Un breve comentario sobre una vieja obsesión: el Poder que tienen los poderosos –naciones, iglesias, sistemas sanitarios- para decidir cuándo es momento para desclasificar archivos, atenta contra la ética. Desclasificar, explica el Diccionario de la Real Academia, significa “Levantar el carácter secreto o reservado de un documento”. Mi obsesión e inquina se basa en:

1. Quienes guardan los documentos deciden cuándo desclasificar.
2. Lo hacen en forma arbitraria (a menos de que el dueño de los archivos haya estipulado cuándo hacerlo).
3. Los dueños de los documentos deciden llevarlo a cabo cuando sus intereses y sus temores lo permiten, es decir, cuando se sientan menos amenazados.
4. Abrir “tardíamente” archivos favorece la impunidad.
5. Al desclasificar a destiempo, sobre todo en el rubro vinculado con experimentos médicos no éticos, muchas víctimas habrán muerto o no se enterarán del suceso.
6. Si no hay a quien preguntar, las personas vivas, cómplices de los muertos, casi siempre sátrapas, seguirán libres y sus actos permanecerán en el anonimato .
7. Muertos algunos, inencontrables y anónimos otros, la tardanza en desclasificar perpetúa ciclos viciosos: ¿por qué habrían de temer los responsables si se protegen a sí mismos al no desclasificar a tiempo?
8. Pocos, casi nadie, han sido castigados gracias a la desclasificación de archivos.
9. Desclasificar “pronto” podría aliviar “un poco” el dolor de los familiares de las víctimas.
10. Al anunciarse la desclasificación de algún archivo, ¿se debe creer que todos los documentos serán expuestos? México como ejemplo: en política priva la mentira.
Los políticos y sus políticos hacen hasta lo imposible por no desclasificar. A Henry Kissinger, por ejemplo, se le debería retirar el Premio Nobel de la Paz. ¿Existen archivos sobre Marcial Maciel?: si la respuesta es afirmativa, bien haría el Papa Francisco en desclasificarlo, no hoy, ayer. Y, ¿qué decir de los sistemas de salud cuyos experimentos han vejado, y vejan, a “los voluntarios”?
Desclasificar no figura en los índices de los libros de bioética. Debería añadirse.
Querido Arnoldo:
La opacidad, el secreto, la mentira y el cinismo, consustanciales a nuestros gobernantes desde hace siglos, son enemigos jurados de la ética. Son el último reducto del poder en contra de las ciudadanos. Por ejemplo, ¿desclasificar lo que sabe y se registró sobre lo ocurrido en Ayotzinapa? Eso desnudaría a los culpables y nada quedaría ya que mantuviese la obediencia a una instituciones que sabemos podridas. Pero eso no sucederá. Quienes viven de las apariencias y los rituales huecos necesitan del secreto para seguir detentando en poder.
Buen día querido Luis:
Coincido con todo lo que escribes. Siguiendo normas, establecidas arbitrariamente, ¿desclasificarán los archivos en 50 años sobre Ayotzinapa en 50 años? ¡Imagínate!: Pata entonces, todos los hacedores e implicados en la matanza habrán muerto, vivirán en Irlanda, estarán en Yale o serán los dueños de Iguala y de la amapola sembrada en las sierras de Guerrero.
Abrazote,
Arnoldo
Desclasificar es Impunidad, por eso nunca aclararán mentiras, pero tenemos que tener una sociedad educada pero bien educada, para que no sufra cuando ponga próximas autoridades, porque en este modelo capitalista salvaje se sufre en cada elección si ponemos al menos malo porque es parte de lo mismo. Hay que insistir en educar a nuestro pueblo sino todo será siempre arbitrario
Julio:
De acuerdo, educar, educar y educar: esa es la mejor medicina. Desde el estado prescriben lo contrario: no educar, no educar, no educar. El próximo domingo escribo en «El Universal» sobre corrupción e impunidad.
Gracias.
Arnoldo
Es injusto vivir en la mentira, en la simulación por eso hacen este tipo de instrumentos, la Clasificación de información, es mal utilizada ya que la usan para guardar y esconder actos ilicitos por eso ponen tiempos muy camplios en la clasificación de documentos, ejemplo 50 años y despues lo desclasifican, y para que para que los culpables ya no esten, es poco practico y saludable para la sociedad, ya que se propicia actos de impunidad.
María Elisa:
Concuerdo con su comentario. Cincuenta (o más) años es una decisión arbitraria, siempre a favor de los criminales. Durante ese período de tiempo la mayoría han muerto.
Gracias,
Arnoldo