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¿Es lo mismo retirar tratamientos médicos que no iniciarlos?

Afortunadamente, aunque con enorme lentitud, empiezan a caer algunos tabúes médicos. Uno de ellos es el de eutanasia. El tema, áspero, complicado, crudo, es un inmenso reto para enfermo y paciente. Esa es una razón por la que su despenalización avanza dando tumbos. Otros motivos son los esgrimidos por políticos y religiosos, grupos, casi siempre, impenetrables. Al lado de la eutanasia cabalgan tópicos insoslayables: calidad de vida, dignidad, autonomía y calidad de muerte. Esos temas —temas de vida, de muerte— exigen asumir posturas. Repito la que intitula estas  notas: con los enfermos, desde la mirada  de la ética, ¿es lo mismo retirar tratamientos médicos que no iniciarlos?

Caso paradigmático es el de Sammy Linares (1989), bebé de seis meses quien al tragar una pelota sufrió daño cerebral. En el hospital se le diagnosticó estado vegetativo persistente. El padre tenía 23 años y pidió en varias ocasiones que se le retirase el apoyo médico. Ante la negativa de las autoridades, intentó desconectar el ventilador respiratorio del cual dependía la vida de Sammy. El personal médico impidió la maniobra.

Cuatro meses después, el padre, pistola en mano, alejó al personal, apagó el ventilador, cargó a su bebé y lo abrazó. Media hora después Sammy falleció. El padre se entregó a las autoridades. El bebé llevaba en coma nueve meses.

Inicialmente el progenitor fue encarcelado por asesinato; tiempo después fue exonerado. Los abogados del hospital consideraron que no iniciar ningún tratamiento hubiese sido correcto; sin embargo, desde su perspectiva, al retirar el apoyo el padre había cometido homicidio.

No iniciar tratamientos en pacientes graves es una decisión compleja. Lo es porque, salvo en casos de pacientes terminales, o en enfermos que hayan sufrido daño cerebral irreversible por falta de oxigenación o de  seniles con muchas patologías, no es posible saber con exactitud si las medidas iniciadas serán adecuadas o no. Es factible y respetable retirar tratamientos, siempre   en consenso con el afectado, y de ser posible con la familia, cuando el pronóstico es fatal, cuando se puede aseverar que el paciente no mejorará independientemente de la mejor atención, o cuando las posibilidades de recuperación y de tener una vida digna y ser nuevamente una persona autónoma son nulas.

tratamientos

El brete es el siguiente. Primero. Cuando se toma la decisión de  retirar los tratamientos iniciados se procede así porque se sabe que han sido ineficaces,  extenuantes, y ¿por qué no decirlo?, onerosos. En esta situación se actúa por comisión. Segundo. Cuando no se inicia ninguna terapia, el médico debe tener la certeza de la ineficacia de los remedios disponibles. En este caso se actúa por omisión –no iniciar significa actuar. La complejidad de las enfermedades y las diferencias entre un paciente y otro invita a reflexionar antes  de decidir; es más complejo no iniciar que retirar el apoyo médico.

La dificultad de la pregunta inicial sugiere que cada caso debe individualizarse, que el enfermo debe saber lo que quiere y que el médico debería actuar acorde con sus saberes y los deseos del paciente. Al lado de la pregunta, desde la ética, ¿es lo mismo retirar tratamientos médicos que no iniciarlos?,  las cuestiones antes esbozadas se responden “mejor” bajo la óptica de los significados en medicina de futilidad. Sobre eso escribiré en la próxima entrega.

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Publicado en: Mirar los días

8 comentarios en “¿Es lo mismo retirar tratamientos médicos que no iniciarlos?

  1. Arnoldo:
    Seguro que debe haber diferencias (de cualquier tipo, hasta filosóficas) entre no iniciar un tratamiento que a priori sabemos inútil y retirar un tratamiento previamente establecido por considerarlo que no va a modifcar el curso inexorable de la enfermedad. Las cosas serían más fácil para el médico si siempre contase con el conocimiento profundo del enfermo y con su complicidad. Esas condiciones, sin la práctica de la medicina clínica y, por tanto, sin un vínculo sólido que los una a ambos, es imposible. E incluso cuando se cumplen ambas condiciones (conocimiento y complicidad) puede ser difícil y la decisión volverse un dilema si la misma enfermedad impide la comunicación entre el médico y el paciente. La incertidumbre sobre lo que debe hacerse es la espada de Damocles que siempre pende sobre la cabeza del médico.
    A ver qué nos dices sobre esa «medicina de futilidad» cuya explicación dejaste en el tintero.

  2. En mi opinión, es más ético retirar un tratamiento que no iniciarlo. Obviamente habrá excepciones donde los hechos son contundentes, sin embargo, en caso de la exiatencia de una mínima duda por parte de algún profesional, debería considerarse comenzar un tratamiento.
    Si nos basamos en la experiencia del médico para diagnosticar, este debe de tener una cantidad enorme de años de práctica para tener una excelente probabilidad de que su diagnostico es certero en una situación específica (considerando todas las variables).
    Si la decisión se toma en base a datos estadísticos y éstos arrojan predicciones desfavorables, hay que recordar que los casos más sorprendentes (para bien o para mal) son los más arriesgados y hay que evaluar el nuevo comportamiento normal de un sistema después de haber hecho un cámbio.
    Por otro lado, lo más común que se puede esperar de una teoría es que falle en su primer intento de ser demostrada. Además nueva información puede surgir.

  3. Gracias Luis:
    Sí, tienes razón. El problema radica en la la imposibilidad de valorar, si un tratamiento, al iniciarse, sobre todo en pacientes graves, será adecuado o no. Continuarlo o dejarlo dependerá de la sabiduría del enfermo y del médico. Embrollo complicado. De eso escribo en el siguiente Blog.
    Saludos afectuosos,
    Arnoldo

  4. Formo parte de un comité de Bioética y tanto para el médico que hace la solicitud de revisión del caso, como para cada miembro del comité resulta un autentico dilema incluso de índole personal. En primera instancia ante situaciones como esta que se plantea, debemos hacer una cuidadosa interpretación de lo que al respecto esta legislado, y en los hechos partimos de esta situación. Si esta condición no está considerada e incluso puede dar lugar a procesos penales, se concluye con los fundamentos legales. Si las leyes permiten interpretaciones se inicia entonces el debate. En nuestros casos más que hablar de Eutanasia, en estos casos hablamos de Ortotanasia, que consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida.

    1. Oscar:
      Gracias por tu comentario. Ni el enfermo ni la medicina son seres y materias exactas. El reto es individualizar y dialogar. Con fecuencia no se sabe si vale o no la pena iniciar tratamiento en enfermos muy graves.Lo que si se debe saber es, después de unos días,si vale o no la pena continuar tratamientos.
      Saludos,
      Arnoldo

  5. Hablo como paciente, desde mi particular experiencia. Un médico me dijo que cuando hay un tratamiento adecuado la enfermedad terminal se convierte en crónica. Desde esa opinión estoy de acuerdo en que comenzar un tratamiento siempre será lo mejor. Ya en el camino el trabajo será de dos: enfermo y médico. Sin embargo, parece ser que se requiere de varios intentos en los tratamientos hasta encontrar el adecuado, si hubiera. Y aquí me parece que es cuando el enfermo sufre. Porque en muchas ocasiones los diagnósticos no suelen ser muy completos. Y es difícil encontrar un médico con ética y destreza, así que el enfermo desconocerá cuáles son los límites éticos del doctor y también su habilidad como galeno, hasta no comenzar un tratamiento. Creo que todavía falta conocimiento del cuerpo y consecuencias. Sangrarse de dolor y del bolsillo es un acto de fe ante el campo inmenso de la medicina.

    1. Silvia:
      Gracias por tu comentario. Concuerdo con lo que dices: 1) Finalizado el paternalismo médico lo que importa es el diálogo; el médico no decide, deciden enfermo y doctor. 2) El segundo punto es crucial: Si el médico no funciona primero, y siempre, cobijado por ética, el enfermo es quien paga. Lamentablemente los currículos médicos no se peocupan por la ética.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  6. Querido maestro, lo he leído atentamente durante buen tiempo. Escribí una novela que editó Nueva Imagen y ahora he concluido el borrador de una digamos segunda parte. Su libro El Tiempo Alzahimer fue para mí fundamental porque el personaje central tiene los primeros síntomas. Lo investigué, lo trabajé, sin embargo el tema es complicado. He publicado el argumento en la revista Dosfilos, me encantaría enviarle una copia si y Ud me lo permite. Viví y cuidé a una persona quien finalmente murió luego de cinco años de convivir con la enfermedad, lo vi desgajándose poco a poco a veces ante la indiferencia de la propia familia. Estoy en condiciones de concluir la corrección a finales de este año. ¿Había entonces algún modo de enviársela electrónicamente? ¿Por este medio le puedo enviar el argumento ya editado? Para mí es muy importante; no deseo ser imprudente, me gustaría su opinión de médico y escritor y lector calificado. Como decía Oliver Sacks, literaturizar la enfermedad, algo que hacían los médicos en el XIX se ha perdido. Ha sido para mí vital, maestro, leer lo que escribe. Reciba un abrazo.

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