Nadie ha dicho que la empatía pertenece al mundo de la ética. Yo lo diré: Empatía y ética tienen múltiples entrecruzamientos. En las escuelas de medicina, sobre todo en las (pocas) que siguen privilegiando la relación médico-paciente en lugar de la relación médico-tecnología-paciente, la empatía es capítulo fundamental. Hay libros y escritos dedicados al tema y sus vínculos con el ejercicio médico, así como ensayos donde se discute si existen métodos para enseñar los significados de la empatía.
Para los viejos maestros, para los clínicos que enseñaban la medicina al lado de la cama del enfermo, la empatía era esencial y una de las grandes características del médico “humanista”, del doctor a quien le preocupaba primero el afectado como persona y después el proceso patológico. De Howard M. Spiro, galeno estadounidense, preocupado por fomentar la relación “profunda, humana”, entre doctor y paciente, aprendí el concepto clínico de empatía. La persona, cuando enferma, espera que entre él y su médico, el binomio “Yo y tú” se transforme en “Yo soy tú”, o al menos, en “Yo podría ser tú”. Ese juego de palabras, juego profundo y complejo, lo expresan los enfermos cuando dicen que su doctor es empático. Aunque hay quienes afirman, yo entre ellos, que esa cualidad ha decaído, dos hechos recientes invitan a pensar, desde otra óptica, en la empatía.
Roscoe Stanyon, antropólogo de la Universidad de Florencia, publicó recientemente en la revista Evolution and Human Behavior, un estudio sobre los macacos de Togian. “Antes se pensaba”, escribe Stanyon, “que la empatía, el consuelo y el altruismo eran características que sólo se encontraban en los seres humanos. Incluso se propuso que estos rasgos eran los que nos diferenciaban del resto de los animales y nos hacían únicos”. Y agrega, “Se creía que estos aspectos nobles del comportamiento humano se debían a una educación moral o religiosa. Nuestro trabajo muestra que estos comportamientos tienen un origen evolutivo más profundo”.
Otro grupo, también italiano, adscrito al Centro de Investigación Enrico Piaggo de la Universidad de Pisa, dedicado a la investigación de la robótica humanoide, trabajan para dotar a los robots de programas de inteligencia artificial capaces de resolver problemas mecánicos, y lograr, a la vez, que se comporten como si fuesen seres humanos. Los científicos pretenden crear máquinas que respondan de acuerdo a “su” intuición y con empatía. Aún no lo consiguen pero están en eso.
Lo que Stanyon ha compobado científicamente, se sabe desde el nazismo. Erich Mühsam fue un poeta judío víctima del nazismo. En 1933 fue detenido y encarcelado. A guisa de ejercicio —recién empezaba el nacionalsocialcismo—, los torturadores decidieron meter en su celda a un chimpancé que habían robado del laboratorio de un científico también detenido. Como parte de su entrenamiento, los soldados nazis esperaban que el simio atacase a Mühsam, cuyo aspecto, según narran los historiadores, era lamentable. Para sorpresa de los torturadores, el chimpancé abrazo al prisionero, lo resguardó y lamió sus heridas. Enfurecidos por la piedad del animal, los celadores lo torturaron hasta matarlo.
“Humanizar robots”, dotándolos de empatía, empieza a abandonar la ciencia ficción. Si bien desde Homero, en la Ilíada, se habla de autómatas, la apuesta de humanizar robots rebasa a todos los Frankenstein de la ciencia ficción. Me parece admirable y terrible construir robots empáticos. Admirable por la genialidad científica. Terrible porque al paso por el que camina la humanidad, la tristeza, el desamor, las pérdidas, el duelo, encontrarán refugio, “refugio empático”, en robots y no en seres humanos.

El reto es interesante y complejo: Si la empatía, el cariño y el altruismo tienen un origen evolutivo más profundo, como se desprende de los macacos que se abrazan, se besan y se consuelan unos a otros tras ser agredidos, es probable que el comportamiento ético, afín a las cualidades señaladas, se determine no sólo en casa, sino desde los genes.
Todos los días trato de leer NEXOS. Cada vez disfruto más a Arnoldo Kraus.
Felicidades!
Gracias Martha:
Me estimula tu comentario.
Saludos,
Arnoldo
Querido Arnoldo:
Algunos creen que si la empatía tiene raíces biológicas (evolutivas) que compartimos con otros seres vivos, la moral pierde su cualidad humana. Yo no opino así. A mí me hace muy feliz saberme animal, a sabiendas que el regalo que he recibido de mis antepasados evolutivos (el encéfalo humano) es, sobre todo, una responsabilidad que hay que saber usar en beneficio de toda la biosfera. Es gozoso constatar que los animales son nuestros hermanos, no nuestros subordinados. Si los macacos (y seguramente otros seres vivos) son capaces de ser empíricos, ¡qué buena noticia! Eso nos hace deudores de una larga cadena de seres vivos a quienes debemos lo que podemos llegar a ser si nos empeñamos en ser cada día mejores.
Querido Arnoldo:
Algunos creen que si la empatía tiene raíces biológicas (evolutivas) que compartimos con otros seres vivos, la moral pierde su cualidad humana. Yo no opino así. A mí me hace muy feliz saberme animal, a sabiendas de que el regalo que he recibido de mis antepasados evolutivos (el encéfalo humano) es, sobre todo, una responsabilidad que hay que saber usar en beneficio de toda la biosfera. Es gozoso constatar que los animales son nuestros hermanos, no nuestros subordinados. Si los macacos (y seguramente otros seres vivos) son capaces de ser empáticos, ¡qué buena noticia! Eso nos hace deudores de una larga cadena de seres vivos a quienes debemos lo que podemos llegar a ser si nos empeñamos en ser cada día mejores.
Querido Luis:
Mandaste dos correos idénticos salvo porque en uno usaste, para referirte a los macacos, la palabra empíricos y en otra empíricos. Optaste por la segunda pero no me disgusta tu pequeño lapsus: Los macacos son al igual que nosotros un tanto empíricos. Y, ¿por qué no?, quizás la empatía contenga una dosis de «empirismo» -¿quién no aprende gracias al «empirísmo»? Y a tus ideas agrego: Qué pena que nuestros políticos, no siendo empíricos, no aprendan nada de los macacos (bueno, bueno, ¿podrán aprender?).
Abrazo,
Arnoldo
La versión correcta es aquella en la que usé empáticos y no empíricos (veleidades del «corrector» automático). Pero hasta de ese gazapo sacas tú una consecuencia positiva, muchas gracias. Por razones claramente evolutivas, es poco probable que los políticos pueden aprender de los macacos: el «cerebro reptil» (dinosaurio), mucho más primitivo, carece de los adelantos evolutivos del encéfalo del simio. No hay remedio.
Gracias nuevamente querido Luis:
A tus ideas sólo agrego una -aunque, si el tema versa sobre las actitudes de los políticos podría escribir incluso desde la tumba;, los políticos, sospecho, no sólo no pueden aprender por cuestiones evolutivas como tu sugieres, deben haber también cuestiones genéticas. Es decir, portan genes políticos que los orillan a hacer lo que hacen.
Abrazo,
Arnoldo .
Querido Arnoldo:
Coincido contigo, máxime si consideramos que uno de los senderos por los que discurre lo evolutivo son precisamente los genes. A la luz del conocimiento actual, cabe preguntarse ¿de veras la conducta de los políticos estará inscrita en sus genes? Me atrevo a pensar que no necesariamente. Tal vez sea un error epigenético: el «silenciamiento» de genes fundamentales (si acaso existiesen) como los de la sinceridad, la honestidad y, sobre todo, la decencia. En ellos esos genes nunca se expresan.
Dr. Arnoldo Kraus: Gracias por iluminarnos con sus pequeños , pero , grandes ensayos ; difícil tema el de la empatía ; estoy de acuerdo con usted , pertenece al mundo de la ética ya que esta a su vez implica responsabilidad y respeto y en el ámbito de la medicina ambos son de gran importancia; ya que en la época que vivimos , la deshumanización nos está llevando a actuar como robots ante el sufrimiento y el dolor, olvidándonos de la compasión y la empatía ,
María:
Gracias por tus reflexiones. El triángulo que sugieres -empatía, responsabilidad, respeto- es magnífico. ¿Cómo enseñarlo? Repito ad nauseam que Ética (laica) debería ser materia obligatoria desde primero de primaria hasta el último año de la carrera universitaria. Concuerdo contigo: La medicina va en picada. Deshumanización, como escribes, es término adecuado. La tecnología ha borrado la escucha, la mirada, la compasión.
Gracias, saludos,
Arnoldo K
Bonito mensaje y los comentarios adjuntos que me hacen recordar la evolución de nuestro
sistema nervioso, teoría excelentemente explicada en el libro «Los Dragones del Edén» de Carl Sagan, donde habla del cerebro triuno.
Cerebro Triuno en que posterior a la presencia de la Médula Espinal aparece hace cientos de millones de años el tallo cerebral (Complejo R(eptiles), hace decenas de millones de años aparece el sistema límbico (cerebro primitivo, Complejo M(amíferos) y, hace millones de años el cerebro (evolución prosencefálica) llamado Complejo P(rimates).
Desde los Mamíferos hay expresiones de amor, ternura y protección de la especie. Los humanos, hasta el momento la mejor evolución que se conoce, tenemos también Libertad y Responsabilidad (Estados Unidos tiene la Estatua de la Libertad en el Atlántico,debería tener la Estatua de la Responsabilidad en el Pacífico-en San Francisco, Cal.).
Con nuestra actividad encefálica al ser humano no le queda más remedio que convertirse en homo ethicus y hacer un esfuerzo inteligente por conquistar el equilibrio personal y el equilibrio social; diseñar un mundo justo y habitable, con el respeto a la naturaleza y obediencia a las leyes naturales, el respeto a la vida, al honor, a la fama de los demás; el conocimiento y el amor de Dios, etc.
El ethos es para el hombre su daimon (felicidad): Heráclito.
Recomiendo leer ORATIO (discurso sobre la dignidad humana) de Pico de la Mirandola, Pensador Renacentista.
Salvador:
Gracias por tu comentario. Grandes ideas, dignas de pensarse; grandes propuestas: Recojo dos. 1) Me encanta la idea de que nuestros vecinos deberían tener una estatua de la Responsabilidad en el Pacífico (nunca la tendrán). 2) El Homo ethicus desaparece poco a poco. ¿Mi respuesta? No encuentran que el Daimon, como tú lo citas, sea universal y asequible gracias a la ética.
No conozco el ensayo de Pico de la Mirandola. Lo buscaré.
Saludos, aprendo de tus disquisiciones,
Arnoldo Kraus
Gran título Dragones del Eden
Gran texto Dr. Kraus
Felicidades
Gilberto:
Gracias mil por tu comentario. Buscaré el libro de Carl Sagan.
Gilberto:
Gracias por tu comentario. Buscaré el libro de Carl Sagan.
Saludos afectuosos,
Arnoldo
Hola, si le interesa el tema de la ética y la empatia le recomiendo que lea a Martin L. Hoffman, tiene un trabajo sobre desarrollo moral y empatia: un articulo sobre empatía, juicio moral y justicia
Elena:
No conozco el trabajo de Hoffman. Seguro será de mi interés. Gracias por la recomendación.
Arnoldo
Me parece que la relación médico-paciente no ha tenido la atención que merece. En 1985 Federico Puente-Silva, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM escribió un libro llamado «Adherencia Terapéutica: Implicaciones para México»; en el que señalaba que la cercanía y empatía del médico hacia el paciente hacía la diferencia entre entre la salud y la enfermedad, este libro me motivó para elegir el tema de mi tesis de licenciatura en Psicología llamada «La función del psicólogo en el primer nivel de atención a la salud mental» en la que postulo que la comunidad acude a consulta de primera vez en los módulos de atención primaria, con la esperanza que la sola presencia del médico haga que los síntomas de la enfermedad desaparezcan, lo que hace que los tratamientos no sean llevados a cabo hasta el final, generando de esta manera que la enfermedad persista, desperdicio de recursos y pérdida de adherencia terapéutica por parte del enfermo, quien interpreta la permanencia de la enfermedad como incapacidad del médico para curar, todo ello en el marco de las instituciones públicas de salud. Han pasado 26 años desde ese entonces y la atención médica de primer nivel continúa sin contar con la sensibilización del personal médico y paramédico para mejorar las condiciones del paciente que acude a estas instituciones.
Gladis:
Concuerdo con su comentario. En las instituciones públicas el problema es la demanda y el poco tiempo que tienen los médicos para atender a los enfermos; en la privada, la relación médico paciente casi ha desaparecido. Y eso, es, finalmente, un desastre. La razón: Lo que más quieren los pacientes es que se les escuche y lo que menos hace el personal de salud es escuchar.
Saludos y gracias,
Arnoldo
Me conmovió muchísimo la historia que narra y su reflexión. Y me lleva a pensar que efectivamente la empatía en nuestra especie se convierte en un ejercicio ético de todos los días y más en quienes tienen una práctica clínica. No sé si un gran obstáculo es la autopercepción de superioridad, que se puede incluso llamar sexismo, racismo o clasismo (o las 3), que ha llevado a la desgracia de pensar que hay seres humanos que «valen la pena» y otros que no. Pienso en las miles, millones de personas que migran huyendo de la violencia y el miedo y son vistas con un desprecio enorme, como si fueran infrahumanos. Y claro, en los políticos. Irse de viaje a Francia con 400 personas y gastar en vestuarios de lujo mientras tienes a más de la mitad de la población en la pobreza es una muestra también de falta de empatía. No sé si el priismo se ha trasmitido genéticamente en Mexico, en todos los políticos, en todos los partidos. Así pareciera.
Vaya. Una disculpa, me faltó el acento en México. Espero no haya sido un lapsus.
Me encanto el texto porque es muy cierto. Muchos de mis compañeros de la preparatoria escogieron estudiar medicina, y es muy importante que si les importe el paciente -no nomas lo que tiene- pero es muy cierto que en las instituciones públicas no hay suficiente tiempo para atender a cada persona, pero por lo menos una sonrisa y un: »todo va estar bien» no requiere de mucho tiempo y ayuda mucho.