El fin del hombre no es, lamentablemente, un libro de ciencia ficción. Es un libro de Francis Fukuyama (Chicago, 1952), publicado en 2002 bajo el título Posthuman Society. Fukuyama es un destacado politólogo estadounidense; ha escrito sobre diversos temas en el área de desarrollo y política internacional. Tanto en inglés, como en español, el subtítulo del libro es el mismo, Consecuencias de la revolución biotecnológica. Fukuyama irrumpió en el panorama mundial en 1992, cuando publicó El fin de la Historia y el último hombre, donde sustenta que la historia humana, debido a luchas entre ideologías, ha finalizado; para él, la economía del libre mercado sería la que regiría el mundo.

El 2 de junio de 2017 será, deseo equivocarme, parteaguas en la historia de la humanidad. Ese lóbrego día, Trump, le declaró la guerra al mundo: “Trump retira a Estados Unidos del pacto global contra el cambió climático”, reza uno de los incontables encabezados periodísticos acerca del fin de la razón; ese día, el Presidente estadounidense ordenó abandonar el Acuerdo de París firmado por 195 países en 2015. Trump, estoy seguro, no ha leído a Fukuyama; sin embargo, deseo equivocarme, puede darle la razón.
Aunque el libro del ensayista habla de biotecnología, no de los daños producidos por la tecnología en la Tierra, el fin del ser humano y los destrozos de nuestro hábitat se entrecruzan, de ahí el pretexto para desempolvar El fin del hombre. Entre una miríada, comparto algunas ideas del libro:
1. La política de la biotecnología no encaja en ninguna categoría política conocida; el hecho de que alguien sea republicano conservador o socialdemócrata de izquierdas no determina automáticamente la naturaleza de su voto… si los legisladores de las sociedades demócratas no afrontan sus responsabilidades, otros actores institucionales tomarán las decisiones por ellos.
2. No tenemos por qué considerarnos esclavos de un progreso científico inevitable si éste no sirve a los fines humanos.
3. Muchos suponen que el mundo posthumano será muy semejante al nuestro… pero con una asistencia sanitaria mejor, vidas más largas y, quizá, una mayor inteligencia. Sin embargo, el mundo posthumano podría ser mucho más jerarquizado y competitivo… y por lo tanto podría estar plagado de conflictos sociales.
4. Hay un hecho bastante claro: la época en que los gobiernos podían afrontar las cuestiones biotecnológicas nombrando comisiones nacionales que reunían a científicos, teólogos, historiadores y bioéticos se acerca rápidamente a su fin… ha llegado el momento de actuar en lugar de pensar.
5. La naturaleza humana determina y limita los posibles modelos de regímenes políticos, de manera que una tecnología lo bastante potente para transformar aquello que somos, tendrá, posiblemente, consecuencias nocivas para la democracia liberal y para la naturaleza de la propia política.
6. El objetivo del presente libro es afirmar que Huxley tenía razón, que la amenaza más significativa planteada por la biotecnología contemporánea estriba en la naturaleza de que altere la naturaleza humana y, por consiguiente, nos conduzca a un estadio posthumano de la historia.
7. Ciertas técnicas deberían prohibirse rotundamente. Una de ellas es la clonación reproductiva, es decir, la clonación orientada a producir niños. Los motivos son de índole tanto práctica como moral… los motivos morales tienen que ver con el hecho de que la clonación es una forma de reproducción en extremo antinatural que propiciaría una relación en extremo antinatural entre padres e hijos.
8. Un modo palmario de imponer límites (a la ciencia) consiste en distinguir entre la terapia y el perfeccionamiento, dirigiendo la investigación hacia la primera y restringiéndosela a la segunda.
9. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a crear y desarrollar embriones para fines utilitarios? ¿Y si alguna nueva cura milagrosa requiriese células no de un embrión de un día, sino de un feto de un mes?
10. La ciencia no puede, por sí misma, establecer los fines a cuya consecución se consagra. Puede descubrir vacunas y curas para las enfermedades, pero también puede crear agentes infecciosos; puede revelar la física de los semiconductores, pero también la física de la bomba de hidrógeno.
Leer y releer a Fukuyama es necesario. ¿Es simple metáfora o amarillismo barato la idea del fin del hombre? No tengo respuesta. Me preocupa no tenerla. Debido a Trump y los otros trumps es necesario estar alerta. Trump y sus secuaces son el cáncer de la Tierra. De nuevo, espero equivocarme: ¿el siguiente libro de Fukuyama se intitulará La Tierra después de Trump?
No sé si la mía sea una idea preconcebida o no, sin embargo considero que, el fondo de toda la evolución que ha tenido el hombre en cuanto a su relación y pensamiento con la tierra, radica esencialmente en la naturaleza de la búsqueda de poder. Si bien es cierto que en un principio la motivación del hombre, científico, político, físico, etc. pueda ser noble, una vez abierta la semilla del poder difícilmente se podrá alejar de ella. Y entonces la nobleza de ese hombre, dará paso a la codicia, al deseo insano para lograr los objetivos, por encima incluso de éticas y principios fundamentales. El hombre sin duda poderoso que es Trump y lo que representa, le hace pensar y actuar de un modo totalmente irracional, en su interior, y desde luego en la expectativa de quienes le rodean, el asunto de la tierra, el manejo de las energías sustentables o no, el Pacto de Paris, y todo lo que siga, son solamente puntos de negocios en una carrera por el poder, en su caso, por el poder universal. Leeré con atención el libro que nos comentas: El fin del hombre. de Francis Fukuyama. en estos tiempos no nos queda más que trabajar cada uno en nuestros ámbitos de influencias, laborales, académicos y de la familia, para seguir haciendo conciencia de todos estos problemas, de las bondades de la ciencia y la tecnología, pero desde luego, sin descuidar las malas practicas que pueden hacerse con ellas. Saludos
Oscar:
Lo que hace Fukuyama, al igual que tú, es alertarnos sobre el mal uso del Poder. El problema es que quien tiene Poder, en muchos casos, lo utiliza para incrementarlo y granjearse todo tipo de beneficios. Son escasas las personas que no mal usan el Poder. Es una lástima el poder de corrupción del poder (pleonasmo intencional) en todos los ámbitos, científicos, académicos, sociales, religiosos. Y si, vale la pena leer el libro de Fukuyama.
Muchas gracias por tu interés,
Arnodlo
En el punto 7, hablando de la clonación, escribe: “los motivos morales tienen que ver con el hecho de que la clonación es una forma de reproducción en extremo antinatural que propiciaría una relación en extremo antinatural entre padres e hijos”. ¿No hay algo débil en este argumento? ¿De veras sería un relación “en extremo antinatural” la de los padres con hijos clonados? Aunque en este momento no podría proponer una alternativa, sospecho que la vertiente ética del tema no va por ahí, sino, quizá, por el lado de la ingeniería social, la limpieza étnica, etc. Un saludo
Javier:
Hoy, la clonación de hijos es antinatural; el hecho de que no existan todavía permite conjeturar; la idea de Fukuyama plantea, así lo interpreto, la necesidad de limitar el avance de la ciencia cuando esta pueda ser perjudicial. Tu idea también es válida: la clonación de seres humanos facilitaría el ascenso del darwinismo social.
Gracias por tu comentario,
Arnoldo