Tengo un conocido, por cierto, muy parecido a mí, excepto por el desenlace de este extracto. K pasó de un psiquiatra, a una psicoterapeuta, después a un psicoanalista y de ahí a un grupo de terapia dirigido por un terapista conductual. Acudió a consulta desde joven. Esa circunstancia explica su necesidad de amar a la vida, de ser posible entenderla e incluso ser amado. Su larga historia no se limitó a un experto en el campo: dos, e incluso tres especialistas en disciplinas similares intentaron ayudarlo. Tanto sus padres como él mismo invirtieron dinero y tiempo.
Hace poco mi amigo mató a su —¿último?— psiquiatra.
Fui a visitarlo a la cárcel. Me permitieron hablar cinco minutos con él. Así son las reglas carcelarias. No hubo como tocarlo —fue antes de su majestad coronavirus— ni apretujarlo.

Ilustración: Gonzalo Tassier
—Hola K, siento mucho dolor por tu médico y por ti. No quiero hacer ningún juicio, no vengo a eso, pero dime, te conozco, eres un ser humano correcto, espléndido, no agresivo… Dime, dime, y, perdón por contradecirme, no entiendo el suceso, ¿por qué mataste a tu psiquiatra?
—Deberías saberlo.
—No, no lo sé.
—Me sorprende.
—¿Me explicas?
—Era necesario. Le advertí en varias ocasiones que no era prudente insistir tanto.
—¿En qué insistía?
—No dejaba de decirme la verdad. Le solicité muchas veces dosificarla e insistía en machacarme. Era contumaz. No me hizo caso. Dime, ¿cuánta verdad toleras tú?
Al principio de este mini relato debí aclarar: K era político.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
No imagino a un político en el diván del sicoanalista; pero tengo noticia que algunos recurren al santero. Son supertisiosos, ya los hemos visto con amuletos para conjurar la pandemia.
Saul:
En México, antes de Breton, independientemente de las siglas -PRI, PAN, Morena- la clase o ralea política, como gustes llamarla, acudía sus sicoanalistas, que no sicoanalistas: pagaban diez veces más para escuchar lo que deseasen (ACLARO: no tengo nada en contra de los sicoanalistas, los admiro: el paréntesis es para subrayar que en el mundo de nuestros políticos todo lo que es valido no es valido y viceversa).
Saludos,
Arnoldo Kraus
Pregunta hermana de la anterior: ¿Cuánta ficción es necesaria para vivir?
Samuel:
Tanto en Colombia, tu casa, como en México, la mía, si posees información y vives gracias a los significados de las palabras, sin ficción es imposible vivir. A menos que seas político.
Hay una teoría según la cual nunca conocemos la realidad, o dicho de otro modo, siempre las realidades emergentes nos muestran otra realidad insospechada: tal es el caso de la pandemia en curso que en mayor o menor medida ha transformado nuestra anterior realidad y tenemos que tomar medidas radicales como en el caso de la educación, de la vivienda, de la economía familiar y del surgimiento de insospechados reforzamientos de lazos afectivos y también de adioses, que como alguien dijo: » decir adiós es morir un poco».
Saul,
En efecto, decir adiós es morir un poco. Decirlo y regresar, a la vez, es evitar el descenso final. Evitarlo exige explorar, como sugieres, nuevas realidades, y si no nuevas, si desconocidas. De ahi el «core» del blog: los seres humanos no toleramos el peso, cuando es excesivo, de la realidad. Y sí; el coronavirus, para mal por los muertos y sus deudos, para bien para la sociedad decadente, abre, abrirá, nuevas realidades.
Gracias,
Arnoldo
Dijo Ortega y Gasset que es conveniente para las sociedades que se sientan o se sepan amenazadas; en la horda, dicen, los viejos fungían como centinelas y así explican hasta la actualidad el insomnio de los ancianos; por supuesto los viejos se convertían en una carga para la horda cuando perdían esa cualidad y dormían la mayor parte del tiempo. El autor de the long goodbay dice que el café en las venas es la sangre de los hombres cansados :recuerdo la vez que Pitol se quedó profundamente dormido en el prosenio de un auditorio repleto ante un homenaje por su obra y su cumpleaños. Carlos Fuentes fue el orador que con su alocución arrulló al festejado. Imagino que las farmaceúticas han hecho buen negocio con el viagra; en todo caso: camarón que se duerma se lo lleva la corriente. Por cierto, por un artículo de Villoro me enteré que Pitol padecia de una cierta sordera.
Saludos.
Otro gran español, Miguel de Unamuno, en los tiempos negros en torno al franquismo, al referirse a la derrota moral de España, a lo que el llamaba una epidemia frenopática, al referirse a los tiranos hablaba de los «hunos y los hotros»…, regreso: ¿cuánta verdad tolera el ser humano?, poca los unos, poca los Hotros, muy poca los hunos, nada los otros.
Saludos y gracias,
Arnoldo