Con frecuencia me repito: Así es la vida. He escrito innumerables veces: “El mundo se divide en dos…”. Recurro a dicha certeza cuando observo la inmensa e imparable división de la humanidad: en México, población pro-AMLO versus población anti-AMLO; en Estados Unidos, trumpistas versus seres investidos de ética;en Brasil, bolosonaristas contra personas honestas; en Israel, anti-Netanyahu versus comunidades pro-paz; en Polonia, extremistas de derecha contra habitantes del siglo XXI. Y así. Mi así es muy extenso.

Ilustración: Raquel Moreno
El pequeño e inmenso virus covid-19 forma parte de una de mis obsesiones: “El mundo se divide en dos…”. No escribo sobre lo que sucede en países ricos y pobres, ni acerca de quienes tienen acceso a hospitales adecuados y ni de quienes fallecen en casa, ni tampoco sobre la suerte de saberse apoyados por epidemiólogos de la talla de Anthony Fauci (Estados Unidos) versus los ciudadanos cuyas vidas dependen de escudos morales como sucede en México con Hugo López-Gatell. Comparto unas líneas sobre el covid-19 y la estigmatización.
En Alemania y en Estados Unidos diversos medios “oficiales” han empezado a utilizar el término “pandemia de no-vacunados”. Dicha población, los no-vacunados, consiste de quienes no confían en las bondades del producto. Pero la idea de una pandemia de no-vacunados es inadecuada. Estigmatizar, dada la gravedad de la situación, no es prudente, y menos cuando la acción proviene de países cuya historia —vieja y presente— se ha caracterizado precisamente por señalar, ya sea por cuestiones religiosas o por el color de la piel. Incluso, en otra nota, procedente de una revista médica de alto impacto, se habla de darwinismo; esto es, los no vacunados podrían aumentar el número de decesos de quienes sí se han vacunado. Aunque sea veraz la idea, el término darwinismo social conlleva inmensos problemas éticos.
Si bien es absolutamente veraz que las vacunas protegen, desafortunadamente su eficacia no es universal; en las revistas médicas se encuentran datos sobre la tasa de mortalidad y de enfermedad en vacunados. Es por esto que el término pandemia de no-vacunados es inadecuado. Sin embargo, es necesario repetir cuantas veces sea necesario que el efecto protector de las vacunas es inmenso.
Hablar de darwinismo y de pandemia de no-vacunados tiene riesgos. Quienes han escrito y promovido los términos previos deberían pensar en el impacto negativo de la estigmatización y buscar vías inteligentes para convencer a los antivacunas de las bondades de las vacunas. Sería también prudente buscar las vías para incrementar el nivel de vacunación. En África, por ejemplo, no más del 3 % de la población ha sido inmunizada.
Gran censor nuestro covid: “la población se divide en dos…”.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
El lenguaje se corrompe sobre todo en tiempos caóticos como el presente, vivimos la crisis mundial más profunda en la historia de la humanidad no causada por un conflicto bélico, los gobernantes -no todos- se muestran desorientados, no saben que hacer, y los ciudadanos también, esta crisis es de una profundidad insospechada, no es cuestión entre buenos y malos, eso ya no funciona de hecho nunca a funcionado. Saludos.
Saul,
No es la pero crisis de la historia la actual. Hay muchas y mas graves. Lo que si vivimos es el manejo inadecuado de la pandemia. Los daños son inmensos.
Saludos,
Arnoldo Kraus
MI querido Dr. Kraus, cuando empezó el Covid, en Barranquilla, donde vivo, alcanzamos rápido unos niveles de contagio que eran -y al parecer lo eran- escandalosos. Resultado, las autoridades nos señalaron que eso era resultado, del desorden, la proverbial indisciplina del costeño, el gusto por la guachafita. Bien, paso el tiempo, los niveles de Covid bajaron en mi tierra, subieron en otros lados, y las autoridades achacaban el covid a la «indisciplina social». Recuerdo que en Navidad, las restricciones en Barranquilla eran mucho menores que en el resto del país. Ha pasado un año, y ya esta la vacuna, y las autoridades achacan los picos que se presentan a la Indisciplina, a los no vacunados, a los conspiracioncistas, cuando como usted señala, es una muestra de intolerancia, estigmatización y añado que es una manifestación de la proverbial habilidad de los políticos en escurrir el bulto: La culpa de otros. Y su falta de imaginación. No puedo estar mas de acuerdo con su nota.
Querido Samuel,
Gracias mil por su elocuente e instructivo correo. Como Usted sabe, a través de la historia las enfermedades han sido motivo de estigmatización: sífilis, tuberculosis, sida, etcétera son algunos ejemplos. La situación actual, avanzado -¿avanzado?- el siglo XXI no es diferente. Covid, en ocasiones, es fuente de estigmatización, rubro que daña y divide. Los políticos, como dice, además de escurrir el bulto tienen la gran habilidad de hacer todo mal. Con covid han hecho lo que saben hacer: hacer todo mal.
Saludos afectuoso,
Arnoldo Kraus
En Américana Latina el manejo de la pandemia ha sido un desastre, eso es obvio, desde luego.
Releo su texto y el de Samuel y encuentro que aluden a una pandemia mundial, y lo mismo hace la prensa hoy día. En un texto anterior aludí al encierro de los viejos y el efecto sobre la salud mental de los adultos y esto es global. Está todo por decirse sobre la pandemia, algo que por supuesto Camus no retrató y nuestra pandemia hubiera excedido su talento. Hay mil historias que contar.
Estimado autor:
Leo con agrado su forma de enfocar el problema pandémico y cómo usted menciona, el mundo se divide en dos, en buenos y malos, hombres y mujeres, salud y enfermedad, por decir algunos. Desafortunadamente en el mundo de la medicina nos enseñaron a «luchar» contra la enfermedad dándonos «armas»contra los microbios, hacer la guerra al cáncer, etc. es una obviedad que continuemos con estos estereotipos ya criticados antes por Susan Sontag en sus «metáforas de la enfermedad» (si mal no recuerdo) usando estos adjetivos discriminatorios o belicosos. En concreto nuestra formación académica en todos los rubros se tiende a usar esas metáforas cotidianas lo que indica un defecto en la docencia, quizás por factores que han marcado nuestra evolución en el mundo.
Gracias Alfredo, aprecio tus ideas. Tienes razón: en medicina carecemos, sobre todo cuando tratamos de interpretar el dolor de los enfermos de suficientes palabras para entender lo que el enfermo sufre, padece. El libro de Sontah sigue vigente.
Saludos afectuosos,
Arnoldo