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Fracaso: escuela y necesidad

En junio 2017 abrió sus puertas, en Helsingborg, Suecia, el Museo del fracaso. Los fracasos ni son rentables ni son atractivos. Quizás por eso sólo cuente con una habitación. Si prevaleciera la sinceridad y la autocrítica, cualidades oxidadas y con riesgo de desaparecer, el Museo debería alojarse en un gran recinto con varios pisos. Los fracasos no interesan. Las razones subyacentes apenas despiertan inquietud.

Ilustración: Alberto Caudillo

Entre sus protagonistas destacan una bicicleta hecha 100 % de plástico, bolígrafos Bic para mujeres, los Google Glass, la lasaña de Colgate, la máscara de la eterna juventud y la nueva Coca Cola.

Fracasar y volver a fracasar es necesario. Quienes persisten y no mueren en el intento lo saben, crecen. Es una pena que el Museo sea pequeño. Y es un dolor mayor que en sus paredes o en sus anaqueles no se mencionen fracasos cruciales, fracasos humanos. Repasarlos podría menguar nuestras pifias. La ecuación es una inmensa paradoja: conforme la especie humana crece y construye, a la vez decrece, destruye y fracasa: la paz es mera entelequia, la pobreza ha disminuido poco, el hambre sigue matando a pobres y olvidados, algunas mujeres sin recursos que desean interrumpir embarazos no deseados fenecen, los curas pederastas y violadores siguen libres, y, un largo etcétera.

Por fortuna, en 2018 abrió en Los Ángeles un nuevo Museo del fracaso. Bajo la égida de Donald Trump, sus creadores, espero, amén de los fracasos técnicos, tendrán material suficiente para saturarlo de los incontables descalabros debidos a su Presidente.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

4 comentarios en “Fracaso: escuela y necesidad

  1. No fracasar es casi imposible, no se aprende de los demás ni de los libros, solo de la vida misma y de las experiencias personales. Si esto conlleva un aprendizaje, es constructivo. Fracazar para crecer. Lo que debièramos intentar al menos, es no permitirnos fracazar en lo mismo. Eso ya sería una considerable ventaja

  2. Gracias Gabriela, el gran Samuel Becket, decía algo así como «fracasa, y vuelve a fracasar», y a continuación, daba a entender que es la única manera de progresar.
    Saludos afectuosos,
    Arnoldo

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