La fe del carbonero es una idea en desuso. Desuso no significa inutilidad ni obsolescencia. Tampoco equivocación, tampoco todo lo contrario. Muchos ámbitos contemporáneos desean y requieren que la prole, su pueblo o comunidad, siga su ideario sin cuestionar ni chistar. Pretenden que su poder autoritario, no autoridad, se ejerza sin coto, sin puntos suspensivos ni signos de interrogación. Lealtad, afinidad, incondicionalidad y entrega son necesarios para incontables líderes. Sobresalen políticos y religiosos y en menor y diferentes medidas, médicos y banqueros. Quieren y precisan a sus huestes al lado. Adoctrinarlas y encasillarlas hasta convertirlos en rehenes es la meta. Justo como sucede con quienes profesan, sin saberlo, la fe del carbonero. Este conjunto amorfo no corresponde ni engloba a los lacayos. Los encasillados en la fe del carbonero no saben que no saben. En cambio, los lacayos, por historia o herencia o pobreza no tienen la opción de elegir: son una suerte de criados.

Ilustración Patricio Betteo
La fe del carbonero agrupa a las personas que sin entender la esencia del discurso ni las metas o condiciones de este, creen en el tema o en el suceso del cual se habla sin pestañear. Nadie cuestiona, nadie se incomoda, todos se entregan. La fe del carbonero es parte del fideísmo, término proveniente del latín fides, fe, esto es, la actitud de quien considera innecesario dar razones sobre sus creencias o inclinaciones. Actúan siguiendo los puntos y comas de los discursos oficiales. Don Miguel de Unamuno hablaba de la fe del carbonero en su libro La agonía del Cristianismo para referirse a la fe sencilla, a la fe que no exige pruebas ni sabe de argumentos.
La fe del carbonero excluye la razón; es fútil ir más allá y conocer la verdad. En 2020 políticos de “izquierda y derecha”, de en medio y de nada (la inmensa mayoría), exigen de sus súbditos fidelidad e incondicionalidad. Lo mismo los ministros religiosos: entregarse sin cuestionar es dogma.
Ningún profesional de la mentira, políticos o religiosos, utilizará, para referirse a sus seguidores, el término fe del carbonero. No lo dicen ni lo proclaman. Buscan a toda costa los caminos para impedir que los suyos abandonen la senda impuesta por la fe: ser y estar sin saber las razones por las cuales se está.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
¿Cual puede ser la relación entre el carbón y el diamante? Un refrán popular dice que con dinero baila el perro; alguien más dijo que hasta los huesos de los santos se venden y Quevedo escribió Poderoso caballero es Don dinero.
Saúl, Quevedo fue grande, tan grande que sus saberes hoy son vivos retratos de la enfermedad del mundo. El también aseveraba, «donde hay poca justicia peligra quien tiene razón», y en cuestión de fe ciega impera el dogmatismo y no hay ni cómo ni con quién hablar. Lo que de plano no entiendo, es, en le contexto de mi blog es su pregunta, ¿cuál puede ser la relación entre el carbón y el diamante?
Saludos y gracias,
Arnoldo
Gracias. Me saltó Heist el hechizado personaje de Conrad un solitario que sueña con una empresa carbonifera en unas islas tropicales. No sé si Unamuno y Conrad o su siglo de alguna manera el carbón los unió.
Victoria es el relato de Conrad. Saludos
Saul,
«Victoria: Un cuento isleño» de Conrad, así como buena parte de su obra, al igual que la médula de Unamuno denuncian, señalan y exponen innumerables miserias humanas. La fe ciega, de la cual expongo unas ideas en mi texto, podría aminorarse -inmensa falta nos hace- siguiendo a los autores que propones. Así como urge una vacuna contra covid urgen muchas vacunas, de cepas diversas versus el fanatismo.
Gracias por tu interés,
Arnoldo
Dr. Kraus, siempre lo sigo, siempre lo leo. Soy Rosario Narezo, hermana de su paciente Ma. Elena Narezo, acompañé algunas veces a mi hermana a su consulta, voy a confesarle algo, en primer lugar por acompañar a mi hermana y enterarme de su salud, pero también, por el privilegio de platicar con Usted. Me gustan las mentes inteligentes como la suya. Lo saludo con afecto y a la distancia en este momento de pandemia tan difícil de comprender.
Estimada Rosario:
Mil gracias por su muy amable comentario estimada Rosario. Aprecio mucho sus palabras. Y si, platicamos «rico» después de la consulta.
Le mando un abrazo muy afectuoso,
Arnoldo
La fe del carbonero de la que hablaba don Miguel de Unamuno es la misma fe ciega que exige a sus súbditos el actual presidente. Y cuando un ciego guía a otros ciegos, ya sabemos lo que pasa. ¿No cree doctor?
Sonia:
Concuerdo con tu comentario. Concuerdo y lo hago mío. Para muestra un botón (y perdón por citarme): si tienes diez minutos lee mi artículo de hoy en El Universal, y más que mi artículo, repasa la culta tunda de la que soy objeto de las huestes gubernamentales. Dos ciegos voluntarios -de la cabeza y la razón- aniquilan todo.
Mil gracias,
Arnoldo