Kafka fue y sigue siendo un escritor muy leído. Los jóvenes acuden a él con el fin de encontrar alguna explicación al mundo que ellos no saben cómo explicar. Los adultos regresan a sus escritos para entender las razones por las cuales, ya tarde, no comprendieron las lecciones y visiones del praguense. Sin desearlo, no era adicto a la fama, Kafka es muy reconocido y por ende pervive en el lenguaje, en la vida cotidiana, en las charlas de café, en las acciones variopintas, una peor que la siguiente, de políticos variopintos y en ese gran espacio llamado etcétera. Deben ser raras las librerías sin libros del archi famoso autor de la Carta al padre.
Su lectura de la humanidad, a pesar de “ser vieja” —murió en 1924— no es vieja. Algunos académicos, empujados por la vida e impelidos por las herencias del pensador judío, agregaron kafkiano al diccionario, “Que tiene el carácter trágicamente absurdo de las situaciones descritas por este escritor en sus obras”. A pesar del tiempo transcurrido, casi un siglo, sus ideas no han muerto. ¿Kafka se hizo Kafka o las circunstancias de su época, miseria, guerras, opresión, lo hicieron quien fue?

Ilustración: Raquel Moreno
Escribo en enero de 2020. El mundo requiere más Kafkas, no nuevos términos emparentados. Dentro de una miríada, una vivencia kafkiana. Mientras escribo, las organizaciones dedicadas a la salud, temen la diseminación de una nueva pandemia debida, en esta ocasión, al coronavirus. El primer caso se describió en Wuhan, provincia China. Li Wenliang, oftalmólogo de 34 años, alertó a las autoridades de su país sobre la epidemia. Como es frecuente en el gigante asiático, las autoridades le obligaron a callar. La Policía le ordenó no divulgar más “rumores”. Semanas después de haber comentado sus observaciones Li Wenliang, a pesar de ser adulto joven, falleció víctima de la neumonía propia del virus.
Cuando la población se enteró de su muerte, los internautas publicaron su reconocimiento y un sinfín de homenajes al médico así como un aluvión de reacciones de dolor. La censura china bloqueó todas las páginas dedicadas a homenajearlo y a reclamar al gobierno su actitud.
El corolario, a pesar de ser una repetición de “más de los mismo”, escuece: la censura vale más que las vidas humanas.
El mundo es una pocilga. Su suciedad se nutre de sucesos tan nauseabundos y brutales como el descrito. El problema es que éste y otros incontables bretes son reales. Mejor sería encontrarlos exclusivamente en el mundo kafkiano (sin itálicas).
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Insisto. Todo se reduce a Dinero, lo cual por ende deriva en poder. Los Seres Humanos pierden valor dia con dia y de ahí surge el mundonauseabundo que describes. No impotra sise trata de la terrible pandemia que estamos viviendo o la destrucciòn del planeta. Da igual, no hay respeto ni compasión. Este mundo NO TIENE REMEDIO. Los intereses económicos se agigantan y el Ser Humano se hace dia con dia mas pequeño.
la ambición del hombre por PODER y tener nos lleva a la extinción…
Gracias Gabriela por el comentario, coincido con tus observaciones, con todas. Kant decía que el Mal esta determinad ontogenicamente, es decir, «en los genes». No todos, pero muchos, demasiados si. Algún día la ciencia descubrirá´»genes del Mal».
Abrazo afectuoso,
Arnoldo
Dr. Kraus, como siempre, lúcida disertación. Coincido con usted en la frase (aunque sea reiterativa): «la censura vale más que las vidas humanas». Esta frase hoy cobra vigencia en nuestro país, la contingencia por COVID-19 la hace presente. ¿Quién dice la verdad? ¿Qué hacen con ella? ¿La ciencia, los científicos, verdaderamente se alían a la verdad por más dolorosa que esta sea? ¿Asumirán los costos? Habría que preguntarles a quienes ahora están al frente de este país. ¿No lo cree así?
Estimado Dr. Kraus, Kafkianos, somos Kafkianos. Tiene usted toda la razón, dejaríamos de serlo cuando el Científico aísle dos ¡DOS! Genes temibles. El del mal y el de Dios. Un saludo afectuoso BH
Gracias Pedro, ¿quién dice la verdad preguntas?, ¿qué hacen con ella?, imposible dilucidar. Si tiene tiempo, en mi columna de hoy, en El Universal, escribo acerca de tus inquietudes. «La vieja anormalidad» es el título del texto.
Gracias por tu interés,
Arnoldo