Salvo los políticos, todos pensamos que las acciones políticas deben ser éticas. Sin ética la política destruye. Si los políticos no actúan éticamente todos pierden. Un pequeño blog construido desde la ficción basado en cuatro micro relatos “ético/políticos”. México como ejemplo.
Cangrejos
En las playas de Acapulco quedan pocos cangrejos. La mayoría han muerto. Unos por la contaminación, otros por los pleitos entre narcotraficantes y pseudo narcotraficantes (políticos y policías) y unos más por la falta de turistas.
Cangrejo viejo: ¡Estoy triste!
Cangrejo joven: ¿Por qué?
Cangrejo viejo: Desde hace tres semanas no he podido morder ningún pie.
Cangrejo joven: ¡No te acongojes! Algunos de tus compinches han muerto tras morder a uno de los pocos visitantes de nuestra playa.
Cangrejo viejo: Pues… ¿quién era?
Cangrejo joven: Leí en el Atardecer de Acapulco que se trataba del último gobernador del puerto.
Cangrejo viejo: ¿El último?
Cangrejo joven: Sí, el último. Al mes de erigirse como gobernador mandó matar a todos los regidores previos y futuros.
Cangrejo viejo: ¡Cabrón! Por su culpa han dejado de llegar turistas a Acapulco. La población se quedó sin dinero y nosotros sin pies.

Políticos
Jaime, mi tío, solía darme consejos. Una noche, mientras platicábamos sobre la situación de México me dijo:
—Los políticos no nacen, se hacen.
—¿Estás seguro?, le respondí.
—Sí, mira cómo empiezan, cómo se transforman, cómo acaban…
—¿Cómo?
—Mira el mundo, recorre México. Es suficiente.
Cuando Jaime me hizo ese comentario tenía 35 años. Yo tenía 17 años. Él era trabajador social y yo era un chico lleno de ilusiones. Él vivía inmerso en la cruda realidad del mundo. Yo amaba al Che Guevara y a todos los Ches, conocidos o desconocidos.
Desde entonces, han transcurrido muchos años. Él tiene 53 años y yo 35 años. Jaime se fue a la sierra de Oaxaca. Instruye, ayuda y lucha. Yo terminé periodismo. Escribo, leo, analizo.
Ahora tengo la edad que Jaime tenía cuando me advirtió, “los políticos son una especie nauseabunda, nunca confíes en ellos”.
Tardé 18 años en comprender lo que mi tío decía. Si mis pequeños hijos dilatan lo mismo y no consiguen levantar al pueblo, Sodoma y Gomorra, versión políticos mexicanos, será nuestra realidad.
De cenizas y ceniceros
Don Cenicero llevaba muchos años en el mismo sitio. Vivía en la casa del Jefe de la Policía de un país latinoamericano.
Cenicero: ¿Otra vez tú?
Ceniza: ¿Qué quieres?, no es mi culpa. Mi señor ha estado muy atareado. Acabó con su vecino por ecologista: con los estudiantes por estudiantes; con los libros por peligrosos; con los periodistas por meterse donde no debían; con los campesinos por tener hambre, y con todos los que él llama “mis enemigos”.
Cenicero: ¿Quiénes son sus enemigos?
Ceniza: Quienes se han educado y no son ni policías ni políticos al servicio de su Patria.
Cenicero: Siempre es igual. Todo acaba convirtiéndose en cenizas.
Autopsia
Autopsia era su mote. No era médico. Como reconocido Doctor en Economía por la Universidad de Harvard trabajó en diversas legaciones del Banco Mundial. América Latina fue su campo de acción. Después de treinta años colgó sus diplomas. Gracias a sus conocimientos y habilidades interactuó con muchos políticos latinoamericanos. Tras despedirse del Banco Mundial dedicó dos años a escribir y compartir sus experiencias.
Autopsió, de ahí su mote, la labor de la mayoría de los presidentes de América Latina. Conoció a los “de izquierda”, a los “de derecha”, a los “de en medio”, a los “de nada”, a los “enviados por el Mesías”, a los “pro yanquis”, a los “pro Castro(s)”, a los muy ladrones y a los poco ladrones (uno). Sus descubrimientos, resumidos en el libro Latinoamérica en el siglo XXI: una autopsia, poco sorprendieron. Cuando su bisturí abrió las cavidades craneales de los presidentes, los hallazgos fueron idénticos: Autopsia las encontró vacías.