Hemos olvidado lo normal. O quizás, más bien, lo normal nos ha abandonado. Normal es una palabra con muchas acepciones. Cada quien tiene su concepto. No hay una definición universal. En el día a día, recurrimos a ella innumerables veces. Inmersos en la pandemia, el término normal, la vivencia de lo otrora normal, se modifica. Cambia cuando se compara con el pasado y lo hace conforme transcurren los días.

Ilustración: Patricio Betteo
Ahora, lo sencillo, lo normal, es diferente. Caminar por las calles, saludar al tendero, comprar en el supermercado, cargar gasolina, buscar en el puesto de periódicos alguna revista, ofrecer una propina, pararse en la fila del banco, estacionarse en la calle, explorar a los enfermos con careta, cubrebocas y guantes, no pagar los parquímetros, acercarse al vecino, apretar el teclado con un guante para escribir el NIP de las máquinas encargadas de cobrar la tarjeta de crédito, detenerse frente al camión de siempre y adquirir los quesos de siempre, saludar de lejos a los hermanos, ha dejado de ser como era antes de nuestra pandemia, la del coronavirus. Lo normal ya no lo es. Todos los de enfrente, conocidos o no, pueden ser portadores del virus. COVID-19 une. COVID-19 no individualiza. Hasta no demostrar lo contrario todos son posibles agentes infecciosos. Mientras transcurren los días y persiste la incertidumbre, todos, en mayor o menor medida, somos portadores del virus del miedo, igual o más contagioso que el coronavirus.
La pandemia actual nos ha derrotado. Cada año se descubren nuevos medicamentos, avanza la biotecnología, aumenta la expectativa de vida, la biología molecular aporta información exquisita, etcétera. En un santiamén COVID-19 demuestra cuan frágil es la ciencia médica. Cientos de miles de muertos, fármacos poco eficaces, experimentos sin éxito en pos de la vacuna, medidas de prevención mediocres, artículos científicos publicados y pocos días después eliminados resumen la cruda realidad. Ante COVID-19 hemos fracasado.
Releo a Albert Camus: “Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se desmorone”. Camus feneció en 1960. Vivió la Segunda Guerra Mundial. Conoció y experimentó incontables violencias. Fue lector, como pocos, de la realidad humana. A pesar de tanta destrucción o debido a ella apostó por el ser humano, “[la tarea de la humanidad] consiste en impedir que el mundo se desmorone”.
COVID-19 no ha desmoronado, por ahora, al mundo, pero ha expuesto su fragilidad. Lo ha golpeado. Lo ha zarandeado. Lo ha cuestionado. COVID-19 ha perturbado el de por si endeble orden mundial. Los muertos denuncian. Los deudos reclaman. La población pregunta, “¿pudo haberse prevenido?, ¿pudo —puede— ser menos trágico?”.
Cuando terminen las destrucciones producidas por la pandemia sabremos si el mundo se desmoronó. Pronto será necesario sumar a los muertos por el virus las víctimas por la nueva pobreza. Mi admirado Camus se equivocó: ninguna generación ha logrado rehacer el mundo. En 2020, tantos años después de la muerte del Nobel, un virus nos quebrantó.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Estimado Dr Kraus. Le saludo y sigo sus artículos con suma avidez, pues me gusta como aborda y percibe las* realidades* pasadas y presentes¡ son fan.
Respecto a Albert Camus, nos puso con su pensamiento en un punto de reflexión muy centrado en mirar nuestras realidades desde diferentes contextos, creo que nos dio la pauta de re -pensar y transformar las
distintas circunstancias que vivimos en una espiral infinita, para adaptarnos a cada una de ellas, y no perecer como humanidad.
Gracias Cristina por su interés y tiempo. Concuerdo con usted: Camus abre y reabre nuestra forma de estar en el mundo. Expone, décadas después de su muerte, la contumacia humana y nuestra incapacidad para aprender y asimilar. Eso es lo que más preocupa: nuestra incapacidad para atesorar las lecciones y sucesos previos.
Saludos, de nuevo gracias,
Arnoldo Kraus
Un virus nos quebrantó con la ayuda siempre eficaz de los políticos.
Saludo afectuoso.
Querida Beatriz:
Lo siniestro y mediocre se profundiza más ante cualquier adversidad. Lo del COVID no es poco; lo de los políticos es todo. siempre todo: imposible mayor mediocridad y más incompetencia.
Gracias,
Arnoldo
“Imposible mayor mediocridad e incompetencia” ay, Dr. Kraus, a mí me parece que NO debemos subestimarlos. Un abrazo.
Beatriz:
¿Te refieres a no subestimar a los políticos? De ser así, tienes razón.
Abrazo de regreso,
Arnoldo
Sí, Querido Dr. a ellos y además, como ayer, a sus cónyuges!!!!
Le sugiero escuchar St James infirmary que es la melodía que uno de los personajes de La Peste de Camus escucha de manera obsesiva.
Gracias Ángel,
Aprecio mucho la información que me dio. No la conocía. Ya escuché y leí sobre St James Infirmary y Camus.
Muy interesante.
Le agradezco (mucho).
Saludos,
Arnoldo