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Las cosas

Dos amigos han tenido la fortuna de pasar buena parte de los últimos años en sus casas. Uno se dedica a escribir, otro a pintar. Sus estudios son prolongaciones de su cuerpo, de su vida, de sus días. Ceniceros, figuras de cerámica, lápices, pergaminos, reproducciones de cuadros, abrecartas, conchas, pisapapeles, portalápices, telares, libretas y un sinfín de objetos, todos dotados del amor propio del tiempo viejo tapizan las paredes y el escritorio de sus estudios.

Ilustración: Izak Peón

Los objetos son parte del esqueleto de mis amigos. Platicar con ellos sobre sus cosas es un placer. Reconstruir fragmentos y momentos de la existencia a través de cosas y artefactos, como le sucede a mis conocidos, humaniza. Podría parecer exagerado decir humaniza. Para mí no lo es. Traduce sensibilidad y sencillez. Pensar la vida a partir de lo simple, transformar lo efímero en permanente y lo trivial en trascendente es un don. Quien lo posee y contagia, explica, desde otro lugar, algunos párrafos de la vida.

Poco a poco mis amigos se parecen cada vez más a sus cosas, o será que debido a otro poco a poco distinto, yo los observo a partir de mis propios objetos. ¿Mimetismo?, ¿coincidencia?, ¿fortuna? De todo un poco.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

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Publicado en: Mirar los días

5 comentarios en “Las cosas

  1. Las cosas, tal como nos invitas – de una manera tan rica – a contemplar, son como las palabras del poeta: tanto instrumento, como esencia; portales a un mundo sensual e íntimo. Me pregunto: ¿cómo es que ellas mismas son protagonistas principales del mundo materialista: un mundo vacío, careciendo toda esencia?,
    ¿cómo es que cambia el significar?, ¿cuándo se desprenden del vínculo personal, y se deshumanizan? Me encantaría escuchar tu opinión.

  2. Gracias Jess, tus observaciones las hago mías. Respondo: los humanos necesitamos lo material, es parte de nuestra vida y esencia. El contacto con lo no material nos resulta complejo. A diferencia de ciertas culturas sabias, que saben desprenderse, los occidentales nos recargamos en lo material. De ahí el apego a las cosas, de ahí la trascendencia de las cosas como parte de nuestra vida.
    Saludos afectuosos, y de nuevo gracias
    Arnoldo

  3. Llegue tarde a este texto, y aparte de lo profundo de la reflexión quiero felicitarlo por la belleza de escrito realizado, Dr Kraus.

  4. Bien lo dices: la muerte siempre nos ha cuestionado. Que sigue despuès ? Estoy de acuerdo con tigo. Para los religiosos es fácil; Dios te juzga y luego decide. Para los ateos, es mas fácil; después de la muerte nada existe. Para los budistas es mas complicado; nadie puede hacer nada por ti, ni el mismo buda, puesto que no es un dios, todo depende de ti, de tus acciones, causa-efecto, la ley del karma. Tal vez lo mas sensato seríano preocuparse demasiado; pensarlo es fácil, no lo es llevarlo a cabo, pero mientras vives, hacer lo mejor que puedas, actuar con responsabilidad, procurar no lastimar a terceros, ser feliz o tratar de serlo, tanto para ti como para quienes te rodean (casi debería ser una obligació). Todo esto está mas o menos a tu alcance, lo demás no. Y encuanto a la funeraria , (me gusta tu ironía ) que puede ofrecernos.? . Que piensas de esto Arnoldo ?

  5. Samuel,
    Apenas veo tu comentario, gracias por el tiempo y el mensaje.
    Saludos,
    Arnoldo Kraus

Comentarios cerrados