“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades…”, es una de las frases más citadas de la literatura. Así empieza La metamorfosis de Franz Kafka. El affaire ha sido y sigue siendo multicitado. No deja de inquietar.

Ilustración: Kathia Recio
He buscado y solicitado a amigos que viajan a Europa o viven ahí, sobre todo en Eslovaquia o la República Checa, abrir los directores telefónicos y buscar Gregorio Samsa u otros samsas. No hay tal nombre ni remedos de él. Tampoco hay calles o avenidas con ese nombre.
He preguntado y me he preguntado quién, sobre todo adultos, no ha tenido sueños intranquilos. La respuesta ha sido unánime: todos hemos dormido, en innumerables ocasiones, mal o muy mal. Ninguno de mis conocidos ha amanecido en su cama convertido en insecto.
He consultado, asimismo, a mis amigos entomólogos, sobre el bicho kafkiano: ninguno de ellos, incluso dos con posdoctorados y tres especialistas en insectos poco comunes, logró aseverar la estirpe, clase o subclase del insecto de marras. Algunos aventurados han sugerido, con respeto, que todo proviene de la imaginación del pensador checo. Y otros responden, envueltos en ese laconismo propio de quienes desean saber pero no tienen respuestas, “algún día se sabrá”. Unos más, escépticos y desconfiados dudan si existió el escritor checo. “Debe ser la imaginación de un trasnochado”…
La frase de Kafka es genial. No se trata de leerla y releerla para creer o no. Basta el mundo. El problema, creo, no sólo se debe a la inagotable imaginación de Kafka. El brete es más complejo, y, lamento siquiera pensarlo, irresoluble: la desaparición de Checoslovaquia y la emergencia de dos nuevas naciones, Eslovaquia y República Checa, modificó, para siempre, las calles por donde deambulaba Franz y eliminó del directorio a los familiares de Samsa. Demasiadas orfandades, demasiada realidad, demasiadas dudas, ¿a quién preguntarle? Imposible no preguntar. Imposible no seguir hablando del Kafka de Samsa. Imposible no hacerlo en el México contemporáneo.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Estimado Dr. A. Kraus, No creo que exista un Pueblo cada día más kafkiano que éste. Un saludo afectuoso.
Estimada Beatriz, creo que tiene razón, pero, por favor, al menos no cerremos las puertas y pensemos que hay naciones mas kafkianas que la nuestra. Es una forma de sembrar esperanzas.
Gracias, saludos afectuosos,
Arnoldo
Tiene usted toda la razón. Para donde uno voltee… pero el que me duele es éste. Saludos cordiales.
Concuerdo, por supuesto, con tu idea estimada Beatriz. Y ya lo sabemos: Kafka hubiese sido en México un escritor costumbrista…
Abrazo,
Arnoldo
JAJAJAJA, verdad que si?… yo tuve un jefe holandés. En una ocasión nos invitó a cenar. En la sobremesa, alemanes, nacionales y holandeses inevitablemente, despotricamos sobre política. Y Johanna, la adorable esposa de mi jefe nos dijo a los nacionales, “CÓMO ME GUSTARÍA QUE VIERAN A MEXICO CON MIS OJOS” ¡pácatelas! Saludos, estimado Dr. Kraus.
A la manera de Monterroso: Cuando despertó, El insecto Gregorio Samsa seguía ahí. A veces tengo la sensación que esta sociedad nos reduce a insectos.
Samuel:
Samsa es mexicano y colombiano, ¿verdad? Si acaso tienes tiempo, en mi columna en El Universal, periódico mexicano, cito y baso mi artículo en el gran y pequeño cuento al que aludes.
Saludos afectuosos,
Arnoldo
Estimado Dr Kraus:
Efectivamente, el término kafkiano aplica a nuestro querido y sangrante País , donde impera el ABSURDO; que humilla y nos hunde, aumentando nuestra impotencia ante la sinrazón.
María:
Muchas, muchas gracias por su comentario. Es cierto: lo absurdo es mucho más que el concepto: humilla por impedir que fluyan razón, diálogo, encuentros. Descalifica e impide razonar. Asía la política mexicana actual.
Gracias,
Arnoldo Kraus
Le sugiero busque en F. Dostoyevski, es una pesadilla en la cual debió inspirarse Franz k. Es más terrorífica.
Estimado Dr Kraus:
Efectivamente el término kafkiano aplica a nuestro sangrante y querido País, donde el ABSURDO impera; nos humilla y nos hunde, acrecentado nuestra impotencia ante la sinrazón.
Una clave puede estar en Fiodor D. que Franz K. debió conocer. Es un insecto horrendo salido del delirio de uno de sus personajes. Gregorio Samsa es dosteyovquiano.
Gracias Saul,
En efecto, lo dostoievskiano también asfixia, hunda, ahoga. No dudo, como afirmas que Kafka haya buceado en la literatura rusa y se haya nutrido de ella. Ahora, ambos Fiodor y Franz se nutrirían, quizás se reirían y se seguro llorarían de nuestra política.
Saludos,
Arnoldo
Fiodor como sabemos padecío epilepsia y su descripción de los síntomas que preceden a un ataque de esa enfermedad seguramente es magistral desde un doble punto de vista: literario y clínico.
Saúl,
Dostoivsky, no era, pero si era: médico de si mismo y médico del mundo.
Saldos afectuosos,
Arnoldo K