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El tiempo

Al ser humano, salvo por la ineludible y dolorosa realidad de la muerte, y los variopintos y complejos significados del tiempo, le gustan las certezas. No sabe convivir ni con la incertidumbre ni con las dudas. Tampoco aprecia la máxima inglesa, wait and see (espera y ve). Aguardar no es una característica de nuestra especie. La prisa nos corroe; la dupla conformada por la incertidumbre y las dudas, agobia, agobia a quienes desean, a toda costa, contar con respuestas precisas. En ocasiones, aunque dos más dos siempre es cuatro, vale la pena cuestionar esa y otras exactitudes. Detenerse y mirar vale la pena.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco

Desde el nacimiento hasta el final de la vida el tiempo es compañero perenne. Sobran ensayos sobre su majestad tiempo. Borges, provocador como pocos, en “Nueva refutación del tiempo”(Otras inquisiciones) concluye: “El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

Borges es Borges. Nosotros no somos Borges. Compartimos con él, con todos los borgesnoborges, y con todos los nosotrosnonosotros las certezas mencionadas al inicio de estas breves disquisiciones: la muerte y el tiempo son nuestras casas y son, a la vez, nuestros motivos de vida; sin la certeza de la primera, la idea del tiempo, de sus regalos y de sus agobios, del tiempo en el cual se vive y se construye o se destruye, se avanza o se retrocede, perdería significado. Bruñir las horas, esculpir los días y las semanas y los meses y los años, proviene de la idea de la finitud y del río, del tigre y del fuego, en ocasiones borgiano, siempre real.

El tiempo puede o no ser un verdugo. Durante la vejez lo es; en la juventud no lo es. La conciencia del tiempo, espacio imprescindible, como escribí líneas atrás, es bienvenida —mueve, cuestiona, impele— y es demonio: su paso, los años, anuncian la muerte y el final del tiempo. ¿Podrían ser la solución el río, el tigre y el fuego de los cuales hablan los tiempos de Borges? Útil sería saberlo antes de que fenezca nuestro tiempo.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos  la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

19 comentarios en “El tiempo

  1. el rio , el tigre y el fuego saben lo efímera que es la vida doctor , así que no deberíamos de dejar nada para después ,porque despuésno existe.Bien dice detenerse y mirar vale la pena.
    saludos

    1. Claudia:
      Después, concuerdo, no existe. Problema insoslayable es la conciencia de la muerte (quizás el dedo pulgar sea el responsable). Por el otro lado, sin ella, sin dicha conciencia, el ser humano crearía menos, se movería menos. Digamos: no hay solución. Optemos por carpe diem.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  2. El tiempo al final es destino

    《DESTINO

    Siempre vivimos atrapados
    como en el hueco de un camino.
    La clara sombra de los árboles,
    el sol de una derrota,
    la presencia del tiempo derramado
    en los deseos que se pierden. Algo
    nos abandona
    cuando las aguas de ese río
    destruyen lo que amamos,
    cuando el tiempo
    ya no nos nombra
    en sus páginas libres y desnudas.
    Escogemos un mundo de imposibles
    anhelos, una quimera triste
    que no nos pertenece. Mueren
    los días que vivimos
    encendidos y libres
    en el alto secreto de las cosas.》

    Jose Maria Muñoz Quirós

    1. Querido Samuel:
      «…cuando el tiempo
      ya no nos nombra», dice los versos de Muñoz Quirós, versos ciertos, versos de la vida y del vivir. Cuando eso sucede el tiempo personal se acaba, no el tiempo universal. Parecería ser, como anuncia el título del poema, «Destino», que el tiempo personal se apaga cuando la muerte, el final, nos abraza.
      Gracias, como siempre,
      Arnoldo

  3. Tan valioso y efímero, que mientras menos tiempo tenemos, queremos proteger hasta el tiempo que no nos corresponde, deseando que nadie más lo pierda. Principalmente esa juventud que «tiene» la certeza de tenerlo de sobra. Recordé a Sabines…Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente. Me dijo: ¡vive, vive, vive! Era la muerte.

    1. Gracias Sylvia, los poetas casi siempre tienen razón: Sabines la tiene y su muerte, la de él, la de todos, en ocasiones es buena consejera. Lo que ahora Usted y yo escribimos ya lo hicieron nuestros antepasados muchas veces, no importa. Pensar en el tiempo, en lo efímero que es, vale la pena: se atrapa un poco mas, un poco mejor. Gracias por su interés.
      Saludos,
      Arnoldo K

  4. Científicos afirman que el tiempo no existe; si así fuera, entonces el tiempo es una invensión antropológica que podemos fechar en algún momento del neolítico cuando la especie inventó la agricultura y de esta se derivó la invensión del dinero que a su vez engendró el mutuo simple y de este surgió el mutuo con interés. Esta hipótesis no es poética, pero sí plausible; al fin de todo la revolución del neolítico fue la semilla del futuro.

    1. Saul:
      Ignoro quienes son los científicos que sustentan que el tiempo no existe. Están equivocados. Existe desde siempre, desde antes de la especie humana, y cuando nosotros acabemos con la Tierra el tiempo seguirá existiendo.
      Saludos,
      Arnoldo Kraus

  5. Los tiempos verbales los inventó el ser humano, este es un tema para una ciencia tal vez escasa: la lingüistica, tendriamos que conocer los tiempos en las diferentes lenguas no occidentales, incluso un experto sostiene que una lengua de un pueblo originario permite a sus hablantes comprender ¡la teoría de la relatividad! La lingüistica es fascinante. Como sea, un científico en una entrevista en días pasados publicada en El País hizo esa declaración que tal vez sea motivo de escándalo. Por mi parte, cuando joven nuestra idea del tiempo me atormentó. Mi nota es una especulación de última hora.

    1. Saúl:
      Sugiero leer entre líneas lo que dicen los textos, como el que menciona. Ni siquiera Dios cree que no existe el tiempo.
      Saludos,
      Arnoldo

  6. P.D. la referencia sobre el pueblo originario la encontré en Steiner y el pueblo originario es de USA.

  7. Dr. confieso que por algún tiempo, quise tener le certeza de mi tiempo, el qué pasará me inquietaba, así como el último de los Buendía saltar hasta la última página de mi vida; sin embargo conocí una extraordinaria mujer con la que camine a su lado, y en esta lucha desigual entre su vida y enfermedad, conocimos lo que usted señala: que la «muerte y el tiempo son nuestras casas y son, a la vez, nuestros motivos de vida; sin la certeza de la primera, la idea del tiempo, de sus regalos y de sus agobios, del tiempo en el cual se vive y se construye o se destruye, se avanza o se retrocede, perdería significado», como nunca lo entendimos y comprendí que la única certeza es el hoy, el vivir, ella me lo enseño, por que frente a la muerte y al tiempo, los seres humanos, trascendemos como lo señala el poema de Transferencia de Hamlet Lima Quintana, en donde «La muerte es una gran farsante, …porque …la vida…la vida es una antorcha que va de mano en mano, de hombre a hombre, de semilla en semilla, una transferencia que no tiene regreso, un infinito viaje hacia el futuro, como una luz que aparta irremediablemente las tinieblas»; tal vez entender ayudaría a que lo que importa más es vivir: muerte y tiempo…sin duda, nuestras casas.

    1. Ricardo:
      Le agradezco su comentario, conmovedor, profundo, vivo: me entusiasmó leerlo y releerlo. Siembra ideas, las cuales, alimenta mi deseo de continuar cavilando en el tiempo, en nuestras casas y en las palabras que escribí y que usted generosamente reproduce. Espero que la caminata con la mujer, su mujer, enferma -¿enferma de vida? y compañera siga…
      Abrazos agradecidos y muy afectuosos,
      Arnoldo

  8. ¿Y el Big Bang? ¿Y Agustín de Hipona? Espero argumentos no descalificaciones fáciles. Saludos como siempre. El dinero también tiene su poesía o no existiría El Mercader de Venecia. A el oro no lo roen las hormigas.

  9. Argumento: fecha de nacimiento y de fallecimiento. Ese es el tiempo. No más argumentos. Hasta aquí
    Kraus

  10. «Antes que homo sapiens domos homo quaerens, un animal que no deja de preguntar». Steiner. Homo quaerems veritatem- busqueda de la verdad. Gracias por obligarme a buscar.

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