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Ética médica: ¿Cómo se aprende? (II)

“Debo ser la única persona que le cae mal a la muerte”, comentó Ovidio González Correa, zapatero colombiano de 79 años, víctima de un cáncer que deformó su rostro y produjo dolor (y seguramente indignidad). A partir del 20 de abril la eutanasia activa es legal en Colombia; al lado de Holanda, Luxemburgo y Bélgica, el país latinoamericano es el cuarto en reglamentar la muerte digna.

Por torpezas incomprensibles Ovidio tuvo que aguardar. La eutanasia activa fue cancelada quince minutos antes de llevarse a cabo por desacuerdo entre los médicos; días después, los mismos recapitularon y coincidieron en que Ovidio reunía todos los requisitos exigidos por la ley para autorizar la eutanasia activa. En resumen: padecer cáncer terminal, contar con condiciones psíquicas adecuadas y ser el enfermo quien solicita el procedimiento, amén de que el grupo médico apruebe y ratifique la decisión.

A Ovidio se le diagnosticó cáncer bucal en 2010. Se sometió a radioterapia y quimioterapia durante cinco años; debido al tumor perdió parte de los huesos del lado izquierdo de la cara. En 2015, el cáncer se reactivó. “Quiero la eutanasia, yo sé para dónde voy y no quiero ser un guiñapo en la cama”, le dijo Ovidio a uno de sus hijos.

Colombia y Ovidio son motivo de reflexión. Sirvan las líneas previas para cavilar, por medio de un caso clínico, acerca de la eutanasia activa.

N tiene 65 años. En 2012 se le diagnosticó cáncer de colon. Fue sometido a cirugía y posteriormente a quimioterapia por presentar metástasis a hígado. Meses después de haber padecido los efectos indeseables de la quimioterapia N se recuperó.

Filósofo de profesión, regresó a dar clases a la Universidad y continuó corrigiendo las tesis de sus alumnos. Dos años después del diagnóstico se quejó de dolores óseos. Los exámenes demostraron metástasis a huesos y sistema nervioso central.

N decidió no someterse a ningún nuevo tratamiento. Para él las desventajas eran mayores que los posibles beneficios. Consciente de que no le quedaba mucho tiempo de vida, se reunió con su médico y le solicitó ayuda para morir antes de que él fuese incapaz de tomar la decisión por su propia cuenta. Le explicó a su doctor que sólo quería contar con unas semanas más para despedirse de todas las personas que él apreciaba, así como ordenar sus papeles. Su temor era que las metástasis cerebrales le impidiesen llevar a cabo sus decisiones.

Cuando recibió la noticia de las metástasis N recordó el final de su primera esposa; víctima de cáncer diseminado, incapacitada para moverse y decidir qué hacer, pasó los últimos cuatro meses de vida en cama, sujeta, incluso para los menesteres más sencillos, a todo tipo de ayuda. Su mujer, profundamente religiosa, solicitó ayuda para morir; su(s) sacerdote(s), hicieron que desistiese.

Cumplidos sus propósitos, N recibió ayuda y falleció en paz, al lado de amigos y familiares.

N, filósofo, y Ovidio, zapatero, compartían visiones similares sobre la vida y la muerte. Ambos consideraron que continuar perviviendo carecía de sentido. N, reconocido filósofo, me comentó, “mi vida ha sido plena; ha prevalecido, valga la expresión, la felicidad. Hago mía la idea, creo que fue Ramón Sampedro quien lo dijo, ‘la vida no es una obligación, es un derecho’”.

personas

Ovidio —quien lo desee puede buscar imágenes y opiniones acerca de él en Internet— parece haber sido un hombre dichoso, un hombre trabajador y exitoso. Leo en Internet: “Mi padre fue un hombre de izquierda, de ideas liberales… Aunque sólo estudió hasta tercero de primaria, siempre fue un gran lector… A Pereira (ciudad colombiana), recuerda su hijo, Ovidio llegó con sus padres y hermanos y algunos sobrinos y a todos los sacó adelante… Fue empresario. Montó una fábrica de calzado… Le dio educación a sus cuatro hijos: Administrador ambiental, caricaturista —‘Matador’ es su apelativo—, filósofo e ingeniero mecánico son sus profesiones… Cuando le retiraron el paladar se mudó a una pequeña finca. Ahí estuvo muy activo. Ordeñaba vacas, alimentaba gallinas y cuidaba chivos. Montaba caballo y en sus recorridos lo acompañaban los tres perros que recogió en la calle”.

Comparto algunas preguntas sobre ambas historias:

1. ¿Fue correcto o incorrecto aplicar eutanasia activa?

2. ¿Usted hubiese ayudado a sedar y precipitar la muerte en N y en Ovidio?

3. ¿Deben los médicos recibir información cuando estudian sobre eutanasia?

4. ¿Ha hablado con su médico de cabecera sobre el final de su vida?

5. ¿Piensa que a los médicos les interesa el tema?

6. ¿Conoce el documento instrucciones (voluntades) anticipadas?

7. ¿Se puede hacer “algo” para zanjar las diferencias entre librepensadores y religiosos con respecto a la eutanasia?

Dedicada a fomentar y ahondar en los denominados valores humanos, la ética, en este caso la ética médica, expone problemas cruciales. Como el de N y el de Ovidio. Sobran preguntas, faltan respuestas. Los seis principios de la ética médica orientan: Autonomía, veracidad, no hacer daño, hacer el bien (beneficiencia), justicia, confidencialidad.

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Publicado en: Mirar los días

10 comentarios en “Ética médica: ¿Cómo se aprende? (II)

  1. Lo que más quería en su vida Nathan Verheist era convertirse en hombre. Había nacido como una chica hermosa, Nancy, orgullo de sus padres; pero, mientras crecía y se convertía en una preciosa mujer , ella entedió que solamente sería feliz cuando se convirtiera en hombre.

    Cuando finalmente logró sujetarse a la operación para cambiar su sexo, creyó que finalmente su sueño se haría realidad. Desafortunadamente, algo salió mal durante la cirugía y los pechos no le quedaron como ella deseaba; tampoco el pene quedó a su gusto.

    Padeciendo un “sufrimiento psicológico insoportable por los resultados defectuosos de su cambio de sexo,” solicitó eutanacia. Undoctor le administró la inyección letal y murió, en Bélgica en 2013.

    ¿Cómo puede un doctor medir el sufrimiento que una persona padece?
    ¿Es correcto legalizar que los médicos practiquen eutanasia activa cada vez que sea solicitada por pacientes?

    1. Manuel:
      No conozco el caso que describes. Respondo a tu pregunta: Los médicos no pueden, no deben practicar eutanasia porque el enfermo lo solicita. Se lleva a cabo cuando se cumplen una serie de requisitos establecidos. Ahora se discute, si, amén de llevarse a cabo en pacientes terminales puede ejercerse en pacientes son sufrimientos psicológicos «insoportables» e intartables.
      Gracias,
      Arnoldo

  2. Estimado Arnoldo:
    He estado leyendo con mucho interés tus artículos relacionados con la ética y bioética, felicidades por tu manera de exponer un tema tan complejo y con matices de tantos rubros distintos. Aparte de felicitarte, quisiera hacerte dos pequeñas preguntas:
    1. Qué tan difícil o posible es intentar abordar y aplicar las cuestiones que tratas sobre la muerte digna específicamenten en un país como México, donde el conservadurismo religioso y la cultura (o falta de) de esta sociedad hacen tan difícil avanzar sin prejuicios, fundamentalismos, sin que la mayoría estén dispuestos a considerar si quiera ideas de corriente poco más Humanista; por lo menos en el círculo que conozco, la eutanasia es pecado mortal porque es un suicidio, es ir en contra de la voluntad de Dios y del dolor con el que debes «expiar» tus pecados para morir en paz. Tus buenos ejemplos hablan de sociedades como la de Holanda, Bélgica… países donde no les da miedo PENSAR, aquí cómo funciona este tema de la bioética?
    Y mi otra pregunta es, qué libro me recomendarías para saber más sobre estos temas? No soy médico, soy abogada e historiadora, por si en algo te sirve este dato para tu recomendación.
    De antemano gracias por tu amable respuesta.
    Muchos saludos,
    P.

    1. Paulina:
      Gracias por tus comentarios.
      Colombia ya legalizó la eutanasia: si ellos pueden nosotros debemos. La sociedad debe presionar, de nuestro gobierno acéfalo es imposible esperar cambios. Creo que poco a poco se avanza, creo que el Papa Francisco hablará al respecto. Lee Nexos de Junio, lo encuentras en la Red: «Morir con dignidad» es el dossiers.
      Te recomiendo dos libros, propios para no médicos:
      1. La soledad de los moribundos. Norbert Elias (FCE).
      2. Decir adiós, decirse adiós. Arnoldo Kraus (Mondadori) (Perdón por auto recomendarme: El libro es una suerte de novela; el core del libro es pensar en calidad de muerte.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

      1. Mil gracias por tu respuesta y tus sugerencias! Obvio desde su publicación ya leí los ensayos sobre Morir con Dignidad, muy interesantes. Gracias por tomarte el tiempo de responder.
        Saludos!
        P.

    2. Paulina:
      PD Busca The Economist, «The rigt to die», junio 27. Espléndido.
      Abrazo,
      Arnoldo

  3. Gracias Dr Kraus por su columna.
    Pienso que el debate acerca de la eutanasia no debe darse solamente en el Congreso, sino que la sociedad civil debe tener más participación en él.
    Creo que la mayoría de los mexicanos apoyaríamos la eutanasia activa en casos de pacientes con enfermedades terminales. Nos quedan dudas acerca de pacientes con sufrimientos sicólogicos o existenciales. En Oregon, por ejemplo, The Economist reporta que la mayoría de los casos de eutanasia activa son por “pérdida de autonomía o dignidad, o porque perdieron la habilidad de hacer cosas que antes disfrutaban.” En Europa ya se habla de “euthanasia on demand.”
    ¿Queremos para México una legislación similar a la de Oregon o a la de Bélgica?

    1. Manuel:
      Bélgica permite eutanasia activa, incluso en menores de edad. Oregon permite suicidio asistido. Se ha abierto el debate: Se plantea ejercer eutanasia en pacientes con sufrimientos psíquicos insoportables y refractarios a tratamiento. El reto, como siempre, es individualizar, saber quien es quien. Y sí: Movamos México -no como dice el PRI en sus nauseabundos anuncios- y abramos la discusión.
      Gracias,
      Arnoldo

  4. Querido Arnoldo:
    Tus preguntas al final de tu escrito son muy difíciles de contestar en un espacio abierto como este porque quien escribe se expone… ¡con consecuencias imprevisibles! Está muy claro que ya no podemos hacer oídos sordos a casos como el del Ovidio y el de tantos y tantos pacientes que llegan a una encrucijada similar. La realidad se impone, no podemos ignorarla (¡eso sí es pecado!). Claro que la discusión debe abrirse. Pero existen condiciones. La primera y más importante es aceptar la pluralidad moral de nuestra sociedad. Les guste o no a los defensores de una moral única y homogénea (y los que se atrincheran en una religión verdadera en detrimento de las otras), nos adentramos cada vez más en una sociedad de estas características. La segunda es que, admitido lo anterior, debe ser un debate racional que no parta de posiciones morales irreductibles, sino de un deseo de acercamiento al que piensa diferente y teniendo claro que la eutanasia, el suicidio asistido y otros temas controvertidos no son un capricho o la elucubración de mentes enfermas o «desviadas», sino que obedece a serios problemas que afectan la vida de personas concretas, merecedoras de toda nuestra atención y solidaridad (¿quién nos asegura que nosotros mismos no estaremos en ese brete en algún momento?). Si no se parte de ahí, la discusión será estréril. Tu espacio abona a establecer estas condiciones.

    1. Luis:
      En efecto, el reto es complejo. Lo complejo no evita que sea urgente hablar sobre eutanasia y entender lo que le sucedió a este gran personaje en Colombia. Lo cierro es que la eutanasia divide a la población. Quien no este de acuerdo esta en su derecho de negarla, de lo que carecen de derecho es de evitar que las personas interesadas en discutir el tema, lo hagan.
      Abrazo agradecido,
      Arnoldo

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