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Fallecer durante la pandemia

Morir durante la pandemia debido a patologías “no covid-19” confronta y duele con la crudeza de siempre.

Hoy falleció un enfermo víctima de cáncer. Seis meses luchó. El séptimo, desistió: “he perdido la batalla”, escribió primero, habló después, “se ha agotado la vida, es hora de partir”. La esperanza huyó dos meses atrás. Poco después marchó la vida, la vida digna, la del amor y el desamor, la de las sonrisas y los enojos, la de los guiños y las palabras. La vida, le vida en sí. “Mi muerte se come a mi vida”, me dice.

Su final, consciente, deseado, le permitió decir adiós y decirse adiós. “El miedo camina dentro de mí. No asfixia ni paraliza. Advierte: el último tramo puede ser cercano o lejano. No deseo prolongar más mi muerte. Mejor hoy. Mañana…”. Frente al suspiro postrero, hoy es todo, mañana, es un lugar lejano, inalcanzable. Me habla, “el día no termina, quiere quedarse, ¿a dónde?, deseo preguntarle. No lo hago, me detengo, no hay adónde”.

Ilustración: Kathia Recio

La impotencia y la desesperanza fueron acicate. Hay tiempos donde urge cerrar. Hacerlo, motu proprio, acompañado por uno mismo y los suyos facilita el último camino. Frente a las enfermedades imparables, y con la muerte merodeando, atrapar la realidad y marchar es una suerte de bendición. Pocos lo hacen. Se requiere fuerza y valor. En Occidente algunas personas padecen más de una muerte: la del cuerpo sin vida y la de la vida sin vida. El dolor físico horada. El del alma denigra y aplasta. Ambos destruyen. Ninguna herida es igual a otra herida. Cuando la muerte se prolonga innecesariamente, la imagen del alma destrozada pervive en los deudos, amigos, familiares y amores.

“Yo me siento vivo pero mi cuerpo me dice lo contrario. El mundo es cada vez más distante. Lo imagino, viví en él. Lo camino, no lo consigo, lo busco, es en vano. Apenas lo escucho. Él no sabe de mí. Yo sé que ya no soy de él”.

Poco tiempo antes de perecer, escribió unas líneas, “Poner fin es complicado. Borrar la memoria es imposible y escaparse del día y de los próximos amaneceres es muy doloroso. No tanto por la muerte en sí, más bien por el proceso”. Tras una pausa, prosiguió, “Ante el final, ¿mañana?, ¿después de mañana?, deseo tener el valor para enfrentar las horas y los días y derrotar la oscuridad”.

Hoy “mi” enfermo apresuró el final. Lo hizo él. Lo hicieron los suyos. Apropiarse del final es complejo. Nunca se vence a la muerte. La parca es inmortal. Adelantarse a ella dignifica, enaltece, sublima. Poco importa si la muerte se entera. No permitirle que sea ella quien decida es un gran triunfo, para quien marcha, para quienes se quedan.

Hoy no falleció un enfermo. Falleció la muerte.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

7 comentarios en “Fallecer durante la pandemia

  1. CAMDEN, 1892
    El OLOR DEL CAFÉ y de los periódicos.
    El domingo y su tedio. La mañana
    Y en la entrevista página esa vana
    Publicación de versos alegóricos
    De un colega feliz. El hombre viejo
    Está postrado y blanco en su decente
    Habitación de pobre. Ociosamente
    Mira su cara en el cansado espejo.
    Piensa, ya sin asombro, que esa cara
    Es él. La distraída mano toca
    La turbia barba y la saqueada boca.
    No está lejos el fin. Su voz declara:
    Casi no soy, pero mis versos ritman
    La vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman.
    J.L.B.

    1. Saúl,
      De nuevo Gracias. Borges… ¿así murió Whitman?, ¿casi casi sin enterarse? A Borges, en ocasiones hay que leerlo de atrás hacia adelante.
      Gracias por tu interés.
      Saludos,
      Arnoldo

  2. «Hoy no falleció un enfermo, falleció la muerte» Frase profunda, impresionante, real. No decidió ella (la muerte) decidiste TU. Ante una enfermedad terminal trátese de Covid o cualquier otra , adelantar la muerte es ganarle la partida, es además digno y menos doloroso para quienes te aman. Si siempre durante tu vida has sido capaz de manejarte de acuerdo a tus propias decisiones, porquè no hacerlo cuando sabes que el final es inminente ?

  3. Gracias Gabriela por tus palabras,
    En efecto, se ha comentando en muchos sitios, avanzado el siglo XXI, acerca del derecho de las personas de adueñarse de su vida y de su muerte. En tiempos tan ríspidos como el actual y ante el desmoronamiento de las doctrinas religiosas, otorgarse el derecho de partir cuando se considere prudente es válido.
    Gracias por el comentario.
    Saludos afectuosos,
    Arnoldo Kraus

  4. Desde que tuve noticia de los suicidios de Koestler y su esposa he seguido estos cambios èticos y culturales, lo que incluye la historia del Dr. Keborkian, alias Dr. Muerte. Saludos.

  5. Saúl:
    El suicido de los Koestler tiene muchas aristas, reales y dinas de admiración y reprobables: Cynthia, creo que rea el nombre de la esposa no estaba enferma. llamar a Kevorkian «Dr. Muerte» es inadecuado y peyorativo. Me molesta que así se refieran a él.
    Gracias por su interés,
    Arnoldo

  6. Así se escribió la historia: keborkian fue perseguido y murió en la cárcel víctima de un cancer; los Koestler fueron encontrados sentados en.la sala de su casa como si se hubieran quedado dormidos conversando.

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