadas. Ni una ni otra se cumplen. No fracasan ni Dios ni la realidad. Quien fracasa es el ser humano.