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¿Dónde anda Dios?

Debido al período vacacional, mío, de estudiantes y de Dios, y en atención al blog de la semana pasada, Ética laica y religión, me tomé la libertad de escribir un microrrelato sobre el mismo tema. Espero que no todos los lectores estén de vacaciones.


¿Dónde anda Dios?

A la pequeña nieta, recién iniciada en el mundo —tenía seis años—, le intrigaban muchas cosas, no más y no menos que a sus pares. La figura de Dios, quizás en eso difería con sus compañeros, suscitaba preguntas y dudas sinfín. No era para menos: en la biblioteca del abuelo había algunos libros acerca de Dios y en la boca de su madre incontables inquietudes sobre el tema. Cuando la pequeña niña empezó a leer, su intranquilidad respecto a la figura de Dios aumentó.

iglesia

Parteaguas en esta historia, que no es historia, fue su madre, “Sabes hijita, nunca he entendido las razones por las cuales las religiones obligan a sus fieles a ir cada semana, o incluso a diario a los templos, mezquitas o iglesias a rezar y rendir tributo a Dios si se supone que él está en todas partes”.

La historia de la madre fue contundente: la pequeña hija y nieta empezó a preguntar más acerca de Dios cuando veía a las madres de quince años cargando un bebé en sus espaldas mientras pedían algo de comer. Después, con los años y con las lecciones de la vida, en vez de preguntar, invitó a los feligreses a descargar su fe en otros lugares. 

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Publicado en: Mirar los días

9 comentarios en “¿Dónde anda Dios?

  1. Te saludo y felicito por este breve cuento. Las costumbres y la Fe.
    y me permito compartir mi cuento también sobre estos asuntos de fe

    La incredulidad del discípulo Lin

    Después de una larga disertación en la soledad del bosque, junto al lago sagrado de Tangra Yumco, el maestro inquirió al discípulo con la mirada.
    El discípulo ante esta invitación, se atrevió:
    -¿Hasta qué punto debe el hombre de razón, considerar que la fe pueda mover montañas?
    Preguntó el discípulo Lin, al anciano Po Yin Su, ancestral maestro Zen, proveniente del monasterio Shaolín.
    Éste lo miró a los ojos, tomó la mano derecha de Lin con su mano izquierda, y dijo
    -Gira en sentido contrario a mí, y veras la montaña y la fe de las que hablo.
    Lin hizo lo indicado, dando la espalda al maestro y éste, aprovechándose de tal circunstancia, clavó la daga al discípulo asesinándolo de inmediato.
    Aquella era la manera de acallar las dudas a los incrédulos discípulos, de allí que, habitualmente, nadie ponía en entredicho sus enseñanzas sobre la fe.

    © 2016 By Oscar Mtz. Molina.
    Trece cuentos de oriente

    1. Estimado Oscar:
      Excelente narrativa. Me parece muy buen cuento hasta el penúltimo párrafo. Siento que el último párrafo está de más.

  2. Hola Oscar:
    Gracias por compartir tu cuento. Me parece muy bueno, aunque, quizás no sea cuento, sino realidad. Tu relato apunta en la misma dirección del mío. La fe, la fe ciega, ¿qué hacer?
    Abrazo,
    Arnoldo
    PS Veo que forma parte de una serie de micorrelatos, ¿así es?

  3. La fe no solo es ciega también es sorda y muda, ciega para ver las evidencias, sorda ante los argumentos y muda ante la razón. Para mi debería ser considerado un pleonasmo decir «fe ciega»

    1. Gracias Eduardo, concuerdo, fe ciega es un pleonasmo. En ocasiones la labor ed los pleonasmos es enfatizar lo dicho.
      Saludos,
      Arnoldo

  4. De niño, mi fe era la Iglesia y el miedo. Adolescente mi fe se transformo en confusión y dudas. Así fue hasta ahora, donde solo me queda escuchar y preguntar para poder entender.

  5. Gracias Jorge por compartir tu camino.
    Shlomo Ibn Gabirol escribió,
    En la búsqueda del conocimiento,
    El primer paso es el silencio,
    El segundo escuchar,
    El tercero recordar,
    El cuarto practicar,
    Y el quinto,
    Enseñar a otros.
    De nuevo gracias,
    Arnoldo

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