No me obsesiona la muerte, me obsesiona la vida. Pensar la muerte es parte del oficio de la mayoría de los médicos. Mi obsesión, como las de todos, tiene historia. Recuerdo el momento preciso cuando la muerte de otro irrumpió en mi vida. Fue de noche. Iniciaba mi entrenamiento médico. Llevaba haciendo guardias en un hospital general del sector salud tres o cuatro meses. En esos nosocomios, la mayoría de la población es pobre o muy pobre. Los pobres o muy pobres cuando enferman se entregan “de otra forma”: confían, cuestionan poco, admiran, se depositan. Piensan que el médico es una figura cuasi divina. Le otorgan autoridad, no poder autoritario. Tener autoridad obliga. Ejercerla suma ética y compromiso.
En ese hospital, gran parte de los pacientes padecía enfermedades complicadas. Algunos venían de provincia. Pedían prestado y, como podían, traían a sus familiares. Cuando un ser querido está enfermo o ha recibido el mote desahuciado, los familiares no cejan: buscan ayuda y esperanza. Esperanza es una palabra formidable. Enfermos y seres cercanos la repiten incontables veces, la necesitan. Algunos familiares de enfermos pobres, antes de sepultar sus esperanzas, empeñan sus vidas.
Empeñar sus vidas significa vender lo que no tienen y pedir prestado lo que nunca podrán pagar. Empeñarse es una definición no escrita de dignidad, de congruencia. Quienes abandonan su terruño en busca de ayuda, antes escucharon, “En ese hospital le salvaron la vida a mí padre”, “en ese hospital los equipos son buenos y los médicos muy preparados”.
Al principio las guardias asustan, después abruman. Las noches en los pasillos del hospital son oscuras y largas. En ocasiones no terminan. Confrontar la enfermedad y la muerte sin las manos del mentor es complicado. Más lo es, cuando el correr de la noche acumula cansancio. Peor aún, cuando enfermos jóvenes y sus padres reclaman curación imposible de ofrecer.
Las patologías de la miseria no son más graves porque las células enfermas sean más agresivas o más resistentes a los medicamentos; lo son por la injusticia social. Ser pobre y enfermo es el peor de los binomios. Muchos de los pacientes que acudían al hospital llegaban “tarde”: la patología había destrozado el cuerpo. Sin fármacos ni proteínas, la enfermedad se apodera de la persona y hace lo que sabe hacer: demoler, romper, desordenar, matar. Llegar “tarde” significa enterarse que nada puede hacerse para aliviar o sanar.
Carmen lloraba todas las noches. Plañía, gemía, pedía, no se acomodaba. Siete días habían transcurrido desde su internamiento. Carmen madre le cogía la mano,
—Sí, mijita, aquí estoy. Duérmete.
Carmen hija tenía veinte años. Venía de la sierra de Puebla. Carmen madre tenía, aproximadamente, cuarenta y cinco años. Carmen chica tenía siete hermanos, todos menores; sus padres eran, cuando podían serlo, campesinos. Lloraba de noche, gritaba de día. Sosiego no había, dolor sobraba.
La madre, analfabeta, era infinitamente solidaria: salvo para ir al baño no dejaba nunca a su hija. Su cara era cansancio puro. Carmen madre comía lo que dejaba su hija o, lo que recibía de la ayuda de vecinos menos pobres o de la coperacha que realizaban enfermeras y médicos.
Conforme pasaban los días Carmen lloraba sin cesar. Todo le dolía. No le dolía morir, le dolía vivir. Su abdomen inflamado y el dolor del cuerpo correspondían a cáncer de ovario con diseminación a pulmones, hígado y huesos. El tumor se había comido la vida de Carmen. Mientras avanzaban los días el abdomen aumentaba y los pulmones sufrían. Cada vez le era más difícil respirar, cada vez era más insoportable verla y escuchar su dolor.
Sin aire, ni comía ni parpadeaba ni se movía ni hablaba ni se esforzaba por voltear cuando su madre le decía,
—Sí, mijita, aquí estoy, ya mañana nos vamos.
Sin aire, y con dolores en todo el cuerpo, gemía y lloraba sin cesar. En ocasiones parecía morir: pasaban cinco, seis, siete segundos sin respirar. Después suspiraba, pervivía: plañía, movía la mano, buscaba a su otra Carmen, y le decía, sin decirle,
—Ma, ¿estás ahí?
Queríamos, mis compañeros y yo, auxiliarla. Poco logramos. Los medicamentos ayudaban poco, nunca suficiente. El dolor invadía su cuarto.
Jaime, uno de mis compañeros de guardia, me dijo, “¿Qué hacemos?”,
—Lo que dijimos, respondí.
Aguardamos el cambio de guardia. Antes de amanecer la tensión disminuye. Cogimos de las gavetas algunos medicamentos. Los inyectamos en el suero. Mientras Carmen madre dormía Carmen hija moría.
“Hasta aquí Carmen”.

Ya me hizo usted, con su caso, llorar. No como Carmen – madre y/o hija… a saber quien sufriría más – pero sí dolerme con su narración. Ya hizo usted, con su caso, un punto – en mala traducción de la expresión en inglés- . Pero, ¿ahora qué? Muerte con dignidad, con clemencia, llena de compasión y por empatia, no es un producto adquirible así nomas…. ¿donde lo obtiene uno en un – Dios no lo quiera caso de necesidad?
Irma:
Gracias por su muy amable comentario. Lo prudente son dos cosas: 1) Pregunté a su médico de cabecera que considera prudente cuando un enfermo se acerca al final de la vida. 2) En en DF y otros Estados existe un documneto llamado «Voluntades Anticipadas» que le ayuda a decidir que hacer hacia el final de la vida. Creo que esas ideas la orientarán.
Otra vez gracias,
Arnoldo
Este relato, que no es ajeno a quienes nos formamos y laboramos en las instituciones de salud de nuestro país, especialmente en las dedicadas a la asistencia de la población más vulnerable, los pobres y los muy pobres, me hace reflexionar, sobre los principios de la Ética Médica, que se complementan con los de la Bioética.
Los principios de la Ética Médica: Preservar la salud, Evitar muertes prematuras e innecesarias, curar o aliviar, pero siempre acompañar.
Es precisamente estás dos últimas palabras las que vienen a mi mente al terminar el relato.
Acompañar siempre, a nuestros enfermos en el camino y evolución ya sea a la recuperación de la salud, la rehabilitación o la muerte.
El acompañamiento a la muerte implica,además de una serie de sentimientos encontrados y de conflictos, el que nos quede claro, como menciona el Dr. Ruy Perez Tamayo en el prologo del Libro de Asunción Álvarez y Elvira Cerón, que el «conocimiento y la verdad son mejores para guiar el comportamiento humano que la ignorancia y supersticiones». Por ello también los Médicos debemos prepararnos para ser eficientes en este acompañamiento de nuestros pacientes, cuando ya no hay otro camino que el acercarse a la muerte.
Querido Luis:
Gracias por ocupar parte de tu tiempo y compartir tus reflexiones. Acompañar en la vida y en medicina es una gran acción. Acompañar debe ser innato para quienes ejercen la medicina. Ese arte, lo sabes, casi se ha pérdido; se ha pérdido porque la relación médico-paciente va hacia la baja. Y ambos sabemos que lo que más desean los enfermos es que los acompañen. Retomar ese arte es imprescindible.
Gracias por tu lectura, abrazo afectuoso,
Arnoldo
Desde muy joven el Dr. Kraus mostró su sensibilidad y apego al paciente, estuviese como estuviese, pero mayor aun en los necesitados. Muchos los hacemos, y en mayor cuantía cuando se trata de pacientes terminales, en cuidados paliativos, en donde el dolor es uno de los peores látigos para el cuerpo y el alma. por eso hay que acompañar, y conocer como se puede ayudar a aliviar rl dolor y otras muchas molestias que deterioran la calidad de vida de quines las sufren. Pero una cosa les digo, y les recomiendo: LA COMPASIÓN. Muchos médicos se apartan de los pacientes en estadios terminales, porque no son capaces de compadecer al sufriente, y lo abandonan. Afortunadamente cada día o cada mes o cada año, hay más Clínicas del Dolor y de Cuidados Paliativos en el país y con médicos y enfermeras y trabajadoras sociales, mejor preparados, pero falta mucho por hacer y por aprender. Sigamos siendo sensibles al sufrimiento humano, no nos desentendamos del que nos necesita.
Ramón:
Pues sí, la compasión, aunque no es uno de los principios fundamentales de la ética médica, es, en cualquier libro que hable de ética médica, un tema importante. Desafortunadamente, como bien lo sabes, la medicina contemporánea se ha modificado. La escucha, la empatía. la compasión y el arte de acompañar al enfermo ha desaparecido. Los programas de medicina deberían replantear sus prioridades.
Abrazo,
Arnoldo
Querido Arnoldo:
Con tu relato hurgas en varias heridas. He aquí algunas:
1.-Hoy en México la sanidad pública está mortalmente herida. Aunque nunca fue suficiente para garantizar la atención de todos los mexicanos que la necesitan, lo que había se está vendiendo al mejor postor. Y los pobres -más de la mitad de todos los mexicanos- se ven orillados a habitar un espacio de infinita crueldad. Ante la mirada impasible e insensible de las autoridades (por eso los tienen ahí), los pacientes transitan un vía crucis de carencias afectivas y materiales («los recursos son finitos y las necesidades infinitas», reza el mantra administrativo en los hospitales públicos) que llega a desembocar en la muerte.
2.-Tenemos que cambiar de enfoque. Si la razón es el terreno común en donde podemos acercarnos al otro para encontrar juntos una solución a los dilemas de la existencia en la salud y la enfermedad, por el bien de los que sufren como Carmen tenemos que abrir a la discusión temas incómodos como la eutanasia. Ha llegado el momento de preguntarnos si los dictados de la tradición deben seguirse ciegamente cuando la evidencia científica (que siempre es una probablilidad) nos muestra que no hay salida. Hay que reflexionar públicamente sobre los límites de la vida para espantar ese fantasma de «la cultura de la muerte», tan a flor de los labios de los fundamentalistas.
3.-Y relacionado con el punto anterior, el final de tu relato es perturbador. ¿Qué debemos hacer los médicos en un caso así. No me cuesta imaginar ese momento limítrofe entre la noche y el nuevo día, cuando «la tensión disminuye», cuando uno se ve solo con su cansancio y, paradójicamente, la claridad incipiente del día que llega trae consigo una renovación. Fue el momento propicio para que Carmen emprendiese el vuelo, libre de las ataduras de una vida que no era vida, por más que su pecho siguiese respirando y su corazón latiendo. Si fue así, Carmen debe recordar agradecida a ese par de residentes que en la frontera entre la oscuridad y la luz la vieron partir aliviada. En aquel momento ellos, imposibilitados para curarla, encarnaron la más alta expresión de la medicina.
Gracias de nuevo querido Luis:
Concuerdo con tus tres observaciones. Lo aterrador, lo innombrable, es el discurso proveniente del gobierno, de los gobiernos. Recordaras que al finalizar el sexenio de Calderón -¿lo extrañas?- anunciaron él. y su equipo de salud, que México tenía cobertura universal en salud -se referían al Seguro Popular. Fue tal la mentira, que dieciocho grandes empleados de salud publicaron en una de las revistas más prestigiosas de salud del mundo, -«The Lancet»-, esa mentira. Y lo que es peor: Convencieron al editor en jefe para que publicase una editorial al respecto. Ahí dijo: «le damos la bienvenida a México al club de los países que tienen cobertura total en salud», es decir, somos una sucursal de Noruega en México. Imposible entender a los políticos: ¿Cómo pueden mentir tanto?
Abrazo,
Arnoldo
He leído tres libros de usted y realmente los he disfrutado, graciA por compartir este relato. Es usted un escritor que hace que los sentimientos afloren. Le envió un abrazo con mi admiración.
Ángeles:
Super amable tu comentario. Lo aprecio mucho. Los relatos sobre enfermedad o sobre el dolor conmueven: son de uno y son de todos.
Gracias,
Arnoldo
» Los otros todos que nosotros somos» ( Octavio paz ) Es realmente doloroso y conmovedor el relato Carmen. Cuanto tiempo ha pasado de esta historia? 20 , 25 años? Me pregunto: Han cambiado realmente las condiciones para los enfermos y familiares que los acompañan? Pienso que al contrario, ya que el número de pobres y más pobres ha aumentado de una manera alarmante en nuestro país , debido a la gran insensibilidad y corrupción de la mayoría de nuestros gobernantes , y,si agregamos a esto , la falta de ética de un gran número de médicos , la situación de los enfermos es cada día mas triste e indignante. Una felicitación a las personas que ilustran los textos.
María:
Aprecio tu comentario. Realmente sí ha habido cambios en el país en relación al tema salud: Todo ha empeorado. Reto a cualquier funcionario de salud a que me contradiga. Lo reto in vivo: Visitando las clínicas del Seguro Popular, los hospitales del IMSS, los nosocomios de la sierra de Puebla, de las montañas de Guerrero, etcétera. ¿Cuánta mentira pueden albergar los políticos mexicanos? Todas, todo. Desde Carmen, pocas situaciones merecen aplauso.
Saludos,
Arnoldo Kraus
Dr Kraus: Admiro la manera que escribe, su humildad, su empatia con los pacientes y mas aún tomarse el tiempo para responder cada comentario. Aclaro, no todos lo hacen -casi ninguno-. Gracias
Mil gracias Gabrielo:
Una de mis dudas al abrir el blog es la obligación, así pienso, de responder a las personas que se toman tiempo para expresar una idea. Afortunadamente, por ahora, puedo hacerlo. Y gracias por lo que comenta con respecto a la empatía.
Saludos,
Arnoldo
Dr. Kraus, permiteme hablarte con fratrna familiaridad, comparto tus puntos de vista y aprecio particularmente en este momento la serie de artìculos relacionados con con el tema, quiero comentarte que hace unos años me dignosticaron cancer de mama en ese momento ya con metastasìs, mucho tiempo no hice nada, no sabia que hacer la cuestion de hablar de la muerte es dificìl y terrible para muchas personas escuchar que uno no desea padecer, los tratamientos son terriblemente agresivos, merman el cuerpo y la voluntad, quiebran el espiritu como tu bien dices, a mi me cuesta trabajo hablar de esto con mis hijas yo acepto que todo son ciclos y terminan sin embargo ellas no pueden tocar el tema sin que se empañen sus ojos o se les quiebre la voz, compartire con ellas y con quienes quieran leer tu valioso artìculo que nos invita a mirar un transito hacia otra estadia desde un punto de vista sensible y humano, gracias mil.
Gracias Clara,
Cuando quien habla lo hace con autoridad, como tú, por haber padecido cáncer con metástasis, aunque duela y abra heridas le sirve a la gente que escucha, la sensibiliza, la humaniza. Sin duda eso debe suceder con tus hijas.
Abrazo,
Arnoldo
Impresionante texto.
Procesar la vida a traves de la carga colosal de la frustración eterna de la pobreza. Encima la tarea imposible de digerir de entender la muerte, una muerte insensible a los conceptos humanos de muerte digna. La muerte no sabe de eso, nosotros si.
José Alfredo:
Tu frase, «La muerte no sabe de eso, nosotros sí», resume mi texto. Afrontarla es obligado; acompañar a quien la ve de frente sirve cuando uno cavila en ideas como la tuya.
Abrazo,
Arnoldo
Estimado Dr. Arnoldo, su caso es el vivir de cada día de los que nos dedicamos a la medicina asistencial, quisiera saber más sobre sus libros acerca de la bioética médica, desafortunadamente vivimos en un México lleno de desigualdades sociales, económicas, políticas, educativas.
Gracias por compartir con las nuevas generaciones de médicos, su forma de percibir la relación médico-paciente, que día a día decae… Saludos cordiales
Andrés:
Gracias por tu interés. Te recomiendo tres:
La eutanasia (Conaculta).
La bioética (Conaculta).
Decir adiós, decirse adiós (Mondadori).
Saludos,
Arnoldo
Que duro para los medicos y las enfermeras es enfrentarse a estos pacientes terminales y lo mas triste la impotencia pues no podemos en ocasiones ni ayudarlos a solventar su dolor, pues en la institución los medicamentos escasean, hemos practicado en inumerables ocasiones el robo interinstitucional, cuando hay mas en un lado lo pasamos al otro, igual el personal de enfermeria y aun existimos si quienes hacemos coperachas para ayudar a toda esa lo re gente que sufre en fin aun quedamos médicos y enfermeras empaticos no todos somos insensibles y si suffimos al lado de nuestros pacientes terminales y lo afrontamos dia a día. Gracias
De acuerdo María con su comentario. Esa crudeza es en ocasiones difíl devsobrellevar, sobre todo, como usted dice, cuando no hay recursos.
Saludos,
Arnoldo
Nuevamente mi estimado Arnoldo, leyéndote confirmo mi convicción de que la Eutanasia debe existir como la máxima expresión de amor, solidaridad, empatía y compasión por un ser humano sufriente y doliente. Tenemos mucho tramo que recorrer todos los que nos dedicamos a la medicina y la salud. A mi me ha ayudado mucho leer tus ibros publicados en conaculta y siempre los recomiendo a mis alumnos. Te mando un gran abrazo desde Zacatecas, la ciudad de cantera y plata.
María Engracia:
Gracias por tu comentario. En el tema eutanasia, tienes razón tenemos mucho que recorrer, quizás un poco menos: En Colombia se legalizó en abril. Perdón por recomendarme: Quizás te interese leer «Decir adiós, decirse adiós» (Mondadori, 2013). Es una suerte de novela que trata el tema de calidad de muerte.
Saludos afectuosos,
Arnoldo
Desafortunadamente, para quienes hemos laborado y laboramos en Unidades de atencion del Sistema Nacional de Salud, historias como la que usted narra nos son desgarradoramente familiares, solo con la diferencia de el papel que jugamos en el desenlace del paciente… a veces nos falta el valor para tomar decisiones humanitariamente obvias. Es triste que ese sistema de salud en el que he servido sea manejado con objetivos meramente politicos y, lo que es peor, por medicos convertidos en politicos. Es duro, pero a la vez gratificante, servir en comunidades rurales olvidadas por el progreso. Ahi es donde se nace como medico. Pero es un nacimiento amargo, pues al paso del tiempo ves que siguen estando olvidados por la justicia, con todo lo que el termino JUSTICIA implica. Por otro lado creo, Dr. Kraus, que la idea del Seguro Popular no era mala en su inicio, pues llevaria salud a un gran sector de la poblacion originalmente desprotegido (sin acceso al susodicho sistema de salud publica), pero solo se convirtio en un botin de los gobiernos estatales ante la falta de un medio que exigiera la rendicion de cuentas a la federacion. Ahora esta saqueado y la gente sufre una criminal falta de atencion. No nos queda mas que, dia a dia, hacer nuestro mejor esfuerzo como medicos para llevar un poco de consuelo a los dolores de los mas necesitados (sin sonar como redentor o salvador de nadie). Saludos.