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¿Desaparecido o desaparecido?

“Dicho de una persona: Que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive”, reza la definición de desaparecido del Diccionario de la Real Academia de Española. La palabra no es nueva. Estoy seguro que data de mucho tiempo atrás. No la busco en ediciones anteriores. No es necesario. En la actualidad, su uso —también estoy seguro—, va en aumento. No sé “cuánto” ha aumentado pero intuyo que mucho.

desaparecidos

En los medios de comunicación la palabra desaparecido, la mayoría de las veces sin los nombres de las personas es noticia cotidiana. Desaparecido escriben unos, desaparecido escogen otros. Las cursivas “protegen”, no son “absolutas”, permiten una dosis pequeña de ambigüedad. Me inclino por desaparecido.

Los desaparecidos, sobre todo migrantes o refugiados son, en la prensa, seres innominados. Nombre y apellidos son bienes inherentes al ser humano. Sin ellos, ¿qué es persona?; sin ellos la persona no existe. De eso también se trata cuando se escribe desaparecido.

Desaparecido es la palabra más dolorosa que conozco. Duele más y de otras formas que muerto. Incluso pesa más que suicidio. Las tumbas brindan certeza. Las muertes sin cuerpos impiden cerrar. Cerrar ciclos imprescindibles: nacer y morir. Decretar la muerte sin el muerto es imposible. Es imposible sepultar la esperanza sin el sujeto, sin el cuerpo.

Parte del dolor de los familiares de los desaparecidos radica en la palabra esperanza. Esperanza es un espacio enorme. Quienes padecen dolor, miedo o incertidumbre lo saben: aguardan con esperanza. Lo último que entierran los familiares de los desaparecidos son sus ilusiones, sus esperanzas.

Hay espacios, como el Proyecto Desaparecidos, que se ocupan de las víctimas del terrorismo de estado. En ellos se pretende conocer quienes fueron y quienes son los secuestradores, torturadores, asesinos y cómplices por las desapariciones de miles de personas. Otras organizaciones, como la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho,  atienden y ayudan a los familiares de desaparecidos, la mayoría centroamericanos. Los migrantes centroamericanos desaparecidos en México carecen, para las autoridades, de nombre.

En la página desaparecidos.org se lee: “La práctica de las desapariciones forzadas se ha vuelto común en México. En Chiapas, la represión militar y paramilitar contra la población civil se manifiesta en asesinatos, masacres y desapariciones forzadas. Las víctimas de la desaparición forzada en Guerrero y Oaxaca son, por lo general, activistas sociales y comunitarios preocupados por la situación de los campesinos, que son víctimas de violaciones a los derechos económicos y sociales…”.

En los diccionarios de ética que tengo a la mano no figura desaparecido. Es necesario agregar la palabra e imprescindible resignificarla. El acto, desaparecer a un ser humano, atenta contra principios éticos fundamentales. La suma de los participantes implicados en desaparecer a una persona es enorme. Al hacerlo, al actuar en connivencia, se atenta contra el valor intrínseco del ser humano, de la vida en sí.

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Publicado en: Mirar los días

12 comentarios en “¿Desaparecido o desaparecido?

  1. «Desaparecido es la palabra más dolorosa que conozco. Duele más y de otras formas que muerto.»

    Yo agregaría que es la palabra que más enfurece. Sobre todo porque muchos de los desaparecidos lo son por personas que se supone deben cuidar de que no ocurra. Enfurece tanto que por eso muchas veces decimos que “ a mi no me secuestran; antes me matan.”

  2. Manuel:
    Concuerdo, desaparecido duele y enfurece. Y… lamentablemente ya, poco a poco, esa tragedia forma parte del inventario nacional y mundial: poco a poco dejamos de sorprendernos, poco a poco el oprobio nos silencia.
    Saludos,
    Arnoldo

  3. Vivimos en un país donde las personas son despojadas sin más de sus derechos fundamentales y en cualquier momento desaparecen del mundo. Para las víctimas, en efecto, es la violación extrema de los derechos más elementales; para los victimarios, los verdugos, es la elevación de un poder extremo al nivel de dios. Disponer de la vida, del cuerpo, del destino de otros es el poder supremo que adquiere y ejerce quien a su vez se separa de la sociedad, de eso que alguna vez se llamó «condición humana», y asume la condición de monstruo.

    1. Gracias Ramón:
      El problema en México es terrible. Y es más terrible porque nada se mueve. En Guatemala, que ejemplo, el Presidente y la Vice Presidente pernoctan en la cárcel. Y aquí tenemos Veracruz, y Guerrero y México. Poco avanza nuestra sociedad.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  4. Querido Arnoldo:
    A propósito del tema, recomiendo la lectura de «Ayotzinapa. Horas eternas», de Paula Mónaco Felipe (Ediciones B, 2015). Además de relatar lo que es casi inenarrable, incluye las minobiografías (fotos incluidas) de los 43 desaparecidos, los tres caídos y los dos heridos. Un esfuerzo por no olvidarlos. Aquí el olvido es también un crimen.

  5. Querido Luis:
    No conozco el libro. Gracias por la recomendación. Lo que es cierto es que el olvido es, como dices, un crimen. Y no repararlo, un crimen doble. Por algo no le permitieron a Obama -¿por qué aceptó el Nobel ed la Paz?- entrar al ESMA en Argentina.
    Abrazo,
    Arnoldo

  6. El Desaparecido… Y sus familias desparecidas, sus hijos con otros hombres que no son sus padres, con adultos que no los abrazaron al nacer, con cariños hipócritas llenos de ojos lastimosos hacia una estirpe que no sabe que hacer…tal vez al crecer tomar venganza de un estado y de una sociedad pusilánime ante una tragedia que arropa a todo un ejército de futuros huérfanos de ese «desaparecido», no nos preguntemos entonces en unos años que le pasó a este mundo…

    1. Lola:
      La última frase de tu comentario, la hago mía, «…no nos preguntemos entonces en unos años que le pasó a este mundo». Demasiada la sordera, infinita la complicidad, Dolororso el silencio. México, nuestro México, cuenta con un enorme número de desaparecidos.
      Gracias por el comentario,
      Arnoldo

  7. es muy triste, creo, y más cuando como en el emblemático caso de los 43 estudiantes, donde según su articulo, hasta las autoridades sean del nivel que sean o hayan sido partícipes de tan deleznable hecho

    1. Marco Antonio_
      Lo de Ayotzinapa es el culmen de una serie de sucesos nauseabundos. Son tantas las contradicciones del suceso y tan brutales los hechos, que esa es, lamentablemente, una de las cartas de presentación de nuestro país en el extranjero. El problema brutal es que nuestras autoridades parecen no enterarse.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  8. efectivamente, como ya lo dijo duele mas que muerte o suicidio, pero yo creo que duele igual que; impunidad, injusticia, desesperanza. en Veracruz como dijo Ruben Espinosa, periodista desplazado y asesinado: «la muerte escogió a Veracruz y decidió vivir ahi». un afectuoso saludo Dr. Kraus

  9. Hugo:
    Gracias por tu nota, coincido con el comentario acera de la impunidad y de la corrupción. Lo que aún o acabó de entender es lo que sucede con nosotros, con la población mexicana. ¿Qué más debes suceder para que estallemos en lo que Thoreau y otros denominaron «desobediencia civil».
    Saludos afectuosos,
    Arnoldo

Comentarios cerrados