Los vínculos y la interdependencia entre justicia social y salud son absolutos. Ávidas por cuidar al mundo, nuestras organizaciones, Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud han calendarizado el Día Mundial de la Justicia Social y el Día Mundial de la Salud. Aunque (creo) los 365 días del año ya tienen “su día mundial de…”, faltaría uno dedicado a sumar el Día Mundial de la Justicia Social con el de la Salud.
Dos binomios: No hay salud sin justicia social; no hay justicia social sin salud. Los sociólogos deben saber qué es primero: ¿la injusticia que debilita y enferma a las personas, o las enfermedades que merman la salud por falta de recursos e impiden a los afectados costear y reponerse de sus males? Además, sin salud ni justicia social no es posible acceder a una vida digna.

En sus reflexiones sobre bienestar y justicia social, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía de 1998, afirma, “… no se trata sólo de determinar lo que posee o no la población sino cuán capaces son las personas de ‘conducir su propia vida”. Sin justicia social ni salud, imposible tomar las riendas de la vida y decidir. Más de la mitad población en México es víctima de injusticia social y “buena parte” no cuenta con salud apropiada; para ellos, insertarse en el torrente de la vida es mera entelequia.
Tres conceptos merecen discutirse:
1. La justicia social se ocupa del bienestar del ser humano. Sin ella no hay bienestar. Sin bienestar, imposible crecer.
2. La pobreza perpetúa las enfermedades. No se trata, de acuerdo a los eticistas Beauchamp y Childress, del derecho al cuidado de la salud, sino del derecho a la salud.
3. Existe otro círculo perverso. La falta de educación incrementa pobreza y enfermedades y, ambas, dificultan la educación.
Los puntos previos son “urgencias éticas”. Confrontarlas y sanearlas es imprescindible. Me repito con frecuencia. Lo hago de nuevo. Los frutos del conocimiento deben vincularse con la impartición de justicia. De no ser así, la distancia entre quienes lo usufructúan y quienes viven marginados de los bienes del conocimiento, aumenta. Con los años, otra vez nuestra nación como pésimo ejemplo, la brecha entre hunos y hotros, como escribió Miguel de Unamuno, se amplía. Conozco, al igual que el lector, las respuestas a las preguntas previas. En nuestro caso, el Estado mexicano es el responsable de mitigar, si no de resolver, la falta de justicia. No lo harán: no lo desean, no saben cómo, no quieren. Miguel de Unamuno acuñó la idea, ni lo huno, ni lo hotro para hablar del “…suicidio moral de España… Entre los unos y los otros –o mejor los hunos y los hotros- están ensangrentando, desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo a España”. En México abundan los hunos y los hotros: tanta injusticia social y tanta pobreza lo demuestran.
Querido Arnoldo:
El acceso a una atención sanitaria adecuada es la mejor expresión de la justicia social. Sin ese acceso y sin una sanidad pública robusta, todas las demás acciones que un gobierno pueda llevar a cabo en favor de los ciudadanos se quedan cortas. En nuestro país, siguiendo tendencias (léase dictados) internacionales, el gobierno se está desentendiendo cada vez más de sus obligaciones sociales: salud y educación las primeras. Según el credo en boga (llámese neoliberal o como se llame), el progreso pasa por la victimización de los enfermos («el obeso lo es por tragón y el diabético lo trae en sus genes») y el recorte de la protección social por parte del Estado. En un país donde al menos la mitad de su población vive en la pobreza y una élite vive sin restricciones a costa de la miseria de millones, debilitar la sanidad pública para fortalecer los negocios de la iniciativa privada («teoría de los vasos comunicantes» de Joan Benach) es poco menos que un crimen (hay personas que mueren por esa causa)… un crimen de Estado.
Querido Luis:
Gracias por tu comentario. Tu idea, con la cual concuerdo, es demoledora: Llamas Crimen de Estado a las políticas -nuestro México como ejemplo-, conformadas por el binomio injusticia y magra atención sanitaria. Sí, es un crimen de Estado. Perdón por citarme: reflexioné sobre la «culpabilidad» de los enfermos en su salud en un artículo, «Enfermos: malos hábitos y escasos recursos económicos» (El Universal, marzo 20, 2016), donde hablo sobre la carga y culpabilidad, como tu lo haces, que se les imputa erroneamente a muchos enfermos.
Crimen de Estado: Injusticia y mala atención sanitaria (muertes prematuras).
Abrazo querido Luis,
Arnoldo
Urgencias eticas, me gusta la idea, por que catalogarlas como urgencias tal vez le daria un significado de no poder postergarlo mas, recuerdo la declaracion ALMA-ALTA del 78, que prometio «salud para todos en el año 2000», sin embargo, 16 años despues, tenemos una realidad diferente, con reformas reformas en salud que se aplauden en foros, congresos, etc, pero que padece la sociedad dia a dia, que fomenta la pobreza y la corrupcion. Sin dejar de lado al personal en salud que se vuelve espectador de la necesidad del paciente, comparto su opinion, es una verdadera urgencia etica. Saludos Dr. Kraus.
Hugo:
Gracias, una vez más por tu interés: tus comentarios nutren el blog. Sí, una de las grandes «urgencias éticas» es la salud. Urgencia inminente en cualquier Estado donde ética y justicia sean metas, realidades, trabajos por hacer. Hablemos de México: Ni ética ni justicia forman parte del vocabulario de la clase política. ¿Qué hacer?
Saludos,
Arnoldo