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Desobediencia civil

La desobediencia civil (DC) es una posibilidad para alzar la voz. Acceder a ese espacio depende del grado de malestar acumulado, la mayoría de las veces, contra el gobierno, aunque también se lleva a cabo en el ámbito militar, médico o laboral. Conforme envejece la humanidad, en vez de avanzar, incluir y proveer a sus pares, sucede lo contrario: los políticos, blancos, negros, judíos, musulmanes, estadounidenses, mexicanos y (casi) todos los demás han sembrado dosis inimaginables de inquina, miseria, muerte. Cambiar el orden político y oponerse a determinadas leyes adoptadas por gobiernos ineficaces suele ser el origen y la materia de la DC.

Ilustración: Patricio Betteo

El mundo requiere DC. Son más las lacras contemporáneas que las luces. Son más los destrozos que las construcciones. Extinction Rebellion es un movimiento que recurre a la DC como herramienta de cambio. Su meta es preservar y cuidar lo que de la Naturaleza queda, salvar al mundo y a nuestros hijos y nietos. Luchan para limitar el aumento de la temperatura a 1.5 grados. Si se incrementa más en los años venideros, advierten, la salud de la Tierra, nuestra casa, peligra. Según los expertos, los reclamos que originaron la DC serán exitosos si el 3.5 % de la población se suma a las exigencias que dieron lugar a las manifestaciones.

La continuidad del mundo y de nuestra especie debe, en incontables rubros, sobrepasar esa cifra. No es difícil hacerlo. Lo que se requiere es encontrar las vías para estimular a la población inconforme con el presente y preocupada por el futuro y decir mil veces “no” y sumar su voz a la de quienes inviten, como mecanismo de supervivencia, a adherirse a una o varias de las razones motivo de la DC.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días