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¿Cómo será la vida sin políticos?

Es muy difícil, casi imposible, convivir con políticos. Sean truhanes, incultos, alcohólicos, tontos, soberbios, monolingües, desinformados, desleales, ladrones —no es lo mismo que truhanes—,  engreídos, traicioneros, sordos —no es lo mismo que soberbios, y, aclaro, no uso el término en forma despectiva para quienes padecen esa afección—, corruptos, altaneros, prepotentes, y, en honor al espacio, etcétera, es (casi) imposible vivir sin ellos. Dos imposibles en el mismo párrafo me impelen a continuar.

Ilustración: Guillermo Préstegui

La política, comparto una hipótesis, es una suerte de mal menor. Sin ella, ¿cómo serían las naciones?, ¿cómo funcionaría el mundo? Un mal menor pero al fin y al cabo, una especie de cáncer. Coexistir con la inmensa mayoría de los miembros de esa subespecie es complejo. Esa idea me remite a Descartes. El gran pensador escribió sobre las pasiones. Enumeró seis. La admiración es una de ellas. Admirar significa en lenguaje llano querer ser como ella o como él, confiar, entregarse. Admirar es una cualidad humana —ignoro si los animales lo hacen—. Admirar, sin fanatismo de por medio,  es necesario, no hay quien no  lo haga. Al hacerlo se progresa, se mejora. Enlisto a los políticos que admiro hoy, ayer, anteayer: …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, …, total, cero.

Los diccionarios explican que la política “…promueve la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común de la sociedad”. Es decir, mi opinión previa, la del mal menor, es inadecuada: la política tiene la obligación de  garantizar el bien común. Linda idea. Salvo en los países escandinavos, quizás en Australia, Canadá y Nueva Zelanda, ¿en cuántas naciones las sociedades son tributarias de políticas públicas sanas?, ¿en cuántas sociedades se admira a los políticos?

Las diatribas previas son reales. El mundo enfermo es responsabilidad de políticos corruptos, incapaces, contumaces, enfermos… Y lo peor, lo kafkiano, es que les pagamos para que sigan jodiéndonos. Soportarlos, busco explicaciones, quizás sea castigo divino.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

6 comentarios en “¿Cómo será la vida sin políticos?

    1. Gracias Gabriela, y si, ¿cómo sería el mundo sin ironía?, ¿cómo seríamos sin Oscar Wilde?
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  1. Dr Kraus, leyendo su columna, he recordado un escrito de Somerset Maugham, quien en una de sus memorias contó que había conocido muchos políticos, y le había impresionado lo mal informado que estaban del mundo. En general eran muy ignorantes en temas comunes, pero, le habia sorprendido lo relativamente bien que habían llevado los asuntos públicos. El decía que era una cualidad que no conocía y que llamo «comprensión de lo posible». Yo no se si sea cierto lo anterior, pero creo que los políticos de antes se basaban en hechos y en expertos, que diseñaban las lineas generales de sus programas y ellos se limitaban a ver hasta donde podían llegar. Hoy, por un lado, los expertos han sido reemplazados por la opinión y las encuestas; en casos como esta pandemia, les toca ser médicos, epidemiologos, militares, mesías y políticos; a la vez deben lograr resultados rápidos. Por ahí leí que un muerto puede significar 1000 votos en una elección. Al final, y eso puede ser una explicación, la gente no le preocupa tanto el personaje y sus defectos, como que lleve las cosas publicas relativamente bien. Para la muestra, su vecino naranja: Impresentable, pero la economía va bien y no ha cambiado de forma radical la sociedad.

    1. Gracias Samuel, ¿existe la serendipia?, justo leía unas notas sobre A Maugham, quien por cierto estudió medicina antes de dedicarse a la escritura, en la novela «Nada que temer» de Julian Barnes, donde indirectamente hace referencia a lo que usted con acierto escribe. Concuerdo con sus aseveraciones. Por ahora, inmersos en la pandemia, la verdad, las verdades unívocas no existen.
      Saludos,
      Arnoldo Kraus
      PS ¿Es de usted el blog que lleva su nombre?, ¿colombiano?

      1. Si señor, soy colombiano. El blog lo hago yo. Había olvidado que Maugham era médico, buena parte de Servidumbre humana es sobre sus estudios de medicina y su pobreza. Si, la serendipia existe, pero tiene sus bifurcaciones: le comento que precisamente comencé a leer a Julian Barnes, El ruido del tiempo, que es sobre la vida de Dimitri Shostakovich y sus dificultades con Stalin. Lo tenía ahí, en la biblioteca y ni me acordaba de ello.

        1. Gracias Samuel, aprecio su correo, no soy devoto de la serendipia pero no la desprecio. El libro de Barnes sobre el inmenso Shostakovich fue muy criticado por Luis gago, si ml no recuerdo, en Babelia de 2019 o 2018, el suplemento de El Páís. Con facilidad encontrará le referencia. Maugham decía que para escribir, primero era deseable pasar unos años en la escuela de medicina. Interesante observación.
          Le mando un afectuoso saludo hasta la muy bella Colombia,
          Arnoldo Kraus

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